En su homilía, el Superior del Colegio Seminario San Jerónimo une la festividad del pontífice polaco con el camino espiritual y la dimensión más humana de la santa.
La comunidad religiosa de Alba de Tormes ha celebrado el noveno día de la novena teresiana en la Basílica del Sepulcro de Santa Teresa de Jesús, ubicada en el convento de las Madres Carmelitas Descalzas. Como en los días anteriores, el sacerdote Manuel Briñón ha presidido la liturgia y ha pronunciado una homilía en la que ha vinculado la festividad de san Juan Pablo II con la devoción a la patrona de la localidad.
Durante su intervención, el predicador ha evocado el desplazamiento del pontífice polaco a la villa ducal. El religioso ha señalado que el papa acudió al municipio impulsado por el carisma de la mística, lo que supuso un suceso trascendental para los vecinos albenses.
"Fuimos testigos de un acontecimiento importante, grandioso y, sin duda, histórico para Alba de Tormes", ha asegurado Briñón. Asimismo, el sacerdote ha recordado que san Juan Pablo II proclamó ante el mundo y frente a las generaciones más jóvenes la consigna de abrir las puertas a Jesucristo sin temor.
A partir del magisterio de san Pablo en la carta a los Corintios, el presbítero ha resaltado que el amor debe ser la raíz de los creyentes. En este sentido, ha explicado cómo la religiosa orientó su existencia hacia la contemplación de Cristo crucificado, situando el encuentro divino en el recogimiento personal y alejándose de los apegos externos.
El predicador también ha reflexionado sobre la transformación de la identidad de la santa al asumir su consagración definitiva. "Pasa de ser llamada doña Teresa de Ahumada a llamarse ella misma Teresa de Jesús. Ha comprendido que es pertenencia de Jesús", ha precisado durante la predicación.
Más allá de sus distinciones institucionales como doctora de la Iglesia, doctora honoris causa por la Universidad de Salamanca y escritora del Siglo de Oro, Briñón ha reivindicado la faceta más sacrificada de la reformadora carmelita. El orador la ha definido como una "trabajadora infatigable" y una "sufridora de caminos y de personas que no la entendieron", sometida a continuos traslados en carreta mientras padecía problemas crónicos de salud, al tiempo que mantenía un trato fraterno con las hermanas y animaba las celebraciones comunitarias.
"Sentiremos más emoción y gozo cuando entendamos que ha llegado a tener un hábito y capa bordados en hilos de oro, porque se ha batido el cobre en el mundo con el hábito remendado, ajado y desgastado", ha enfatizado el padre Briñón para ilustrar su entrega material y espiritual.
Ante el regreso de la imagen procesional a la clausura del monasterio hasta el mes de agosto, el sacerdote ha pedido a los fieles que no conciban esta despedida como un adiós definitivo, ya que su mensaje sigue accesible en la vida conventual y en sus obras literarias. "Leamos a Teresa de Jesús, leamos a Santa Teresa, y el año que viene, más conocida y querida aún que este año será", ha concluido el religioso para que su magisterio continúe acercando a los creyentes a Jesucristo.