Un informe geotécnico encargado por el Ayuntamiento de Alba de Tormes revela que el suelo del aparcamiento anexo a la basílica presenta más de 12 metros de rellenos inestables antes de alcanzar roca firme.
El análisis del terreno en la ladera y el muro del estacionamiento anexo al templo desaconseja construir o apoyar estructuras directamente sobre la superficie. Los especialistas han detectado una gruesa capa de materiales de relleno artificiales e inestables que obliga a buscar el suelo firme a gran profundidad para garantizar la seguridad de futuras obras.
El informe técnico, solicitado por el Ayuntamiento de Alba de Tormes y realizado por la empresa especializada Laboratorio de Calidad de Materiales, tenía como objetivo conocer el estado real del subsuelo en este punto de la villa. Las conclusiones revelan que la base de roca sólida y resistente no se encuentra hasta rebasar los 12 y 13 metros de profundidad.
Para obtener estos datos, los geólogos supervisaron a pie de obra dos perforaciones mecánicas que alcanzaron los 15 y 18 metros bajo tierra. Estas pruebas permitieron extraer muestras y comprobar la composición exacta de las distintas capas que forman la ladera.
Los sondeos descubrieron que la parte más superficial está formada por una mezcla inestable de tierras sueltas, cascotes, restos de cerámica, arenas y fragmentos de pizarra. Estos materiales fueron arrojados allí como relleno en el pasado, detrás del muro actual, y alcanzan un espesor de 12 metros en el primer punto analizado y de 12,20 metros en el segundo.

El documento técnico califica de "pésimo" el comportamiento de esta capa superficial para soportar el peso de cualquier construcción. Al tratarse de tierra suelta y poco compacta, existe un riesgo evidente de que el terreno ceda, sufra hundimientos desiguales o se desgaste por la erosión.
A la debilidad del suelo se suma la presencia de aguas subterráneas, localizadas entre los 8,50 y los 9,75 metros de profundidad. Los técnicos vinculan directamente esta acumulación de agua con la cercanía del cauce del río Tormes, lo que mantiene el subsuelo constantemente húmedo.
Los análisis químicos realizados en colaboración con la firma Abiomed Higiene indican que el terreno no contiene sulfatos que puedan dañar las futuras estructuras. Sin embargo, el agua subterránea sí presenta un carácter "débilmente agresivo" (clasificación XA1) para los materiales de construcción.
Aunque la normativa vigente no obliga a utilizar cementos especiales resistentes en este nivel de agresividad, los especialistas recomiendan valorarlo por precaución. La presencia continua de agua en el subsuelo aconseja extremar las medidas para asegurar la durabilidad del hormigón.
Por debajo de la tierra de relleno y de una capa intermedia de piedra desgastada, el estudio localizó finalmente un suelo rocoso y duro a partir de los 13,60 metros de profundidad. Se trata de una formación natural de esquistos (rocas similares a la pizarra) muy antigua, perteneciente al periodo geológico del Infraordovícico.
Las pruebas de laboratorio confirmaron que esta roca soporta una presión de 18,6 Newtons por milímetro cuadrado (N/mm²). Este resultado certifica que, a esa profundidad, el macizo rocoso es lo suficientemente firme y seguro para sostener el peso de las futuras obras de contención.

Para estabilizar la ladera y levantar nuevas estructuras de sujeción con garantías, el informe recomienda instalar pantallas de micropilotes. Este sistema consiste en introducir columnas delgadas y profundas de hormigón y acero que atraviesan la tierra blanda hasta anclarse en la roca dura.
Para ejecutar estos trabajos de cimentación, los técnicos establecen las siguientes pautas de seguridad: