El enclave, transformado en el siglo XVIII con la demolición de la puerta de Villamayor, estuvo históricamente condicionado por manantiales y regatos subterráneos
La actual plaza de la Fuente es uno de los espacios con mayor trasfondo histórico de la ciudad de Salamanca, aunque para muchos salmantinos este lugar sigue siendo identificado popularmente como el "caño Mamarón". Según recoge el portal Salamanca en el ayer, este emplazamiento ha experimentado notables transformaciones urbanísticas e hídricas a lo largo de los siglos.
Desde tiempos antiguos, la zona interior del recinto amurallado dispuso de un surtidor que daba servicio a los habitantes en una época en la que el suministro de agua todavía no llegaba a los domicilios particulares. El monumento actual, elaborado con una estructura de "piedra pajarilla", fue colocado en este punto en el año 1942 para sustituir a la construcción anterior, si bien la información recopilada por Jacinto Pérez apunta a que la pieza dataría del siglo XIX.
El entorno también estuvo marcado en el pasado por la presencia de la antigua puerta de Villamayor, integrada en la desaparecida muralla salmantina. A través de este acceso partía el camino hacia la vecina localidad, convertido hoy en la avenida de Villamayor, por donde circuló la mayor parte de la piedra franca procedente de sus canteras para levantar los monumentos de la ciudad.

Imagen de Salamanca en el ayer
El apelativo tradicional de esta construcción está directamente relacionado con el verbo "mamar". Aunque existen diversas teorías sobre el origen exacto de esta denominación, la documentación histórica confirma que no hay ninguna certeza sobre el motivo definitivo que impulsó este nombre popular.
Este antiguo surtidor dio nombre durante años a toda la plazuela, denominada históricamente como plaza del caño Mamarón antes de adoptar su nomenclatura oficial vigente. Hasta finales del siglo XIX, la infraestructura se nutría de las aguas captadas en los manantiales del paraje de Villasandín, situados en el entorno del actual cementerio.
Las vías de acceso desde esta plaza hacia el interior del casco urbano adquirieron una configuración irregular debido a la orografía del terreno. El diseño de las calles tuvo que adaptarse para salvar el cauce de una esgueva secundaria conocida como el regato del Anís, bautizado así con ironía por los vecinos a causa de su mal olor.
El recorrido de estas antiguas corrientes de agua condicionó el desarrollo de las calles adyacentes a través de los siguientes puntos de la capital:
