La ciudad laberinto
Caminar una ciudad es mucho más que recorrer sus calles. Es entrar en diálogo con su memoria, dejar que la piedra nos hable y que la luz nos revele aquello que permanece oculto a la mirada apresurada.
Caminar una ciudad es mucho más que recorrer sus calles. Es entrar en diálogo con su memoria, dejar que la piedra nos hable y que la luz nos revele aquello que permanece oculto a la mirada apresurada.
Mirar parece un acto sencillo. Abrimos los ojos y el mundo aparece ante nosotros. Sin embargo, contemplar exige otra disposición. Requiere tiempo, silencio y una forma de paciencia que nuestra época apenas conoce.