En el siglo XX las viejas barcas de Aldeadávila que servían para pasar a Portugal a través del río desaparecieron, habiendo actualmente un barco turístico que ejerce de heredero de aquella tradición de navegación fluvial.
Aunque hoy el barco que recorre el gran cañón del Duero en Aldeadávila lo hace con fines turísticos, con el objetivo de mostrar a quien nos visita la inconmensurable belleza de Las Arribes del Duero, en tiempos no tan lejanos, cuando aún no estaba construida la presa de Aldeadávila, eran otro tipo de embarcaciones mucho más humildes las que surcaban el Duero para conectar sus orillas española y portuguesa.
En el término de Aldeadávila de la Ribera fueron dos las viejas barcas que cruzaban el río, una en la zona de La Verde, y otra denominada de La Pila del Vado del Monte que podría haber estado situada en la zona de La Pilanca o el Monte del puerto, siendo la de la Verde la que se ha podido atestiguar en más documentos y que a priori poseería una mayor importancia y tamaño.
En este aspecto, en 1826 en el ‘Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal’ realizado por Sebastián Miñano, en su entrada dedicada a ‘Aldea-Dávila de la Ribera’ se indicaba que “cierra su término por la parte del Portugal el río Duero, sobre el cual hay una barca a la inmediación del convento de la Verde, que está a la orilla de este río.”
De este modo, se documentaba en el primer tercio del siglo XIX la existencia de una barca de paso en la zona de la Verde, algo que corroboraba Miñano posteriormente en la entrada dedicada en dicho diccionario a La Zarza de Pumareda, en la que hablaba de “una gran barca” en esa zona, al señalar que “por el oeste está el convento de la Verde, y el río Duero con una gran barca.”
Asimismo, Pascual Madoz apuntaba en 1845 en la entrada de ‘Aldeadávila de Duero o de la Ribera’ de su ‘Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar’ que la barca de paso que había en el municipio sobre el Duero aportaba fondos al presupuesto municipal mediante su arriendo, señalando en dicha entrada que “el presupuesto municipal ordinario asciende a 11.000 reales, y se cubre por reparto vecinal. Los propios de la villa consisten en el producido del arriendo de la Barca del Duero, en un pequeño monte de encina, y en algunas tierras de pan llevar”.
La existencia de esa barca en el Duero en la zona de Aldeadávila la volvía a señalar Madoz en 1847 en la entrada de ‘Duero’ de dicho Diccionario, en su Tomo VII, cuando hablaba de que el río Duero entraba “por el término de Aldeadávila, en el que tiene barca y recoge las aguas del arroyo Remolino”, lo que confirmaba la existencia de al menos una barca de paso en término de Aldeadávila a mediados del siglo XIX.
En todo caso, la barca de la Verde debió tener inicialmente una titularidad compartida entre Aldeadávila en el lado español y Lagoaça en el portugués, tal y como apuntaba José Ignacio Martín Benito en su libro ‘Barcas de paso en el Reino de León’, en que señalaba que posteriormente fue desamortizada pasando a manos del Estado, que la sacó en arrendamiento en pública subasta en 1867.
Por su parte, tras su visita a la zona, Miguel de Unamuno señalaba también en 1898 la existencia de dicha barca de paso en la zona de la Verde, al indicar en ‘Ecos literarios’ que “hoy en día no habitan en la profunda barrancada, fuera del rentero que explota lo que los frailes dejaron, más que los carabineros españoles, y del otro lado del río los guardiñas portugueses, vigilando el paso de la barca”.
En cuanto a la otra barca que se llegó a documentar en Aldeadávila, la de la Pila del Vado del Monte, esta se recogía en 1877 en el Itinerario del río Duero elaborado por la División Hidrológica, en que recogía tanto la ‘Casa de la Barca’ y la “barca de paso llamada La Verde”, como cuatro kilómetros aguas arriba la “barca de paso llamada la Pila del Vado del Monte”.
En todo caso, en el siglo XX las viejas barcas de Aldeadávila que servían para pasar a Portugal a través del río desaparecieron, una vez que la propia construcción de la presa reconfiguró el paisaje y los vados en que se facilitaba el paso en barca hasta entonces. No obstante, como heredero de dicha tradición de navegación fluvial que hubo en Aldeadávila, décadas después de la desaparición de las viejas barcas de paso el relevo fue tomado por un barco para cruceros turísticos que aprovecha actualmente la bolsa de agua generada por la presa de Aldeadávila.
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