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Un verano en Penamacor
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RAYA IBÉRICA

Un verano en Penamacor

Publicado 11/06/2026 18:51

Una estación náutica, tres playas fluviales y senderos para recorrer en una Reserva Natural

Pasar el verano en el concejo de Penamacor es convivir con la cultura rayana. Este territorio en los confines de un país está inmerso en naturaleza y sus pueblos aún conservan suficiente autenticidad como para sentir la experiencia de una inmersión en el Portugal rural.

Si bien las temperaturas estivales en la Beira Baixa son altas, Penamacor cuenta con una Estación Náutica certificada para combatirlas, tres playas fluviales, un parque de campismo y de caravanas, varias piscinas públicas y múltiples senderos para perderse entre eucaliptales, pinares o madroñales, encontrando al paso bonitas ermitas y pueblos con la animación propia del verano.

La parte septentrional de Penamacor es eminentemente forestal, marcada por la silueta de la Serra da Malcata, clasificada como Reserva Natural e integrada en la Red Natura 2000, con cumbres pobladas de molinos de viento, desde donde se pueden divisar las comarcas rayanas de Salamanca y Cáceres.

Este es el hogar de muchos seres vivos: jabalíes, ginetas, corzos, ciervos, zorros, nutrias, águilas o cigüeñas habitan un ecosistema en el que se trabaja para la reintroducción del lince ibérico, que en tiempos hizo de estas tierras su refugio.

La mitad norte de Penamacor está bañada por el río Meimoa, afluente del Zêzere y responsable de la creación de tres buenas playas fluviales: Meimão, Meimoa y Benquerença.

Al bajar de las cumbres, sus aguas son represadas en el Embalse de Meimão, convertido en una estación náutica donde practicar deportes acuáticos como vela, piragüismo, pádel surf o dar un simple paseo en barca de pedales. En una parte del pantano está permitida la pesca deportiva.

Una piscina flotante ofrece seguridad a aquellos que no se fían de las eventuales corrientes en este gran plano de agua. Todos pueden relajarse al sol o a la sombra, bajo las sombrillas de paja colocadas en el arenal o extendiendo la toalla en el césped, bajo la abundante arboleda de alisos, sauces y fresnos.

Pernoctar en sus cabañas de madera, tomar un aperitivo en el bar, hacer una barbacoa en las parrillas mientras los niños juegan en el parque o recibir una clase de pádel surf son solo algunas ideas para pasar unos tranquilos días de playa interior muy cerca de Salamanca.

El río Meimoa sigue su curso hasta encontrar la localidad a la que da nombre. Al llegar al puente de piedra de Meimoa nos recibe un espacio muy verde y fresco, poblado de alisos, con zona de merenderos y un bar al otro lado del río, cuyas orillas están conectadas por tres puentes metálicos.

Escalerillas de aluminio facilitan el acceso a un baño refrescante en esta playa fluvial de Meimoa, y si colocamos la toalla sobre el césped sombreado no pasaremos ni una pizca de calor en las horas más ardientes de la siesta.

Siguiendo el tour por las playas fluviales del concejo vecino de Penamacor nos deparamos con la ‘Praia O Moínho’, en el pueblo de Benquerença, que debe su nombre a la existencia de un célebre molino de agua.

Situada en las faldas de la Serra da Opa, junto al valle de Meimoa-Benquerença, de gran actividad olivarera, la margen izquierda de la playa tiene vistas a la sierra y al jardín de sauces llorones del otro lado del río.

Estos tres espacios naturales acondicionados para el baño y el ocio están dotados de servicios en temporada, que comienza a principios de junio y termina en septiembre. En la de Meimõa hay socorristas, y en todas ellas un puesto de primeros auxilios, alquiler de material acuático, baños, duchas, merenderos, parrillas, lavaderos o contenedores selectivos de basura.

Además, todas cuentan con bar, para no echar de menos lo prosaico entre tanto ambiente bucólico. En ellos podemos decidirnos a probar alguna de las tapas típicas de la Raia, como caracoles, mollejas o ensalada de oreja, además de las más universales hamburguesas, tostas o sándwiches.

Si continuamos nuestro periplo por el concejo, llegaremos a su capital, Penamacor, una villa que nació como fortaleza de frontera y conserva en su apariencia esa misión que tuvo un día, con su Torre del Homenaje, la Torre del Reloj o la Porta da Vila, ubicada junto al trozo de muralla medieval que aún se mantiene.

Este territorio entre dos reinos fue hogar para diversas culturas, entre ellas, la hebrea. Como testimonio de su saber médico, abrió sus puertas en Penamacor a principios de esta década la Casa de la Memoria de la Medicina Sefardí, unida a la figura del gran clínico penamacorense António Ribeiro Sanches, que estudió Medicina en Salamanca.

Un verano en la puerta de entrada a la Beira Baixa portuguesa puede ser un tiempo de sol, de agua, de mucho andar en bici y a pie por caminos fuera del mundo que huelen a eucalipto, recalando en pueblos donde, sentados junto a la fuente, podemos descubrir en una conversación la verdad del carácter rayano.