Un encierro de minibueyes convirtió las calles de la localidad en el escenario de las primeras carreras taurinas de una nueva generación de aficionados
Hay tradiciones que no necesitan ser explicadas porque forman parte del paisaje y de la memoria de los pueblos. En Alba de Yeltes, como en buena parte del Campo Charro, la cultura taurina es una de ellas. Se aprende viendo, escuchando y participando; se hereda de padres a hijos y comienza, muchas veces, en esas primeras carreras en las que el miedo y el valor se dan la mano.
Consciente de ello, el Ayuntamiento de Alba de Yeltes quiso dedicar una parte de sus celebraciones de los Ángeles Custodios, también conocidas como "La Galga" a los más pequeños, acercándoles la tradición taurina mediante un encierro de minibueyes que llenó de animación las calles de la localidad durante la tarde del sábado.
Fueron varios ejemplares de ganado joven, propiedad de los locales Toni y Raúl, los encargados de protagonizar un encierro especialmente pensado para los niños. Varias veces recorrieron el trazado, mientras una multitud de pequeños corredores se lanzaba tras ellos entre carreras, gritos y risas.
La escena tuvo también su particular público en las aceras. Padres y madres siguieron atentamente las evoluciones de sus hijos, alternando la vigilancia propia de quien protege a los más pequeños con la sonrisa inevitable de quien reconoce en ellos una imagen de su propia infancia. Porque para muchos de los adultos presentes aquellas carreras no eran nuevas: simplemente volvían a contemplarlas desde el otro lado de la calle.
El encierro fue, por tanto, mucho más que un juego. En torno a los minibueyes se produjo ese primer contacto con una tradición que, en los pueblos taurinos, comienza desde edades tempranas y se va incorporando poco a poco a la memoria colectiva.
La tarde había comenzado con un largo y entretenido encierro a caballo, preparando el ambiente para una jornada en la que más tarde los niños fueron los principales protagonistas. Tradición e infancia compartieron espacio antes de que, ya por la tarde, el festejo taurino recuperase su dimensión habitual.
El domingo llegará el momento de poner el punto final a las celebraciones con una comida popular, en la que los vecinos —los “albinos”, como se les conoce cariñosamente— volverán a compartir mesa con familiares, amigos y forasteros.
Será el cierre de unas jornadas en las que Alba de Yeltes ha vuelto a conjugar fiesta y tradición, pero también presente y futuro.