
En diez meses sufrimos en España dos gravísimos accidentes en la Alta Velocidad ferroviaria. En la línea pionera de la modernidad durante su dilatada renovación, estrella del glorioso 1992. Como la actual sociedad se configura sin memoria, imagino se habrán olvidado las críticas al profundo cambio de modelo ferroviario en absoluto precedido de una seria reflexión social sobre su significado. La línea empezó siendo el “Nuevo Acceso Ferroviario a Andalucía (NAFA)”, luego añadida al “Plan de Transporte Ferroviario” de 1987 dentro de los corredores a 200 km/h.

Era indudable la necesidad de mejorar las infraestructuras de comunicación del país en aquel momento. Inicialmente la carretera, columna vertebral del transporte y que lo sigue siendo pese a todo, la industria del automóvil fue clave en el rescate de la depauperada economía del franquismo. Pero tras la radiante inauguración de la denominada Alta Velocidad Española (AVE), en un páramo ferroviario, surge una desenfrenada y gravosa carrera por extender esa gloriosa infraestructura ¿por todo el país?. Más bien conectar Madrid con las grandes áreas urbanas y económicas periféricas, obviando el interior.

Hemos comentado muchas veces la poca atención prestada al mantenimiento de la infraestructura pública, costoso en el AVE. Se habla con alegría de grandes inversiones creando esto o aquello, obviando la obligación de mantenerlo y actualizarlo según pasa el tiempo. En un escenario donde llegan grandes cantidades de dinero europeo, inversiones apoyando la convergencia con el resto de países. Acicate, seguramente involuntario, para mantener firmemente en el discurso político la promesa de la rebaja fiscal a la ciudadanía, pese a su moderación frente a nuestro entorno.

Reparto territorial de la inversión en infraestructuras. Puesta en relación con el número de habitantes los espacios poco poblados se vuelven "privilegiados". Evaluacion del Gato Público 2019, Estudio Infraestructuras del transprote. AIREF.
La realidad de a quien se rebaja de verdad es otra historia. Por ejemplo, estas semanas se ha recordado el cobro del IVA al alojamiento hostelero frente a la nada al piso turístico, coadyuvante de la crisis de la vivienda. No vamos a mencionar grandes fortunas o SOCIMIs u otros imaginativos sumideros de solidaridad social. Es de Perogrullo recordar cómo toda la infraestructura pública, y los servicios, la financian precisamente impuestos. Y es una larga suma de decisiones humanas la que permite tener recursos suficientes, o no, para sostener una sociedad aspirando a gozar un alto grado de bienestar. O no.

Con los indicios exhibidos sugieren el error humano como decisivo en el último accidente. Pero ¿cuántas decisiones previas en cadena pueden haber llevado a ello?. El modelo de Alta Velocidad es muy exigente en gasto tanto en su construcción como en gestión y mantenimiento. Inscrito en plena euforia privatizadora (muchas veces encubierta) y liberalizando el ferrocarril. Demasiada experiencia muestra como esas cualidades llevan a degradar el sistema, especialmente sensible en salarios y condiciones laborales. Corroborado por el repunte estadístico de incidencias y accidentes.

Por ejemplo, la empresa pública Adif entre 2005 y 2020 perdió 2.300 trabajadores. Ese espacio lo llenan de contratas y empresas privadas manteniendo centros de control, infraestructuras, etc. El sindicato CGT ha calculado costes públicos y privados de contratas con conclusiones llamativas, con ejemplos de sorprendentes encarecimientos cuando medios propios hubieran podido hacer más. Y todo para conseguir ¿una red? más reducida y al margen del resto condenado al abandono. Complicando la gestión con diversos anchos de vía, tensiones eléctricas e incluso sistemas de seguridad.

Tal vez alguien se haya equivocado en un Centro de Control. Atendiendo la multiplicación de servicios ferroviarios con operadoras privadas, en realidad empresas públicas de otros países. En un marco donde el cuidado de toda la infraestructura está sometido a tensiones por un modelo en el cual prima el beneficio. Bajo la persistente demanda de querer todos un AVE en la puerta, y un hospital, un centro educativo, servicios sociales y un largo etcétera. Cuando se agita la bajada de impuestos como estandarte electoral, en plena euforia triunfal de anarcocapitalistas y minarquistas de la motosierra.

Y si hay menos dinero y mucho donde repartir, o se recorta o no se gasta. Curiosamente infraestructuras y atención social invariablemente caen. La pandemia lo dejó cristalino, aunque ahora no quieran verlo. Siempre hay una decisión, de dirigentes y muchos otros hasta los electores. Y las consecuencias, aunque tengan profundas raíces más allá del responsable actual, deben conllevar responsabilidades políticas en algún momento. Cuando además las advertencias se venían acumulando. De paso, ya en campaña electoral, se podrían obviar los espantapájaros y examinar los problemas reales del país.

NOTA. OTLE es el "Observatorio del Transporte y la Logística en España". Los cuadros pertenecen al Informe anual edición XIII 2025-2026 (abril 2026).
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