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Hijos del Maíz cumple 25 años ayudando a la infancia y juventud de Nicaragua
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CIUDAD RODRIGO | SOLIDARIDAD

Hijos del Maíz cumple 25 años ayudando a la infancia y juventud de Nicaragua

Sofía García
Publicado 17/10/2026 02:23

Hijos del Maíz celebra en Ciudad Rodrigo un cuarto de siglo de solidaridad con Nicaragua, donde sus proyectos de educación, alimentación y atención sanitaria han contribuido a mejorar la vida de miles de niños.

Veinticinco años de historias, de esfuerzo y de esperanza. Pero, sobre todo, 25 años ayudando a niños y niñas de Nicaragua a construir un futuro más digno. El Teatro Nuevo Fernando Arrabal de Ciudad Rodrigo se ha convertido esta tarde en escenario de una gala solidaria con la que la asociación Hijos del Maíz ha celebrado un cuarto de siglo de trabajo, tendiendo puentes entre dos lugares separados por un océano, pero unidos por la solidaridad.

Las banderas de España y Nicaragua han presidido la escenografía de una celebración cargada de emoción, agradecimiento y memoria. Un símbolo de esa unión que, durante estos 25 años, ha permitido que la ayuda nacida en Ciudad Rodrigo llegue hasta los menores y las familias que más lo necesitan en el país centroamericano.

La gala ha servido para mirar atrás, reconocer el camino recorrido y recordar que detrás de cada proyecto hay personas, esfuerzos compartidos y una oportunidad para cambiar una vida. Porque, a veces, una comida, una beca o un aula pueden significar mucho más que una ayuda material: pueden convertirse en el comienzo de un futuro diferente. "Hemos querido que esta gala sea una ocasión para encontrarnos, recordar y compartir el camino recorrido durante 25 años", ha señalado Fernando Sánchez Tendero el presidente de la asociación.

Fernando Sánchez Tendero, presidente de Hijos del Maíz, ha agradecido el apoyo de instituciones, parroquias y voluntarios durante estos 25 años. «Lo que nosotros hacemos también es misión, nace desde un compromiso evangélico», ha señalado, antes de recordar que detrás de cada proyecto hay «muchas manos tendidas y muchos corazones generosos».

Una historia de compromiso que cruza el océano

Durante estos 25 años, Hijos del Maíz ha impulsado distintos proyectos destinados a mejorar las condiciones de vida de la infancia nicaragüense. La asociación ha contribuido a crear y mantener recursos esenciales como un comedor, una escuela, el preescolar Los Chilotitos y servicios de atención sanitaria, además de ofrecer apoyo educativo a niños y niñas y acompañar a sus familias.

Las cifras dan una idea de la dimensión alcanzada por esta labor. A lo largo de su trayectoria, la entidad ha becado a 3.797 niños, ha proporcionado comida a 3.960 menores y ha atendido a 59.829 personas. Por el preescolar Los Chilotitos han pasado 1.103 niños, mientras que el número total de menores beneficiarios asciende a 31.689.

Detrás de cada número hay una historia, una sonrisa y un profundo agradecimiento. La de quienes han podido continuar estudiando, la de las familias que han encontrado apoyo en momentos difíciles y la de los niños que han tenido la oportunidad de mirar hacia delante con nuevas posibilidades.

Pablo Moreno, testigo del trabajo sobre el terreno

Uno de los momentos destacados de la gala ha sido la intervención de Pablo Moreno, que ha compartido su experiencia en Nicaragua durante los años 2011 y 2012, cuando colaboró directamente con los proyectos de la asociación.

Su llegada a la misión de San Blas le permitió comprobar de primera mano el alcance de una labor que hasta entonces conocía de otra manera. Allí encontró las instalaciones levantadas gracias a la colaboración de numerosas personas y descubrió que aquella ayuda procedente de Ciudad Rodrigo se había transformado en espacios reales de atención, educación y convivencia. La presencia de referencias a la Virgen de la Peña de Francia y a la propia localidad mirobrigense le hizo sentir aún más cerca el vínculo entre ambos lugares.

