, 27 de septiembre de 2026
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Los sahugüeños disfrutan de la obra ‘Juan, el espíritu del amor’ con un recuerdo a su escuela rural
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COMARCA | CULTURA

Los sahugüeños disfrutan de la obra ‘Juan, el espíritu del amor’ con un recuerdo a su escuela rural

Sofía García
Publicado 27/09/2026 13:17

Los sahugüeños disfrutan de la representación teatral de ‘Juan, el espíritu del amor’, en la que también se homenajea a la escuela rural.

Hay fotografías que no necesitan demasiadas palabras. Basta con mirarlas para que aparezcan los años, los rostros y una parte de la vida que parecía perdida. En El Sahúgo, una fotografía de los alumnos de la escuela de los años setenta ha vuelto recientemente a encontrarse con otra imagen de aquellos mismos niños muchos años después, convertidos ya en adultos.

El reencuentro con su maestro fue mucho más que una reunión de antiguos alumnos. Fue una manera de comprobar que el tiempo puede cambiar los rostros, las vidas y los caminos, pero no necesariamente consigue borrar aquello que se aprendió juntos.

Quizá por eso la representación de “Juan, el espíritu del amor” en la iglesia de San Pedro Apóstol encontró en El Sahúgo un significado especial. La obra escrita y dirigida por Denis Rafter habla también del paso del tiempo, de las personas que buscan su camino y de aquello que permanece cuando todo lo demás cambia.

San Juan de la Cruz pertenece a un siglo lejano, pero su palabra sigue llegando hasta nosotros porque alguien se ha encargado de mantenerla viva. Algo parecido sucede con la memoria de una escuela rural. Aquellos niños crecieron, muchos tuvieron que marcharse y cada uno construyó su propia historia, pero basta volver a reunirlos para descubrir que existe un lugar en la memoria donde siguen siendo compañeros de escuela.

La imagen de los dos grupos, separados por décadas, contiene además una pequeña historia de los pueblos. La primera fotografía habla de una época en la que las escuelas rurales estaban llenas de niños; la segunda muestra el paso del tiempo y las transformaciones sociales que han cambiado la vida de muchas localidades.

En medio de esa historia, El Sahúgo sigue buscando maneras de conservar sus vínculos. El reencuentro con aquel maestro demuestra que la educación también puede ser una forma de crear comunidad y que las relaciones construidas durante la infancia pueden sobrevivir muchos años después.

La actuación, impulsada por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con el apoyo del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Ciudad Rodrigo, convirtió por unas horas la iglesia de San Pedro Apóstol en otro espacio de encuentro. Allí, las palabras de San Juan de la Cruz volvieron a reunir a personas alrededor de una historia que pertenece al pasado, pero que continúa hablándonos en el presente.

Tal vez por eso hay pueblos que conservan fotografías y pueblos que conservan recuerdos. El Sahúgo parece conservar ambas cosas.

Y cuando aquellos antiguos alumnos vuelven a encontrarse, quizá la imagen más importante no sea la de los niños que fueron ni la de los adultos en que se han convertido, sino la invisible que une las dos fotografías: la de un pueblo que consiguió enseñarles algo que el tiempo todavía no ha conseguido borrar.

Un sábado de otoño los sahugüeños llenaron su iglesia para encontrarse con un grupo de artistas dispuestos ha hacerles pasar una tarde inolvidable como inolvidable será la larga ovación con la que premiaron su entrega.