Presentada en Salamanca por José Antonio Sánchez Paso, la obra es una adictiva novela histórica que recrea un oculto episodio de propiedad intelectual.
Nadie es más avezado lector y más certero crítico que José Antonio Sánchez Paso. De ahí que su opinión y disertación sean tan valiosas. Amigo de sus amigos, no está aquí por amistad, sino porque verdaderamente le ha gustado esta novela de quinientas páginas que supone el salto al vacío a la ficción de José Antonio Cordón, catedrático de la USAL, que, según las palabras de Sánchez Paso, tras un desempeño académico notable como docente, investigador y autor de treinta libros y más de cien artículos, se descuelga con una novela extensa y bien trabada.
Magníficamente publicada por Ediciones Miguel Sánchez, editorial especializada en temas granadinos, 'El expediente Ronconi' surge de un curso santanderino en el que se habló de un caso de usurpación de derechos de autor por parte de Verdi, el músico italiano. Un episodio que inspiró al profesor universitario la escritura de una novela cuya trama se desarrolla en dos tiempos muy diferenciados.
Afirma Sánchez Paso, con esa claridad meridiana con la que traza los paralelos de la lectura, que la novela juega con la realidad histórica de personajes reales: el dramaturgo español Antonio García Gutiérrez o el propio Verdi, que circulan entre Cádiz, el País Vasco, Madrid o Granada a finales del siglo XIX, y la ficción representada por los becarios de esta misma ciudad que estudian el enigma que supone el encuentro entre ambos.
Dos tramas que representan muy bien el carácter histórico de una novela de campus, subgénero que gusta a autor y crítico y que se enlazan para despertar el interés del lector, como lo hace el folletín decimonónico. Es una lectura, insiste Sánchez Paso, que atrapa y lo hace utilizando un hecho que conoce muy bien el profesor universitario: el concepto de autoría y el hecho de que una obra olvidada, usada en otro soporte, como libreto de una ópera, película o serie puede volver a la vida. Un episodio que supuso el inicio de los derechos de autor en España y que por sí solo hubiera levantado la novela, espléndidamente documentada, pero que a José Antonio Cordón le pareció excesiva, incluyendo entonces la segunda trama temporal para la que utilizó su propia experiencia como investigador y profesor universitario.
¿Aparecen cameos reconocidos en esta visión de la universidad española? El autor sonríe, no en vano muchos de los asistentes al acto son alumnos suyos, futuras gentes del libro que seguramente disfrutarán de las intrigas que, como en todo grupo humano, se viven en la universidad que no se nombra, pero que adivinamos en la ciudad natal del autor, quien hace un auténtico homenaje a Granada en sus páginas. Esa Granada a la que viaja Verdi, visitando el Carmen de su amigo Ronconi, un tenor que se afincó en la ciudad y habitó este lugar muy próximo a la casa de Manuel de Falla.
¿Se encontró Verdi entonces con el gaditano Antonio García Gutiérrez mientras le enseñaba Alarcón la ciudad? Ese será el enigma que deben descifrar los becarios que le permiten al autor hacer un certero recorrido por el proceso de investigación en el campo de las humanidades. Un proceso con sus hallazgos, su frustración, su constancia, y que sirve muchas veces, recuerda Sánchez Paso, para rescatar de las ruinas del olvido aquello que constituye el patrimonio común de nuestra cultura.
Ejercicio de memoria y de seria documentación rigurosa, la narración es un prodigio de memoria frente al olvido. Cordón utiliza sus recuerdos de investigador y su pericia documental llena la novela de personajes reales, inventados, da cuerpo al pasado y recrea a un García Gutiérrez muy famoso en su época pero actualmente olvidado, una de cuyas obras teatrales sirvió para el libreto de la ópera de Verdi “Il trovatore”.
El enfrentamiento del autor español frente al genio italiano se saldó al final con una alusión a su nombre y ninguna compensación económica, que sentaría las bases de la defensa de los derechos de autor en nuestro país. Un tema fascinante que no solo es recreado con acierto, sino que resucita la figura de ese olvidado dramaturgo gaditano que incluso, dato hallado por un siempre sorprendente Sánchez Paso, habría escrito una obra situada en Salamanca.
Novela histórica, novela que estudia de forma sociológica también el paisaje universitario en el que choca la visión ingenua e idealizada de los becarios frente a la realidad de rivalidades y envidias, juega con las dos tramas temporales de una forma que engancha al lector. Un lector que disfrutará de la prosa ágil, magníficamente llena de aforismos, con la que se dibujan personajes de trazo fino, diálogos bien traídos, espléndida puesta en escena plena de detalles y un pulso narrativo que sorprende. Palabra de Sánchez Paso que termina con la lectura de la primera frase del epílogo.
Una frase auténticamente magistral: “El silencio que se instala tras el punto final de una historia no es el de la clausura, sino el de la reverberación”. Porque precisamente eso es lo que queda tras la lectura de esta espléndida novela: una reverberación, de ahí la necesidad de acercarnos a ella agradeciendo que, los miembros de esta universidad nuestra practiquen no solo el ejercicio académico de la investigación, sino la magia del arte.

Charo Alonso. Fotografía: Librería Víctor Jara.