Un equipo científico en el que participa el profesor de la Universidad de Salamanca Félix Torres ha conseguido incluir siete especies en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. El grupo de invertebrados amparados comprende cuatro abejorros, dos moscas de las flores y una mariposa.
Un grupo de investigadores con participación de la Universidad de Salamanca (USAL) ha logrado que siete especies de insectos polinizadores se incorporen al Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. En el trabajo científico ha intervenido el profesor Félix Torres González, perteneciente al Área de Zoología de la Facultad de Biología de la institución académica salmantina.
Los invertebrados que han alcanzado esta figura de amparo ambiental se dividen en cuatro especies de abejorros, dos de moscas de las flores y una de mariposas. La documentación técnica no detalla la identidad de las moscas de las flores ni de la mariposa incluidas en el listado, pero sí recoge las fichas de evaluación del Atlas y Libro Rojo de los Invertebrados Amenazados de España correspondientes a los cuatro abejorros: Bombus inexspectatus, Bombus gerstaeckeri, Bombus cullumanus y Bombus confusus.
Estas cuatro especies del género Bombus (familia Apidae) carecían hasta el momento de protección legal específica, más allá de las disposiciones generales de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. Todas ellas presentan poblaciones pequeñas, severamente fragmentadas y en regresión en la península ibérica.
Las monografías científicas, elaboradas por la investigadora Concepción Ornosa junto a Félix Torres, Leopoldo Castro y Francisco Javier Ortiz-Sánchez, describen la situación demográfica y biológica de los cuatro himenópteros:
Los estudios coinciden en que la regresión de estos polinizadores responde tanto a factores intrínsecos —especies raras, de baja densidad o posible hibridación en el caso de Bombus cullumanus— como a la presión humana sobre los ecosistemas de montaña, incluso dentro de espacios protegidos como los parques nacionales de Picos de Europa y de Ordesa y Monte Perdido o el Parque Natural de los Valles Occidentales.
Entre las amenazas directas figuran la construcción de infraestructuras turísticas, recreativas y de deportes de invierno, el tránsito de vehículos, el uso ganadero intensivo con ganado no estabulado y la transformación de pastizales en cultivos cerealistas. A ello se suman la reducción de los cultivos de leguminosas y de las comunidades de acónitos, el uso de biocidas en zonas agrícolas cercanas y las sobrecapturas con fines científicos o coleccionistas registradas en los años setenta del siglo pasado.
Para frenar su declive, los investigadores plantearon en sus informes la protección estricta de las áreas de ocupación, la conservación de su flora nutricia, la prohibición de capturar ejemplares y la limitación de la presión antrópica, llegando a proponer el cierre al uso humano de sectores concretos dentro de las áreas protegidas más afectadas.