Arde París y se quema Francia. Las protestas de la última semana han dejado un país conmocionado y un vandalismo con múltiples daños materiales, saqueos e incendios a diario y en diferentes lugares. El Gobierno intenta frenar el movimiento y para ello ha decretado el toque de queda nocturno en las principales ciudades como París, Lyon o Marsella. Es una seria amenaza a la democracia.
Cuando se escriben estas líneas, el balance provisional reporta el fallecimiento de una persona, cerca de 2.400 detenciones y unos 600 policías, gendarmes o bomberos heridos. En cuanto a lo económico, el impacto es impresionante, según la Federación del Comercio y de la Distribución francesa, las pérdidas podrían alcanzar cientos de millones de euros tras el destrozo y el saqueo de cerca de 3.000 establecimientos.
El Gobierno de Francia admite que ha perdido el control. Parece que estemos ante un Estado fallido que ha requerido el despliegue del ejército para intentar recuperar el control de la situación. Las imágenes que nos llegan son las de una situación de caos. El Estado de bienestar francés da muestras de agotamiento y la Quinta República francesa, en vigor desde 1958, se tambalea. A la agonía de Emmanuel Macron, un presidente impotente que ha perdido su credibilidad, se suman los disturbios en las calles por parte de una población que está harta de que no se le escuche y ante la perspectiva de un horizonte sin futuro, especialmente para los jóvenes.
Los medios de comunicación coinciden en la idea de que Francia ha estallado. Cientos de miles de personas, unas 800.000 según el sindicato CGT, 550.000 según el gobierno francés, salieron el sábado 17 a las calles de muchas ciudades francesas, para protestar en unas manifestaciones donde los enfrentamientos entre grupos violentos y las fuerzas del orden, los disturbios, los daños en edificios públicos y privados han sido los protagonistas por encima de las reivindicaciones de la población. Siendo París, Lyon, Nantes, Marsella, Lille o Limoges, donde se produjeron actos de violencia con sucesos graves, entre ellos el asalto y la quema del ayuntamiento de Limoges. Si bien, la mayoría de las marchas transcurrieron con normalidad en la mayor parte del país, pero estamos en la era del espectáculo viral televisivo y de las redes sociales.
Los franceses han salido a la calle para protestar contra la inflación, los altos precios de los carburantes y la pérdida del poder adquisitivo, entre otros, después de varias semanas en las que los estudiantes de la enseñanza secundaria salieron a las calles para protestar contra el estado de la educación en el país y la violencia ejercida por la policía contra los manifestantes estudiantiles que, diariamente, han llenado las calles de Francia de protestas, sin ser escuchados.
Como ya es habitual, las redes sociales tuvieron su protagonismo. La convocatoria de manifestación del sábado 17 surgió de un vídeo viral publicado en Tik Tok a principios de septiembre, que fue ganando apoyo ante el aumento de los precios de la gasolina y del coste de la vida. Los aún dudosos promotores, buscan recuperar el impulso que tuvo el movimiento de los chalecos amarillos de 2018 y 2019. Aunque en esta ocasión, la movilización ha reunido a estudiantes, trabajadores, jubilados, agricultores, militantes antifascistas y activistas climáticos. Una convocatoria viral y transversal a toda la población francesa. Tal vez por eso, el Gobierno francés se está planteando suprimir las redes sociales durante un tiempo.
A mí, como a otras muchas personas que lo vivieron, este movimiento me recuerda al Mayo francés de 1968, salvando todas las distancias y matices. Quien suscribe, vivió aquel acontecimiento del 68 entresacando remolacha a destajo en los surcos sin fin de la campiña parisina. Hasta allí llegaban los ecos de las manifestaciones pacíficas y de la violencia desatada por los incontrolados. Las causas de aquel Mayo de 1968 fueron muy parecidas a las que se están dando ahora en octubre 2026. Una mezcla de descontento político, crisis económica, malestar obrero, obsolescencia en la educación, rigidez en las estructuras sociales con el ascensor social averiado, salarios que no alcanzan para tener una vivienda digna, fuertes desigualdades, carestía de la vida o factores geopolíticos internacionales. La historia se repite 58 años más tarde en el mismo lugar.
Actualmente Francia se encuentra en una espiral viciosa en la que varias crisis se han estado gestando durante largo tiempo, ahora cada una de ellas alimenta a la otra. La primera es una crisis económica de mala gestión fiscal: la deuda pública de Francia ha alcanzado un récord de 4 billones de dólares. La segunda es una crisis de la democracia liberal, la extrema derecha podría tomar el poder en las próximas elecciones presidenciales en unos seis meses. La tercera es una crisis de descontento juvenil. Los estudiantes franceses se han levantado contra las largas jornadas, los grupos numerosos, el deterioro de los edificios escolares y la disminución de oportunidades en la vida.
Puede que la primera de ellas, la crisis económica de la deuda, sea la más peligrosa de todas las crisis que afectan a Francia, porque incide en muchos de los males del país y dificulta sus soluciones, dejando al Gobierno sin margen de actuación ante las reivindicaciones sociales. La prima de riesgos está en máximos desde el 2011, sobrepasando los 160 puntos básicos, una asfixia financiera. Parece que Francia ya no controla su destino y está al borde del abismo.
Entre los motivos reales y reivindicaciones está el rechazo a los recortes presupuestarios previstos de 54.000 millones de euros para 2027 en educación y servicios públicos. Este es el motivo por el que el descontento estudiantil se ha convertido en la chispa de una protesta más amplia y transversal. El sindicato de la CGT, una de las organizaciones sindicales más importante e histórica de Francia, calcula que el poder adquisitivo de los empleados públicos ha caído un 20 % en diez años. El sindicato ya ha fijado una huelga general para el 5 de noviembre.
La pérdida de poder adquisitivo y el precio de la energía es otro de los motivos reales de las protestas. El encarecimiento de los combustibles golpea a una economía ya debilitada. El poder adquisitivo de los hogares cayó un 0,7 % en 2025 y se espera otro retroceso en 2026. la protesta exige subidas de salarios y pensiones y la congelación de precios para los productos básicos. Mientras, el Gobierno prepara recortes de unos 43.000 millones de euros.
La crisis del campo debido a la caída de las rentas agrícolas es otro de los componentes del descontento. A los campesinos franceses no le cuadran las cuentas. Los precios de sus productos bajan y los costes de producción suben. A lo que hay que añadir los efectos negativos de la sequía. El Estado ha movilizado 1.500 millones de euros frente a la sequía, considerados insuficientes por los campesinos. Así, Solidarité paysans advertía a finales de septiembre de que más de 30.000 explotaciones podrían desaparecer en el plazo de un año, mientras que las desigualdades de renta no dejan de crecer dentro del sector.
Los sindicatos calculan que de cada 100 euros relacionados con la alimentación solo 8 de ellos llegan al productor, eso significa un 25 % menos en 20 años, frente al 40 % que se queda en la distribución. Otra de las reclamaciones del campo es lo que el sector agrícola llama la competencia desleal con la llega de productos de fuera propiciados por el acuerdo Unión Europea-Mercosur.
La Asamblea francesa debate sobre la responsabilidad del Gobierno en las movilizaciones y Emmanuel Macron anuncia restricciones a las protestas, convocando un Consejo de Defensa con la recomendación de que no haya manifestaciones. Mientras y además de la huelga general ya citada, los sindicatos convocan protestas para el 5 de noviembre tras reuniones fallidas con el Gobierno.
Veremos qué pasa en los próximos días. La suerte que corra Francia tendrá su reflejo en toda Europa donde otras ciudades van por el mismo camino, dentro del malestar general existente. Confiemos en que prevalezca la cordura y el conflicto se resuelva favorablemente.
Escuchemos a Ana Belén en Arde París :
https://www.youtube.com/watch?v=ggoRsk186JI&list=RDggoRsk186JI&start_radio=1
© Francisco Aguadero Fernández, 24 de octubre de 2026
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