La particular sala de exposiciones recoge la obra pictórica y de cerámica de un artista asturiano de reconocida trayectoria
Hay en el Mogarraz de los rincones infinitos, los rostros que nos interpelan desde sus muros con el genio de Florencio Maíllo, un lugar que cada día merece más visitas y reconocimiento: la librería anticuaria Tu librería de siempre, donde Venancio Sánchez ejerce de demiurgo. Un espacio que no olvida sus muros ancestrales, su piedra desnuda, sus aperos de labranza y que acoge miles de libros que esperan al visitante, así como todo tipo de objetos de coleccionista. Y una hermosa sala de exposiciones que parte del muro vivo y sorprenden al espectador.
Y nadie mejor que Benjamín Menéndez para ocuparlos. Hasta el 8 de diciembre, el trabajo de este artista multifacético se suma a los muchos encantos de Mogarraz. Originario de Avilés, donde domina el puerto una inmensa escultura suya, Menéndez es un experto en leer el entorno fabril, el pasado industrioso y convertirlo en evocación artística. Docente, pintor, escultor y ceramista, nos recuerda el paisaje de forja y siderurgia, la antigua fábrica de loza, la vinculación con el mar y la tierra, esa tierra convertida en cerámica para recoger bebida y alimento. Autor de obra pública de grandes dimensiones y de originales composiciones instalativas, el artista recala en los muros de esta hermosa sala de exposiciones con obras que merecen la visita.
Sus cuadros nos remiten al horizonte del paisaje marino, al óxido de fábricas y barcos, nos devuelven al fuego de la siderurgia y al puerto. Y sus cerámicas, que recrean las formas antiguas, no entregan la tierra recordando que una de las características de su trabajo es etnográfica. La materia en él es memoria, arte y territorio.
Y qué bien casan la obra de este artista con el propósito de un negocio que no solo quiere vender libros y antigüedades, sino formar parte de un tejido cultural que nos alimente: la reivindicación de personajes como el Abate Melón, ilustrado que forma parte de la historia de Mogarraz, seres de la originalidad de Helénides de Salamina, artistas del genio de Florencio Maíllo o vecinos con la cualidad solidaria y sabia de Concha, que llena las viejas puertas de manojos de brezo, esa planta que florece en primavera y en otoño y que nos recuerda la magia de estas calles plenas de detalles.
Nuestra provincia infinita está llena de magia, y el visitante recorre los lugares con agradecimiento. Hay que detenerse en la maravillosa hostelería de nuestra sierra, sí, hay que pasear sus pueblos con encanto, y también, conocer estos rincones que nos sorprenden: una librería llena de libros, objetos y arte. Arte que viene del norte a anidar en los muros casi vegetales de Tu librería de siempre, muros que nos descubren a un artista que sabe dialogar con el óxido del tiempo, de la memoria del objeto que contiene el legado y que juega con el color en un infinito horizonte de tonalidades. Benjamín Menéndez es un regalo que se une a los encantos de un rincón lleno de alicientes como esta hermosa sala de exposiciones que nos sale al encuentro entre libros y manojos de brezo. No se lo pierdan.
Fotografía: Fernando Sánchez Gómez