Los árbitros tuvieron que detener de forma temporal dos partidos del FS Salamanca disputados este domingo en el pabellón Lazarillo de Tormes. La activación del protocolo antiviolencia de la RFCYLF se produjo por insultos al colegiado y un altercado de un espectador con un jugador expulsado. Las intervenciones de los delegados permitieron calmar los ánimos y concluir ambos encuentros.
La jornada dominical en el pabellón Lazarillo de Tormes ha estado marcada por hasta tres detenciones del juego que obligaron a intervenir a los delegados de los equipos para calmar a los aficionados. Pese a la tensión vivida en las gradas durante ambos compromisos, la aplicación de la normativa de prevención de incidentes permitió reconducir la situación y que la tensión no pasase a mayores.
El incidente de mayor gravedad reglamentaria tuvo lugar durante la tarde del domingo, donde fue necesario alcanzar el segundo nivel del protocolo tras un intento de enfrentamiento directo con un deportista. En el choque matinal, la intervención se quedó en el primer escalón tras registrarse reiteradas descalificaciones hacia la labor arbitral.
El encuentro de la Segunda División Regional de Juveniles entre el FS Salamanca y el CD Ávila Sala, que comenzó a las 17:00 horas y concluyó con un marcador de 3-2, sufrió dos parones en su tramo final debido al comportamiento del público.
Los incidentes que obligaron a intervenir a los colegiados se desarrollaron en dos momentos consecutivos:
Previamente, a las 13:00 horas en el mismo escenario, ya había sido necesario aplicar la normativa autonómica durante el duelo de la sexta jornada del grupo 9 de Tercera División entre el FS Salamanca B y el CD Arcos de la Llana, que terminó con un resultado de 5-3.
A falta de 36 segundos para la conclusión, el colegiado detuvo el juego durante un minuto y medio y activó la fase 1 del protocolo contra la violencia verbal. El parón se produjo tras escucharse desde la grada reiterados insultos graves y menosprecios dirigidos directamente hacia la figura del árbitro.
Las descalificaciones procedían de un seguidor del conjunto visitante, quien era fácilmente reconocible al portar indumentaria oficial del equipo burgalés. Siguiendo el procedimiento establecido para estos casos, se informó al delegado local y a la delegada visitante sobre la puesta en marcha de la medida y las posibles consecuencias deportivas en caso de persistir en esa conducta.
Ambos representantes se dirigieron a ese sector del público para solicitar al espectador que depusiera su actitud. Una vez que el aficionado se calmó, se disputaron los últimos segundos pendientes y el enfrentamiento finalizó sin más contratiempos.