El título de la columna, «Parciales negativos», lo recogemos de un ideal del deporte, donde el atleta mejora su marca a cada paso que da, rumbo a la meta. Pero nosotros no aspiramos a ese fin.
Esta columna no la he escrito hoy. Tampoco la he escrito ayer viernes, ni lo hice en el transcurso de la semana. La escribí el domingo pasado, 25 de octubre, después de haber publicado La mirada del otro, aquí en Salamanca rtv al día, y «Endecha a Bogotá», por Ronald Bermúdez, amigo nuestro, en mi blog oriental. En cuanto a Ronald Bermúdez, él también conoció la ciudad de Castilla y León, y asimismo, como nosotros, dejó su nombre impreso en los muros áureos de la Facultad de Filología, en el Palacio de Anaya.
Por esas fechas, en otro orden de cosas, le concedieron el Premio Princesa de Asturias de los Deportes a Lionel Messi. Pero volviendo a lo nuestro, ¿Por qué redactamos la columna el domingo pasado, inmediatamente después de la anterior, y no en el transcurso de la semana, o el mismo sábado (o sea, hoy, tomando ventaja de la diferencia horaria)? Existe una razón. Un proyecto literario
En el arco de tiempo de la redacción de nuestra columna, El nombre propio, el libro y la lectura, cuyo nombre hace eco de un campo de estudio de las letras, apreciado en Salamanca («[historia de] el libro y la lectura», con la añadidura de «el nombre propio», para abrir un espacio a otros temas); en el transcurso de los 10 años que datan de esa fecha a hoy, nos dimos a la tarea demorada y resignada de tomar apuntes de nuestras lecturas, no solo en papel, sino también en formato digital.
Resaltamos textos con colores en las pantallas del ordenador y el teléfono, en los archivos PDF; lo hicimos en papel, con libros y revistas, empleando regla y escuadra para resaltar los territorios textuales, incorporando comentarios raros y curiosos, con la adeción de relecturas y reescrituras de otras y otros autores, que glosaban la lectura principal y la iluminaban, u oscurecían, al contacto de un punto de vista diferente.
Esa práctica letrada del subrayado y la anotación marginal, para recuperar saberes camino a una sistematización del conocimiento, no fue ninguna herramienta de trabajo creada por nosotros. Aunque sabemos que las artes excerpendi datan de siglos atrás, con sus prácticas de extracción y comprensión de los saberes de los libros, en nuestro caso no fueron esas artes, bellamente expuestas por Iveta Nakládalová, las que nos señalaron nuevos derroteros para la puesta en marcha de nuestro pasatiempo letraherido; fueron, en cambio, las enseñanzas de nuestro librero mexicano y su cónyuge restauradora de libros las que tornaron en un hábito esa práctica letraherida.
Las veces que hemos pasado las manos por sus libros agotados y estudiados, en su mesa de trabajo, su galería, en un recinto noble, hemos apreciado el canal surcado por la perla del bolígrafo en la hoja, guardando un patrón geométrico con la regla tendida en su dimensión horizontal, y el asiento de una escuadra resuelta en una trinidad profana. Cada página del librero mexicano y su cónyuge cuenta con su hora de lectura, su semántica; cada capítulo ofrece una glosa; cada sílaba, en ocasiones, refleja en tinta o grafito su número y masa atómicos, como lo enseñaron los antiguos.
Mis volúmenes no cuentan con ese grado de perfección renacentista, pero de alguna manera pretenden poner de manifiesto un aprendizaje acendrado con la suma de michelines a la altura del vientre. Es un trabajo serio y responsable, como podemos apreciar. Tan serio, acaso, como un juego de niños, según lo han manifestado también otros autores, como Paul Valéry y Elena Poniatowska.
Por ese motivo, en vista del corpus atesorado hasta ahora, probablemente haremos una pausa en la publicación semanal de nuestra columna salmantina, para invertir tiempo en aquellas tareas del orden de las fichas de trabajo, para publicar un artículo pequeño. De manera gradual, daremos a conocer avances de ese trabajo, así como noticias de las posibles nuevas publicaciones de nuestra cuenta pública de WeChat, en China, como Ensueño diurno, poema de Lucía.
En nuestro blog oriental, este mes de octubre publicamos Un amor, King, Pájaros de seda; La forma de la verdad, o la verdad y la literatura; Poema épico (detalle); Otras suertes virgilianas; Pensamientos escritos; Otoño; Multiplicación de la abundancia; Poesía urbana; La despedida; Una cosecha de poesía en China; Salamanca y yo; El arte de los números: el ábaco; La convención; y Día Nacional de China.
En estas últimas publicaciones, orientales, las sinopsis en chino que acompañan la narrativa en español las generamos por inteligencia artificial: nuestro nivel de chino no da para redactar una sinopsis así; el cuerpo de la columna en español, en cambio, sí obedece al capricho de nuestra pluma, de principio a fin. En cuanto a los títulos de esas publicaciones: aquí los citamos sin los caracteres chinos, porque la plataforma de nuestra prensa salmantina en ocasiones no reconoce ese sistema de escritura.
De otro lado, la semana pasada, en La mirada del otro, citamos la tarea de una estudiante, sobre el camino al encuentro con uno mismo, pero no incluimos el nombre de la autora de la cita. En aquel momento, para no abrumar a la estudiante, pues la habíamos citado en otra ocasión más o menos reciente, emplazamos su referencia para este día. Su nombre es Libertad.
El domingo pasado, 25 de octubre, cuando redacté la columna que leemos hoy, estaba en la oficina del trabajo. Abrí la ventana. Vi el campus, los edificios, una montaña detrás. Pensé qué significaría «llegar al presente» (otra amistad alemana, Teresa, por casualidad mencionó el mismo tema, en un correo electrónico reciente: ese llegar al hoy). Imaginé en la ventana a qué equivaldría arribar al presente, de manera plena, cosciente, desenfadada. Cumplir una tarea y salir a dar un paseo. Esa visión deleitable, acaso no ignorada por Alfonso de la Torre, ni por Macedonio Fernández, en una ventana similar, me empujaba a concebir estas palabras no escritas.
El título de nuestra columna, Parciales negativos, lo recogemos de un ideal del deporte, donde el atleta mejora su marca a cada paso que da, rumbo a la meta. Pero nosotros no aspiramos a ese fin. Nos contentamos, en cambio, con la siembra de una idea comunicada por Kathleen Raine, en La utilidad de la belleza, así como por otras y otros autores, antes y después, entre los que mencionamos a Ramón Andrés, leído y anotado por mi librero mexicano y su cónyuge restauradora de libros.
Si pudiera darle otro nombre a una columna nueva, probablemente la llamaría Parciales positivos, pues ahora ni en el deporte, ni en la vida, busco dejar atrás a nadie: todo lo contrario, pretendo abarcar con las letras a la humanidad completa, desde el pasado hasta el futuro.
25-31 de octubre de 2026
Juan Angel Torres Rechy
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