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Miguel Elías, un pintor para homenajear a la cultura desde su interpretación de Don Quijote
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ARTE

Miguel Elías, un pintor para homenajear a la cultura desde su interpretación de Don Quijote

Publicado 31/10/2026 19:08

Queda muy poco para disfrutar de una muestra que celebra a Pilar Fernández Labrador y su premio internacional de poesía

Tiene el espacio expositivo de la Torre de los Anaya la posibilidad de paseo para el disfrute. Y de unión de fuerzas: la Diputación y el Ayuntamiento se unen para la cultura, y si de cultura se trata, nadie mejor en la historia reciente de nuestra Salamanca que Pilar Fernández Labrador, a la que un pintor muy particular, Miguel Elías, hace un sentido homenaje. Homenaje en forma de exposición que nos recuerda que Salamanca es la sede del Encuentro anual de Poetas Hispanoamericanos coordinado por Alfredo Pérez Alencart, poetas que participan en un premio internacional de poesía que publica la Diputación y que tiene el nombre de nuestra “Dama de la cultura”, quien eligiera como portada de su publicación la figura del Quijote, el Quijote al que retrata el poeta de los pinceles, el profesor, artista y especialista en cultura oriental Miguel Elías.

Es el pintor una curiosa mezcla de todo lo bueno: levantino, nuestro profesor de arte no olvida sus raíces siendo absolutamente salmantino –no en vano, llama a sus obras “El Quijote de Salamanca”- pero su vinculación con el arte, la sabiduría y la filosofía japonesas hacen de él un referente. Ya sea en su particular taller de un pueblo de la España vaciada y plena en Zamora o en su tarea diaria salmantina, la filosofía, la reflexión y la calma con la que nos enseña su actitud vital es un aliciente para quienes le seguimos, le escuchamos y estamos atentos a su obra. Una obra en permanente revisión, que se identifica fácilmente y se entrega a sus constantes, pero que busca también en lo instalativo, el uso de la técnica de tinta japonesa, el sumi-eh y la revisión constante de lo literario el transcurso del arte particular de Miguel Elías.

Un Miguel Elías que ofrece en esta muestra casi un centenar de visiones del Quijote, como si fuera un pictórico Unamuno. El retratista de la literatura salmantina, que ha fijado el rostro de tantos poetas que nos visitan y viven con nosotros, se ha centrado en el personaje central de la literatura española. Y lo hace de la mano de Doña Pilar Fernández Labrador, quien quiso que las portadas del libro que publica su premio, siempre retrataran al héroe de Cervantes. De ahí que el artista quiera homenajear a esta “Dulcinea idealizada”, como ella misma se nombra, a través de sus visiones del Quijote. Un Quijote en tonos amarillos, blancos y violetas, un Quijote vencido, humanizado, junto a ese mar y esa luz que nos recuerdan que Elías es levantino.

Cuenta el artista que se detiene en sus regresos a Alicante en esa Mancha infinita que recrea en sus obras. Un paisaje de amarillos vacíos y cielos inmensos que contrastan con los bosques verdes y malvas de la Sierra de Francia. Tan importante como el rostro y la actitud del personaje, su caballo y sus armas, es esa tonalidad, ese paisaje desnudo que le rodea. Y esa técnica de espátula, dedos, color y textura que el artista trabaja como si fuera un escultor. El espectador puede sentir esta cualidad de la pintura que palpita, incluso, buscar en sus magníficos cuadernos de apuntes el germen de la obra, la prueba del color, el esbozo que inicia… Luego vendrán el acrílico, el pigmento, la larga pincelada… pero en el dibujo está la raíz y la maestría que también se muestra en las tintas orientales, en las exquisitas visiones estilizadas de un Quijote japonés.

Es una muestra maravillosamente urdida, la que nos presenta Miguel Elías en torno al Quijote. Un Quijote del color de la tierra y de luz de atardecer o aurora. Un personaje literario para un artista que ha hecho de los poetas y escritores sus mejores modelos. Use la técnica que use, Elías siempre recurre a la literatura, al conocimiento, a la amistad, a la referencia. Y qué mejor referencia que la de una mujer que es historia viva de la ciudad, empeño de cultura, de diálogo y de sabiduría. En tiempos de refriega electoral, de feroz materialismo, la entrega de quienes hicieron la transición desde la calma y la pasión por la cultura es necesaria. Y más desde la perspectiva de un personaje que representa el idealismo, que sirve para ilustrar la obra de los poetas hermanos, que forma parte de nuestro paisaje adolorido en el que duele esa España de campos infinitos.

Ha logrado una muestra magnífica el pintor literario, el ocasional actor de “Mientras dure la guerra” que realizó un cuaderno de apuntes de la película de Amenábar que aún recordamos. Y lo hace desde el conocimiento de la literatura –como siempre-, desde las técnicas que domina y desde la amistad y el proyecto cultural al que siempre está vinculado. Y desde el amor que no necesita más que entrega. Los grandes artistas siempre se asomaron al Quijote, y Miguel Elías bebe del brocal del pozo inagotable de la obra cervantina. Lo hace para una dama a la que reconocer su valía. Y las fotografías de otro de sus grandes amigos, el también poeta José Amador Martín lo fija maravillosamente en la retina. Es arte en una sola palabra, en una sola mirada, en una sola página.

Charo Alonso. Fotografía: José Amador Martín.