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Un escritor dice adiós
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Un escritor dice adiós

Publicado 23/10/2026 11:24

Hoy, 23 de octubre, el escritor británico Julian Barnes recibe en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Esa circunstancia hace que mi recomendación de esta semana sea Despedidas, la última y definitiva obra del su autor, con la que cierra brillantemente su carrera literaria.

Barnes pertenece a esa categoría de escritores que a lo largo de su vida escriben un único libro compuesto por variaciones sobre unas pocas obsesiones fundamentales. En su caso, la memoria, la fragilidad de la verdad y la distancia entre la experiencia vivida y el relato que construimos de ella, la naturaleza del amor y del recuerdo, la identidad, la conversación intelectual, el tiempo y la muerte comparecen una y otra vez, tanto en sus novelas como en sus ensayos y obras que transitan entre géneros. Despedidas es la expresión paradigmática de este rasgo, pues constituye algo más que una nueva novela, es la recapitulación explícita de una trayectoria intelectual y artística de casi medio siglo, presentada como una meditación lúcida, inteligente y a veces desgarradora sobre el final de la existencia y la propia literatura. Todo ello envuelto en las habituales señas de identidad formales del autor: la elegancia de la escritura; la aparente, aunque muy trabajada, simplicidad narrativa; las digresiones, los desvíos y los paréntesis; la prosa conversacional y la interlocución con el lector; las referencias y conexiones con otros escritores; la ironía contenida y el humor autocrítico; la capacidad para convertir cuestiones filosóficas en experiencias narrativas; y la dilución de las fronteras entre novela, autobiografía, comentario literario, ensayo y memoria personal.

En Despedidas, un escritor anciano, afectado por una grave enfermedad, mira hacia atrás e intenta reconstruir episodios de su vida mientras observa el deterioro del cuerpo, la proximidad de la vejez y el abandono definitivo de la escritura o, al menos, de su difusión pública. Pero, como sucede tantas veces en Barnes, la reflexión personal termina abriendo una historia más amplia sobre el amor, la amistad, la muerte, el tiempo y las vidas que podrían haber sido distintas.

En el centro aparecen Jean y Stephen, dos amigos de sus años de estudiante en Oxford. La rememoración permite conocer cómo el narrador propició su primer encuentro y cómo ambos acabaron enamorándose. Eran jóvenes, inteligentes y vivían ese momento en que todavía parece posible elegir entre opciones y futuros por hacer. Sin embargo, la relación no prosperó; se separaron, siguieron caminos distintos y durante muchos años sus vidas transcurrieron alejadas. Barnes también quedó apartado de ellos, aunque conservó el recuerdo de aquel amor. Aquí comienza una de las singularidades más atractivas del argumento, el enorme vacío temporal que separa los primeros encuentros de lo que sucederá después. Han pasado cerca de cuarenta años y sabemos muy poco de lo ocurrido durante ese período. Barnes no rellena inmediatamente esta amplia laguna, sino que hace de ella uno de los misterios de la narración. ¿Qué hicieron Jean y Stephen durante esas décadas? ¿Con quién vivieron? ¿Qué quedó de aquel amor juvenil? Y, sobre todo, ¿qué significa reencontrarse con alguien después de haber vivido prácticamente otra vida entera?

Pasadas cuatro décadas, Stephen reaparece y pide ayuda a Barnes para volver a ponerse en contacto con Jean. El escritor se convierte así en intermediario entre sus antiguos amigos; quien años atrás los presentó vuelve a intervenir para facilitar un nuevo encuentro. Jean y Stephen recuperan la relación interrumpida en su juventud y descubren las posibilidades de una segunda oportunidad cuando ya no se es joven y el tiempo perdido forma parte inseparable de la propia historia. Mientras tanto, Barnes reflexiona sobre su vida y sobre la dificultad de saber hasta qué punto nuestros recuerdos coinciden con lo sucedido, pues los diarios, las anécdotas que repetimos durante años y las versiones ajenas pueden ofrecer relatos diferentes de una misma existencia. La memoria conduce así al cuestionamiento de la identidad. Al rememorar el pasado, surge la duda de si recuperamos nuestra vida tal como fue o si la reconstruimos y fabricamos una nueva versión de ella.

En paralelo, el narrador contempla su existencia desde la edad avanzada y se pregunta qué queda finalmente de una vida: los acontecimientos, los recuerdos, las personas amadas, las historias que otros cuentan sobre nosotros o las palabras con que intentamos ordenar todo ello. Una historia amorosa concreta sirve así de hilo narrativo para abordar algo universal, la dificultad de saber qué ha sido realmente importante y la necesidad de aprender a despedirnos.

La obra se organiza en tres grandes ejes -o quizá cinco, tantos como capítulos- íntimamente relacionados, en un juego de aproximación y alejamiento entre ficción y experiencia personal que revela cómo Barnes disfraza de sencillez unas construcciones de minuciosa estructura. El primero, dedicado a la memoria y el envejecimiento, combina la descripción de su enfermedad con reflexiones sobre En busca del tiempo perdido de Marcel Proust; el segundo desarrolla la historia de Stephen y Jean; el tercero recupera la voz autobiográfica para reflexionar sobre enfermedad, escritura y muerte, en lo que constituye propiamente la despedida del autor.

Las despedidas del título son múltiples, como subraya el original inglés, Departure(s). Barnes tiene ochenta años, habla de su enfermedad y ha anunciado que este será su último libro: estamos, pues, ante la despedida del escritor. Pero también ante la del amor, pues la historia de Stephen y Jean muestra que recuperarlo no significa poder revivir lo perdido; la del cuerpo, deteriorado por la edad y la enfermedad; la del pasado y la memoria, que se desvanecen progresivamente en una nebulosa imprecisa; y la de las personas, los lugares, las versiones de uno mismo, las convicciones, las ilusiones y determinadas formas de entender la literatura. En definitiva, la despedida de la vida, que se nos escapa mientras se aproxima el final.

Y, sin embargo, contra lo que pudiera parecer, Despedidas no es un libro especialmente triste. La reflexión última de Barnes alude a la felicidad, no como estado permanente ni como vida resuelta, sino la que muestran los momentos de exaltación y placidez, la amistad, el amor, los libros, las conversaciones y los recuerdos, esas pequeñas cosas que quizá no parecen extraordinarias mientras ocurren, pero que terminan siendo lo que conservamos de una vida.

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Julian Barnes. Despedidas. Editorial Anagrama. Barcelona, 2026. Traducción Jaime Zulaika. 216 páginas. 19.90 euros

Alberto San Segundo - YouTube

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