Sábado, 17 de octubre de 2026
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Emancipación, ese objeto de deseo
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Al cabo de la calle

Emancipación, ese objeto de deseo

Publicado 17/10/2026 09:01

La prolongada crisis de la emancipación ha modificado el concepto propio de “emancipación” y hasta el de “juventud” que veníamos utilizando. Llamábamos juventud a aquella etapa del desarrollo humano que transcurre entre la adolescencia y la adultez y que, en términos generales y según diversas clasificaciones médicas y educativas, se sitúa entre los 18 y los 25 años. Si bien, en algunos contextos sociales, organismos oficiales o asuntos legales puede considerarse juventud hasta los 29 o 30 años e incluso hasta los 35 para algunos asuntos económicos.

Más allá de la cronología y hasta no hace mucho, la juventud era una etapa de transición cuya principal característica era la de caminar hacia una mayor independencia personal, familiar y económica que culminara en la emancipación antes de llegar a los 30 años, normalmente. Eso se ha roto y la emancipación ya no es cosa de la etapa de juventud, sino que ha pasado a ser cosa de la adultez. La nueva generación ya no puede irse de casa de sus padres siendo joven, se le echa la adultez encima.

El elemento fundamental que ha inducido la crisis de emancipación ha venido de la mano de otra crisis, la de la vivienda. La mitad de los jóvenes entre 25 y 34 años siguen viviendo con sus padres, porque no pueden comprar ni alquilar una vivienda para independizarse.

El último Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, publicado en mayo de 2026, sitúa la tasa de emancipación juvenil en apenas el 14,5 %. Es decir, que solo 14 de cada 100 jóvenes pueden emanciparse. Alquilar una vivienda en solitario exige destinar una media del 98,7 % del salario de una persona joven. O sea, todo lo que gana con su trabajo. La degradación es de tal naturaleza que tener trabajo ya no garantiza tener un techo propio en el que cobijarse. Solo una herencia, el aval familiar o tener pareja con la que poder sumar salarios, son las salidas para poder plantearse la emancipación.

Otra de las cuestiones fundamentales son las condiciones de la emancipación de aquellos que la consiguen. El Consejo de la Juventud español calcula que el 87 % de los jóvenes que se emancipan por medio del alquiler de vivienda lo hacen compartiendo esta. La oferta de habitaciones ha crecido un 85,4 % desde 2022 y el precio medio por habitación alcanza los 400 euros (dependiendo de las zonas) El mercado de la vivienda se adapta a esa demanda y cambia el concepto de vivienda-hogar que requiere la emancipación, tal y como la conocíamos, por el de habitacional, con la consiguiente reducción de espacios, servicios, eliminación de zonas comunes y degradación de la convivencia.

Por otra parte, la alternativa de independizarse sin salir de casa de sus padres, intentando hacerse una persona adulta, puede mejorar el posicionamiento en la casa o respecto a la familia, pero queda lejos de la emancipación.

Tampoco el irse al pueblo garantiza una vivienda independiente, aunque el hecho de alejarse de las grandes ciudades parezca una solución, porque se supone que el pueblo es un lugar más barato, la verdad es que no es tan evidente. En primer lugar, hay que pensar en de qué vas a vivir allí, necesitas un trabajo que no suele haber. En segundo lugar, la realidad es que la mayoría de las casas de los pueblos que están vacías se encuentran en una situación no habitable, requieren de grandes y costosas reformas a las que hay que sumarle el coste inicial de compra, que no es menor. Con frecuencia, alejarse de las ciudades no elimina el problema de la emancipación, solo lo cambia de lugar y de ambiente.

Ante tal situación, solo la herencia aparece como una salida hacia la emancipación, aunque incómoda. El alivio que pueda suponer la posibilidad de tener una casa tras la muerte de un familiar entra en contradicción con el sentimiento de tal pérdida. Y, si la vía para conseguir una emancipación estable depende de que la familia pueda transferir una vivienda, entonces aumenta la desigualdad, la división y la distancia entre los jóvenes de una misma generación: aquellos que disponen de patrimonio heredado en origen y aquellos que, por circunstancias de la vida o por escala social, no tienen una propiedad tras de sí.

En cualquier caso, las distintas situaciones u opciones no superan la frustración de la mayoría de los jóvenes de no poder emanciparse y alcanzar así sus sueños. La muerte de Maricarmen tras el desahucio, convertido en símbolo de la crisis de la vivienda, parece que ha conmovido a los jóvenes y estos han tomado conciencia de que no basta con cacarear en las redes sociales, sino que han de salir a las plazas y a las calles para defender su derecho a una vivienda digna que le facilite su emancipación e independencia.

El ya citado Observatorio de Emancipación del mes de mayo señala que la compra de una vivienda media de 223.000 euros exige reunir alrededor de 66.900 euros para dar la entrada. Lo que quiere decir que una persona joven tendría que destinar íntegramente 4,7 años de salario para acumular esa cantidad y luego quedaría la hipoteca.

Por todo ello, la gran crisis de la vivienda ya no solo enfrenta los intereses de propietarios e inquilinos, también hace inviable la emancipación de los jóvenes y de los adultos, con lo que la familia acaba siendo una parte significativa de la política de vivienda privada que incrementa las desigualdades.

Desigualdad que está tejiendo el mundo y que provoca una división social. En el caso que nos ocupa, separando a quienes pueden recibir una casa en herencia, presentar un aval, utilizar un inmueble familiar o quedarse con sus padres mientras ahorran, de quienes no disponen de esas ayudas y no pueden emanciparse, que son los más.

No es de extrañar que se esté dando el despertar político de una generación que no puede emanciparse. Los jóvenes, y no tan jóvenes, están cansados de no ser escuchados ni atendidos en sus reivindicaciones. Es por ello que, en varios países europeos, están sacando a la calle su hartazgo en forma de protesta y ocupación del espacio público.

Confiemos en que los dirigentes políticos tomen nota y den soluciones a una necesidad social de primer orden, como es la emancipación e independencia para hacer nuevos proyectos de vida y en la que el hogar constituye el elemento imprescindible de la existencia humana en sociedad.

Escuchemos a Nino Bravo en “Esa será mi casa”:

https://www.youtube.com/watch?v=8_ALMEaeLtg&list=RD8_ALMEaeLtg&start_radio=1

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© Francisco Aguadero Fernández, 17 de octubre de 2026

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