Miércoles, 15 de julio de 2026
Volver Salamanca RTV al Día
La música de las esferas en el siglo XXI. Cuando el universo sigue cantando entre el ruido
X

DESDE LA CIUDAD DE LA LUZ

La música de las esferas en el siglo XXI. Cuando el universo sigue cantando entre el ruido

Publicado 15/07/2026 08:15

Durante siglos los seres humanos creyeron que el universo era una inmensa partitura.

No se trataba de una metáfora poética, sino de una convicción filosófica. Los antiguos pensaban que los planetas, al desplazarse siguiendo proporciones perfectas, producían una armonía inaudible para nuestros oídos. La llamaron la música de las esferas. No era una música destinada a ser escuchada, sino comprendida.

Aquella idea, nacida con Pitágoras y enriquecida después por Platón y tantos otros pensadores, afirmaba algo profundamente revolucionario: el universo posee un orden, y ese orden es bello porque está construido sobre relaciones armónicas.

Hoy sabemos que los planetas no producen sonidos en el vacío del espacio. La ciencia sustituyó aquella explicación por otra infinitamente más precisa. Sin embargo, cuanto más conocemos el cosmos, más descubrimos que la intuición antigua no estaba completamente equivocada.

El universo continúa escribiendo música.

Las órbitas responden a ecuaciones de extraordinaria elegancia. Las galaxias dibujan espirales que recuerdan composiciones musicales. Las estrellas nacen, vibran y mueren siguiendo ritmos que la astrofísica puede traducir en frecuencias. Incluso la materia más diminuta está gobernada por oscilaciones.

La realidad parece vibrar.

Quizá la música de las esferas nunca fue un sonido. Quizá siempre fue una forma de nombrar la armonía.

Paradójicamente, cuanto más armónico parece el universo, más ruido produce la civilización.

Vivimos rodeados de información, imágenes, pantallas, notificaciones y voces que reclaman nuestra atención sin descanso. Nunca habíamos estado tan comunicados y, sin embargo, rara vez escuchamos. Hemos multiplicado los sonidos mientras disminuye nuestra capacidad de percibir el silencio.

Y es precisamente en el silencio donde vuelve a aparecer la antigua música.

El fotógrafo espera la luz adecuada sin intervenir en ella. El poeta permanece largo tiempo ante una palabra antes de escribirla. El músico conoce el valor de la pausa. El científico contempla durante años un mismo fenómeno hasta comprenderlo.

Todos ellos practican, de algún modo, la escucha.

Quizá escuchar sea la forma moderna de acercarse a la música de las esferas.

No se trata de oír planetas, sino de descubrir las relaciones invisibles que sostienen la belleza del mundo.

Una rama que proyecta su sombra sobre un muro.

La niebla borrando una catedral.

El reflejo tembloroso de un puente sobre el agua.

La respiración pausada de quien contempla un amanecer.

Nada de ello produce grandes estruendos. Sin embargo, todo participa de una armonía secreta que el ser humano reconoce de inmediato cuando se detiene a mirar.

La fotografía puede convertirse entonces en un ejercicio de afinación. El fotógrafo no fabrica la belleza; aprende a reconocer el instante en que el universo parece ordenar sus elementos durante una fracción de segundo. La luz encuentra la materia. La sombra encuentra el equilibrio. El tiempo se hace visible.

Cada imagen lograda es una nota rescatada de esa partitura inmensa.

Quizá por eso seguimos buscando belleza incluso en un mundo herido por la velocidad. Porque intuimos que debajo del ruido continúa existiendo un orden. No siempre sabemos explicarlo, pero lo sentimos.

Los antiguos lo llamaron música de las esferas.

Nosotros podríamos llamarlo armonía, proporción, resonancia, contemplación o simplemente belleza.

Los nombres cambian.

La música permanece.

Tal vez la verdadera tarea del arte consista precisamente en eso: recordar al ser humano que sigue formando parte de esa inmensa sinfonía universal. No para dominarla, sino para escucharla. No para imponer su voz sobre todas las demás, sino para encontrar el lugar exacto desde el que cada vida pueda sonar en consonancia con el resto del universo.

Porque quizá el cosmos nunca dejó de cantar.

Somos nosotros quienes hemos olvidado cómo escuchar.

La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.

Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.

La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.

En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.