Si nos fijamos en nuestra sociedad más cercana y en nuestras hijas el acceso a la vivienda, como marcan las nuevas elecciones en un tema prioritario.
En el mundo en general la desigualdad de oportunidades. El abuso de poder y las guerras. No hacen falta muchos datos para ver una sociedad sin conciencia.
Me he cansado de las palabras que enmascaran mentiras, de la élite social que no me genera respeto. Estamos inmersos en una sociedad de influencers que convencen con distintos relatos de una misma realidad. Las religiones que se supone van al más allá también son cómplices de alianzas convenientes para la denostada clase política y económica.
Las palabras sin acciones comprometidas con los más vulnerados ya han pasado de sospechosas. Ni el fascismo, ni el comunismo.
Queremos cultivar una cultura que cree vida, no que la destruya. Aprendí la palabra rainmakers del padre general de los Escolapios. Hizo una exposición en la que comparaba los educadores con las hojas de los árboles. Transforman la luz en energía y el aire en crecimiento. Autótrofos gracias a la fotosíntesis, generadores de nuestro propio alimento entendido en un sentido amplio de la palabra.
No me refiero a ir por libre, sino a generar ecosistemas alternativos de vida, sostenibles en biodiversidad y respeto al medio, sin agotar los recursos.
No podemos querer consumir tanto, no podemos depender tanto del querer. Los hacedores de lluvia, son facilitadores de oportunidades que se salen de lo obvio. Debemos ser rainmakers. Otra organización es posible y otras formas verdaderas de encontrar la felicidad. Lo decía Albert Bandura a los adolescentes con su autoeficacia. Steve de Shazer con la terapia centrada en soluciones. Urie Bronfenbrenner psicólogo nacido en Moscú nos avisó de la teoría ecológica del desarrollo humano, todos los ecosistemas y cronosistemas influyen decisivamente en nuestros alumnos y en nuestros hijos.
Debemos centrarnos en pequeños cambios que hagan efecto dominó. Respecto a la política de la confrontación y del odio proponemos devover bien por mal. Proponemos centrarnos en las excepciones positivas de las personas y ampliarlas.
Tenemos que humanizar los conflictos, cuando los externalizamos, no buscamos matar al culpable sino no corresponsabilizamos en buscar una solución.
Tenemos recursos para creer e incitar a la esperanza. Conozco familias admirables que en situaciones límites ni se rinden, ni buscan excusas, se unen y reman. En el día a día podemos elegir nuestras acciones y compañía. Esto no lo resuelve un voto.
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