El edificio multiusos acogió con gran éxito la obra 'Juan, espíritu del amor, propuesta cultural de la Diputación que reunió a numeroso público y finalizó con una gran ovación
Magdalena lo dice casi sin saber que está formulando una pregunta que podría hacerse cualquier persona en un momento de incertidumbre: necesita alguien que la guíe, que le explique la diferencia entre el bien y el mal, alguien en quien poder confiar. Sor Amma escucha sus palabras y responde que son muchos los jóvenes que se sienten confundidos y solos. Poco después llegará la pregunta decisiva: "¿Qué están buscando?". Y la respuesta: "Una luz".
En el Multiusos de El Cubo de Don Sancho, Juan, el espíritu del amor convirtió esa búsqueda en el centro de una representación que, aunque hablaba de un hombre del siglo XVI, terminó planteando una cuestión muy contemporánea. ¿Dónde encontramos hoy las referencias que necesitamos cuando las certezas desaparecen?
La obra de Denis Rafter no presenta a San Juan de la Cruz como una estatua. Lo presenta como un hombre que también tuvo dudas, sufrió incomprensiones y atravesó momentos de oscuridad, pero que encontró en el amor y en la poesía una manera de seguir adelante. Por eso Sor Amma no llega desde el pasado simplemente para contar su vida. Llega para traer su espíritu y conseguir que los demás descubran algo de esa luz dentro de ellos mismos.
La elección del Multiusos como escenario aporta además una imagen especialmente hermosa. No hizo falta una iglesia, ni un retablo, ni siglos de historia para que la palabra de San Juan encontrara su sitio. Bastó un espacio del pueblo, unos intérpretes, música, poesía y un público dispuesto a escuchar. La cultura también puede crear esos pequeños lugares de claridad en medio de la vida cotidiana.
La representación forma parte de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca dentro del Año Jubilar de San Juan de la Cruz y llegó a El Cubo de Don Sancho por invitación del Ayuntamiento. La propuesta volvió así a demostrar que llevar el teatro a los pueblos significa también llevar preguntas que no tienen fecha de caducidad.
Porque quizá todos necesitamos una luz en algún momento. Los jóvenes cuando buscan referencias, los adultos cuando atraviesan sus propias dudas y cualquier persona cuando siente que el camino se vuelve difícil de distinguir. San Juan de la Cruz supo convertir muchas de sus noches en poesía. Cuatro siglos después, sus palabras siguen intentando hacer lo mismo con quienes las escuchan.
Al terminar la representación, el público respondió con una ovación y con numerosas felicitaciones a los intérpretes. Fue una manera sencilla de devolver aquello que había ocurrido sobre el escenario: unas palabras habían llegado hasta ellos y, durante un rato, habían conseguido iluminar algo.
Y quizá la cultura tenga precisamente esa misión. No ser una lámpara que ilumina todo el camino, sino una pequeña luz suficiente para dar el siguiente paso.