, 18 de octubre de 2026
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De Correos a la barra del pueblo: Verónica cambia de vida y homenajea a su abuela al reabrir el bar de Villar de Gallimazo
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De Correos a la barra del pueblo: Verónica cambia de vida y homenajea a su abuela al reabrir el bar de Villar de Gallimazo

Publicado 18/10/2026 12:06

Tras dejar su trabajo Verónica González López apuesta por una nueva vida el pueblo, donde regenta Casa Aurora 2.0, con apenas unos días de actividad y pretendiendo convertirse en punto de encuentro y disfrute, como ocurría en el bar de su abuela

Villar de Gallimazo vuelve a tener un lugar donde encontrarse, charlar y compartir el día a día. Detrás de esta nueva etapa está Verónica González López, una vecina muy vinculada al municipio que ha decidido dar un giro a su vida y apostar por el medio rural. Después de vivir en Peñaranda y trabajar en Correos, ha cambiado los kilómetros al volante y el reparto por las horas detrás de una barra. Lo hace al frente del único establecimiento hostelero del pueblo, al que ha bautizado como Casa Aurora 2.0, un nombre cargado de recuerdos que rinde homenaje al bar que regentó su abuela hace décadas, además justo en frente de este.

La reapertura llega después de un tiempo en el que los vecinos se quedaron sin ese punto de encuentro tan necesario en cualquier pueblo. El cierre de sus anteriores responsables dejó un vacío en la vida cotidiana de Villar de Gallimazo y coincidió, además, con un momento personal en el que Verónica sentía la necesidad de estar más cerca de sus padres, ya jubilados. «Quiero estar cerca de mis padres, porque tengo que ocuparme de ellos», explica. Una decisión que va más allá de un cambio de trabajo: también supone echar raíces de nuevo en el municipio, donde ha adquirido una vivienda para establecerse de manera permanente.

Tal y como explica, poner en marcha Casa Aurora 2.0 no ha sido cuestión de levantar la persiana y empezar a servir. Antes ha tocado trabajar duro para preparar, acondicionar y empezar a darle un toque personal a las instalaciones y dar vida nuevamente a la cocina para que todo estuviera preparado. Ahora, la apuesta pasa por la comida de siempre, esa que invita a sentarse sin prisas y disfrutar de los sabores conocidos. Verónica ofrece pinchos caseros, de los que ella misma define como «de puchero, tradición y sabor», y una cocina tradicional que mantenga la esencia de la hostelería de pueblo. También prepara comidas por encargo previo, todo para adaptarse a las necesidades de quienes se acerquen.

El cambio de vida ha sido importante. De un empleo en Correos sin plaza fija y de pasar buena parte del día en carretera, Verónica ha pasado a ponerse al frente de un negocio que exige dedicación, constancia y muchas horas. Pero también le permite ganar algo que para ella tiene un valor especial: tranquilidad y cercanía con los suyos. «Es un cambio muy grande, cambiar de vida», reconoce con ilusión al hablar de esta nueva aventura. Ahora, en lugar de recorrer kilómetros cada día, su jornada transcurre entre la barra, los fogones y las conversaciones con sus vecinos, en un entorno que conoce bien y al que está dispuesta a aportar todo lo que pueda.

En esta aventura no está sola. Su familia se ha convertido en un apoyo fundamental para sacar adelante el proyecto, especialmente durante estos primeros meses, en los que todavía quedan detalles por resolver. Mientras termina de acondicionar su propia casa, Verónica vive temporalmente con sus padres, que también se han implicado de lleno en esta nueva etapa. Su padre, en particular, está colaborando activamente en los trabajos de puesta a punto tanto de la vivienda como del establecimiento. El cambio también ha supuesto una adaptación para su hija, de 15 años, acostumbrada hasta ahora al ritmo de vida de una población más grande. Una nueva realidad para toda la familia, que poco a poco va encontrando su sitio en el pueblo.

En definitiva, esta nueva etapa vital ya en marcha y Verónica mira al futuro con ganas y con un deseo que va mucho más allá de que el negocio funcione. Quiere que el bar vuelva a ser ese espacio donde los vecinos se encuentran, se ponen al día y disfrutan de un rato de conversación. «Espero que vuelva a lo que era, que la gente vuelva a salir y que disfruten del bar», señala, avanzando ademas que prepara ya un espacio dedicado a los jóvenes, donde ofrecerá actividad continua . Con las puertas abiertas y los fogones encendidos, Villar de Gallimazo recupera un lugar para reunirse y compartir, y Verónica comienza una nueva etapa con la ilusión de quien apuesta por sus raíces y por mantener vivo el corazón de su pueblo.