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Ribeiro Sanches, médico, humanista y estudiante en Salamanca
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FIGURAS DE LA HISTORIA

Ribeiro Sanches, médico, humanista y estudiante en Salamanca

Actualizado 16/11/2022 16:04
Raquel Martín-Garay

Las valiosas aportaciones del sabio portugués no fueron reconocidas en vida. Ahora, su tierra natal de Penamacor le dedica la Casa de la Memoria de la Medicina Sefardita

En 1720 llegaba a Salamanca un joven portugués de orígenes sefardíes. Era culto, estaba formado en varios saberes, llevaba en él todo el conocimiento de la cultura de la que provenía, aunque su misión era comprender el mundo desde la Medicina, abordar la salud desde un punto de vista holístico y relacionar todas las artes.

Cuando se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca, el 28 de octubre de 1720, ya había estudiado Filosofía, Derecho Civil y Artes en la Universidad de Coímbra. Según revelan sus biógrafos, no estaba muy satisfecho con el ambiente universitario de la ciudad portuguesa, la vida que llevaban los estudiantes le parecía frívola y, a su modo de ver, en las aulas no se profundizaba suficientemente en las materias.

Sin embargo, había otro motivo de peso para que este joven ávido de saber saliese de su patria. Su extensa familia, tanto por vía paterna como materna, era constantemente hostigada por la Inquisición. Se habían convertido al catolicismo dos siglos antes, pero continuaban siendo considerados cristianos nuevos, viéndose obligados a demostrar constantemente su lealtad al catolicismo. Cuando parientes cercanos fueron procesados, el joven António Nuno Ribeiro Sanches comprendió que debía emprender la diáspora.

En Salamanca se sintió libre, pues nadie conocía su condicionante familiar. Al licenciarse en Medicina, el 5 de abril de 1724, le fue ofrecida una plaza en la Universidad como profesor. Sin embargo, el joven médico decidió regresar a Portugal para ejercer, instalándose en una pequeña villa cercana a Lisboa. Estaba ilusionado con la posibilidad de construir una vida tranquila y útil a los demás en su patria, y continuar aprendiendo.

Pero dos años después, en octubre de 1726, es denunciado ante la Inquisición por un pariente. En aquella época, los cristianos nuevos acusados de prácticas judaizantes se veían obligados a delatar a familiares u otros miembros de su círculo durante el proceso inquisitorial. Un mes más tarde, con 27 años, sale de Portugal, donde no regresaría jamás.

Un portugués en los centros del conocimiento del siglo XVIII

Coímbra, Salamanca, Burdeos, Pisa, Londres,… pero, sobre todo, Leiden, Moscú y San Petersburgo. Y París, por supuesto, París. Ribeiro Sanches viajó constantemente allí donde estaba el saber y donde podía ser útil con su arte.

De Londres habló siempre maravillas, considerándolo el mejor lugar del mundo para aprender Química, Farmacia y Física. Cuando recaló en la ciudad del Támesis, consta que se acercó al judaísmo y decidió ser circuncidado. Se arrepentiría poco tiempo después, volviendo a aceptar la religión católica como la mejor base espiritual sobre la que asentar sus teorías intelectuales.

Siempre fue un judío para los católicos y un católico para los judíos, afectando esta circunstancia al desempeño de su actividad profesional.

Con 30 años, aunque estaba licenciado en Medicina y poseía amplios conocimientos de otras disciplinas relacionadas, se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Leiden. Lo hizo básicamente para poder asistir a las clases del reputado profesor Herman Boerhaave. Éste acabaría por ejercer gran influencia en el pensamiento de Ribeiro Sanches, así como en su futuro profesional.

Cuando está terminando sus estudios, la emperatriz Ana I de Rusia pide al profesor Boerhaave que le mande a sus tres mejores alumnos. Uno de los elegidos es el portugués. Cuando el maestro descubre que el alumno ya era licenciado en Medicina, Boerhaave pretende que la Universidad le devuelva el dinero de las matrículas. Ribeiro Sanches se niega, afirmando que “en dos años en Leiden he aprendido más con Boerhaave y Albinus que en los veinte años anteriores”.

Ribeiro Sanches llega a Moscú en el otoño de 1731, para ejercer como médico del Senado y del municipio. Gana fama de buen médico, al tratar con éxito las dolencias de algunos nobles rusos.

En 1734 es nombrado miembro de la Cancillería de Medicina de San Petersburgo y, un año más tarde, médico de los ejércitos imperiales. En 1740 es nombrado médico de la Corte, llegando a ser Consejero de Estado.