"Se me cayeron los lagrimones como garbanzos, y porque aquello estaba muy bien hecho", ha recordado Moreno al evocar la impresión que le produjo conocer el proyecto.

El cooperante ha explicado cómo el complejo comunitario ofrecía diferentes recursos a la población: un comedor para los menores, aulas escolares, un consultorio médico con un botiquín básico, formación complementaria, clases de informática y una pequeña librería. También ha destacado la existencia de una finca agrícola en la que se estudiaban cultivos que pudieran contribuir a la sostenibilidad económica de la misión.

Pero, más allá de las instalaciones, Moreno ha recordado especialmente a los niños. Durante su estancia colaboró en el aula escolar y conoció de cerca las dificultades a las que se enfrentaban algunas familias, marcadas por la falta de recursos y las carencias alimentarias.

"Tengo recuerdos absolutamente grandes de esos momentos con esos niños, algunos de ellos con problemas de desnutrición", ha señalado. Entre sus recuerdos permanece el de una alumna que se quedaba dormida sobre la mesa de clase, agotada y sin haber podido comer en casa más allá de lo que recibía en el centro.

Su testimonio ha puesto rostro a una realidad que las cifras no siempre consiguen transmitir y ha recordado la importancia de mantener el apoyo a quienes siguen necesitando una oportunidad.

Una videollamada para acercar Nicaragua a Ciudad Rodrigo

La gala, conducida por Rebeca Jeréz, ha permitido también establecer una conexión directa con los niños y las familias que reciben la ayuda de Hijos del Maíz. A través de una videollamada, los asistentes han podido conocer a algunos de los menores y escuchar los mensajes de agradecimiento de los monitores que trabajan con ellos.

Durante la conexión, los niños aparecían mientras compartían la comida, acompañados por responsables del proyecto y familiares. Sus sonrisas y sus palabras han acercado por unos minutos Nicaragua al escenario del Teatro Nuevo Fernando Arrabal, recordando que la solidaridad no es una idea lejana, sino una relación construida con personas concretas.

La proyección de un vídeo de la asociación ha completado este recorrido por el trabajo realizado. Las imágenes han mostrado las actividades, las instalaciones y las dificultades cotidianas, pero también las oportunidades que han surgido para quienes han podido continuar sus estudios y abrirse camino hacia la universidad o el mundo laboral.

La celebración ha servido igualmente para reconocer a quienes hacen posible que los proyectos sigan adelante. Durante la gala se ha puesto en valor la dedicación de Fernando Sánchez Tendero y de todas las personas que, a lo largo de estos 25 años, han contribuido a mantener viva la iniciativa.

Nicaragua y la tradición charra, unidas sobre el escenario

La solidaridad también ha encontrado su espacio en la música y la danza. El grupo Herencia de mi Tierra, formado por artistas nicaragüenses afincados en Madrid, ha llevado al teatro los ritmos y bailes tradicionales de su país, acercando al público parte de la cultura que da sentido a este proyecto.

A continuación, el grupo de baile charro Gente de la Tierra ha representado distintas danzas tradicionales de la provincia salmantina. Sus integrantes han salido al escenario con diferentes vestimentas charras y han explicado el significado de los bailes, mostrando cómo las raíces culturales de ambos territorios podían encontrarse en una misma celebración.

La gala ha sido, así, mucho más que un aniversario. Ha sido una oportunidad para agradecer a las instituciones, las parroquias, los voluntarios y todas las personas que han aportado su granito de arena durante estos años, haciendo posible que la ayuda llegue a quienes más la necesitan. "Detrás de cada proyecto, de cada beca, de cada comida compartida y de cada niño que ha podido seguir estudiando, hay muchas manos tendidas y muchos corazones generosos" ha señalado el presidente de la asociación.

Veinticinco años después, Ciudad Rodrigo y Nicaragua siguen unidas por una historia que se escribe con pequeñas aportaciones, trabajo diario y compromiso. Una historia en la que cada beca, cada comida y cada niño que encuentra nuevas oportunidades recuerdan que, incluso a miles de kilómetros de distancia, la solidaridad puede transformar vidas.