Una parcela de La Aldehuela acoge el nacimiento de Bolita, una cría de asno fruto del cruce entre una burra catalana y un semental andaluz. El animal atrae la atención de numerosos paseantes por su carácter dócil y mantiene viva una tradición ganadera familiar de cuatro generaciones.
El entorno periurbano de Salamanca suma un nuevo reclamo para las familias y caminantes que frecuentan las riberas del Tormes con el reciente nacimiento de una pequeña asna. El animal, propiedad de los salmantinos Pepe y su hijo Carlos, habita en una parcela próxima a los caminos de la zona y congrega a numerosos curiosos debido a su comportamiento cercano y a la singularidad de ver una cría de esta especie junto al casco urbano.
El animal ha recibido el nombre de Bolita debido a la textura de su pelaje y a su fisonomía. Según ha explicado Carlos, su propietario, a SALAMANCArtv AL DÍA, la cría es ahora mismo "la atracción del vecindario y de toda Salamanca, porque baja mucha gente a verla" durante sus recorridos habituales por La Aldehuela.
La cercanía que muestra el ejemplar hacia las personas ha incrementado el interés de quienes se aproximan al recinto familiar. Su dueño ha detallado que, "desde el primer día que nació que fuimos a verla, venía detrás como un corderito", y ha añadido que al acariciarla "parece una bola de pelo".

Esta nueva habitante es hija de Sofía, una burra que protagonizó un reportaje en este medio en septiembre de 2025 por mantener viva la huella rural en la ciudad. Con este alumbramiento, la familia experimenta por primera vez el nacimiento de una cría en su propiedad, dando continuidad a una costumbre heredada de sus antepasados.
El parto se ha producido tras completar una gestación de doce meses exactos, una fecha que los dueños tenían registrada con precisión. Carlos ha recordado que el proceso en estas hembras suele oscilar entre los doce y los catorce meses, lo que da origen al dicho popular de que algo "se hace más largo que el parto de una burra".
El alumbramiento tuvo lugar en la propia parcela hace apenas quince días sin necesidad de asistencia externa. Fue Pepe, el padre de Carlos, quien descubrió a la recién nacida al acudir a la finca por la mañana y comprobar que el animal ya se encontraba en pie y mamando con normalidad.
El aspecto de Bolita es el resultado del cruce entre dos razas diferentes. Por línea materna, su madre Sofía es un ejemplar de asno catalán que la familia adquirió en Béjar hace cinco años. Por su parte, el progenitor es un burro de tres años de raza andaluza, propiedad de otro aficionado particular del municipio vecino de San Morales, de quien la cría ha heredado su característico pelaje de color grisáceo.

La adaptación de la burrita al entorno ha sido inmediata, aunque su creciente vitalidad ha obligado a modificar las rutinas de manejo en la parcela. Durante sus primeros días de vida, Pepe la sacaba a caminar por el sendero colindante, pero ha dejado de hacerlo por precaución ante la energía del animal.
"Ha cogido la manía de que se lía a correr por el camino; mi padre mete a la madre para adentro y la pequeña se queda allí porque no quiere entrar", ha relatado Carlos sobre las reticencias de la cría para regresar al recinto. Por este motivo, los paseos por el exterior se limitan ahora a los fines de semana.
Durante los sábados y domingos, es el propio Carlos quien asume la tarea de supervisar las salidas: "La saco para que corra un poquito por allí y luego ya la metemos a empujón casi", ha comentado con humor. De cara al futuro, la familia prevé llevar de nuevo a Sofía a San Morales la próxima primavera para que vuelva a ser cubierta por el mismo semental.
La presencia de Bolita y Sofía en La Aldehuela mantiene el legado iniciado por el abuelo Aurelio, padre de Pepe y pionero de esta tradición familiar. Décadas atrás, Aurelio empleaba burros y mulas como motor de trabajo en la huerta para abastecer a la capital salmantina de leche y hortalizas frescas.
A lo largo de los años, por la finca familiar han pasado diversos animales que han marcado a varias generaciones, entre los que destaca Perico, el burro más longevo de la casa, que convivió con ellos durante 30 años. También tuvieron a Felipe, un ejemplar de carácter rebelde que solía tirar a Carlos cuando era niño en los caminos de la zona, motivo por el que fue cambiado por una yegua en la que el joven aprendió a montar, además de albergar ponis y ovejas con las que Sofía realiza labores de cohesión de rebaño.
En la actualidad, estos animales ya no cumplen una función agrícola, sino que se mantienen por el vínculo afectivo y el respeto a las raíces familiares. Antes del nacimiento de su cría, Sofía ya recibía la visita de los niños de la familia y de excursiones escolares de los colegios cercanos, cuyos alumnos acudían con zanahorias para conocer de cerca a una especie cada vez menos frecuente en el entorno urbano.

FOTOS: David Sañudo