La música mirobrigense pierde a un veterano intérprete que, después de más de medio siglo dedicado a los instrumentos y a los escenarios, seguía afrontando nuevos proyectos con la misma ilusión, energía y entusiasmo.
Día triste para la Banda Municipal de Música de Ciudad Rodrigo y para cuantos mirobrigenses sienten la música en directo como parte de su vida. Carlos Martín Gómez, batería de la sección de percusión de la agrupación municipal y músico de dilatada trayectoria, ha fallecido este domingo, dejando tras de sí toda una vida vinculada a la música y el recuerdo de una persona que nunca perdió la ilusión por emprender nuevos proyectos.
Porque si algo caracterizaba a Carlos era precisamente su capacidad para seguir mirando hacia delante, con la fuerza y el empuje de quien encuentra en la música una pasión que no entiende de edades ni de tiempos. Más de medio siglo después de comenzar a tocar, allá por 1973, continuaba buscando nuevas fórmulas para compartir su afición con otros músicos y llevar sus interpretaciones hasta el público.
Su último gran proyecto fue Punto Seguido, una formación integrada por ocho músicos locales de distintas generaciones que nació de su iniciativa y de sus ganas de seguir haciendo música. Carlos fue el germen de este grupo, una propuesta que reunió a intérpretes de diferentes edades en torno a un repertorio común y a la ilusión compartida de volver a encontrarse sobre los escenarios.
Para poner en marcha la aventura, reclutó a cinco compañeros de la Banda Municipal de Música —Mario, Edu, Adrián, Valerio y Berna—, además de a José Alberto, antiguo compañero de otra orquesta, y a Nathalie García. Con ellos dio forma a una iniciativa que demostraba que, para Carlos Martín, la música seguía siendo un espacio de encuentro, convivencia y amistad.
El nacimiento de Punto Seguido tuvo también uno de esos momentos destinados a permanecer en la memoria. En el verano de 2025, durante la presentación de la nueva formación, Carlos recibió sobre el escenario un obsequio muy especial: una reproducción de una batería, un detalle que reconocía su trayectoria y su papel fundamental en la puesta en marcha del grupo. Después de aquel gesto, los integrantes de la banda fueron recibiendo las felicitaciones de familiares, amigos y concejales que habían asistido al primer concierto.
Aquel reconocimiento resumía, de alguna manera, lo que Carlos Martín había representado para sus compañeros: la iniciativa, la perseverancia y las ganas de seguir tocando cuando todavía quedaban canciones por interpretar y escenarios por pisar.
Con su fallecimiento, la Banda Municipal de Música de Ciudad Rodrigo pierde a uno de sus integrantes y la música local dice adiós a un veterano intérprete que supo mantener viva su pasión durante más de cinco décadas. Pero también queda el recuerdo de aquella última aventura musical, Punto Seguido, cuyo nombre adquiere ahora un significado especial: la huella de alguien que, hasta el final, encontró motivos para continuar.