Salva de la muerte a la futura zarina Catarina II a los quince años, hecho por el cual ésta siempre le estuvo agradecida, reconociéndoselo con una pensión vitalicia.

En 1747 deja Rusia para instalarse en París, que es el gran centro de las ciencias y las letras de la época. Cada vez se aleja más de la práctica médica y se enfoca en el estudio, con un abordaje filosófico y social de la Medicina.

En la capital francesa tiene relación con importantes intelectuales. Es el único portugués que participa en la “Encyclopédie” de Diderot y D´Alembert, con un artículo sobre la enfermedad venérea inflamatoria crónica. Muere en París en 1783, a los 84 años.

Las emociones y la enfermedad

La peste, las enfermedades venéreas, el escorbuto o la disentería, que asolaban a Europa en el siglo XVIII, fueron objeto de la mejor atención de Ribeiro Sanches.

A través de sus pacientes, del estudio y de la relación entre las diversas materias, como la Medicina, la Física, la Farmacia Química, la Filosofía o la Política, escribió tratados destinados a mejorar las políticas de salud pública de su tiempo o, incluso, a establecer cómo debía ser la formación de los futuros médicos.

Una de sus obras más reconocidas es “Disertación sobre las Pasiones del Alma”, donde teoriza sobre la relación entre los estados emocionales y el aparecimiento de la enfermedad, o la propensión a sufrir ciertas patologías según el ambiente y las experiencias vitales; una visión totalmente novedosa para la época, que apunta lo que más tarde sería la psicología clínica.

En su “Disertación sobre el origen de la enfermedad venérea” rebate la tesis de que la sífilis proviene de América.

Su “Tratado de la Conservación de la Salud de los Pueblos”, constituye el primer trabajo sobre prevención de enfermedades escrito en portugués.

En “Origen de la denominación Cristiano Viejo y Cristiano Nuevo en el Reino de Portugal” apuesta por la superación de esta distinción e integrar a todos en la sociedad con las mismas oportunidades, pues de lo contrario el país seguiría perdiendo personas valiosas.

Durante las grandes campañas militares del ejército ruso, tuvo ocasión de conocer los baños de vapor. En “Disertación sobre los Baños de Vapor de Rusia”, considera esta práctica como un remedio universal para las enfermedades, concomitante con otros tratamientos específicos, recomendando su uso a los europeos occidentales.

Los sefardíes y la Medicina

Durante siglos, la Medicina fue un oficio en que los judíos destacaron. Los médicos de reyes, emperadores y papas, eran judíos. Ejercieron su arte en la península ibérica sin grandes problemas hasta el siglo XVI, cuando los tribunales de la Inquisición empezaron a juzgarles.

António Nuno Ribeiro Sanches salió de su casa, en la villa rayana de Penamacor, con 13 años, ya con una buena formación, para seguir estudiando. El motivo de su diáspora fue religioso, pero sobre todo, científico. Quería descubrir remedios para los males que asolaban al mundo. Y confiaba profundamente en el poder de la educación para mejorarlo.

Llegó a hablar, leer y escribir en varios idiomas, como latín, portugués, inglés, francés, neerlandés, español o ruso.

Fue un portugués que mantuvo siempre el vínculo con su país natal, al que intentó servir desde la distancia. Aprovechó las oportunidades que su valía como médico le brindaron para formarse eternamente, con la humildad del alumno.

Compartió su pasión por el conocimiento con los más altos hombres de la Ilustración. Y fue generoso, devolviendo al mundo a través de múltiples escritos sus conclusiones científicas y teorías humanistas.

Portugal no estaba preparado para apreciar la valía de sus aportaciones y aprovechar los revolucionarios conocimientos que el sabio médico se afanaba en hacer llegar a su patria. Solo tiempo más tarde, António Nuno Ribeiro Sanches fue reconocido como una figura relevante de la cultura lusa. Parte de su bagaje lo adquirió en Salamanca.

Ahora, su villa natal de Penamacor, tierra fronteriza, le dedica a él y a otros nombres insignes de la sabiduría médica sefardí, un espacio museístico. Figuras como Isaac Cardoso, Amato Lusitano o Garcia da Orta tienen aquí su lugar. Médicos portugueses nacidos en la Raya sefardí, de trayectoria internacional, que estudiaron en Salamanca.

La Casa de la Memoria de la Medicina Sefardita Ribeiro Sanches es visitable. La entrada es gratuita.