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Hostelería pide al Ayuntamiento que regule las barras y los espectáculos musicales de barrios y pedanías
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Ciudad Rodrigo | Límite a las fiestas

Hostelería pide al Ayuntamiento que regule las barras y los espectáculos musicales de barrios y pedanías

Publicado 16/10/2026 16:38

EL presidente de Hostelería advierte de la creciente proliferación de fiestas vecinales con barras de bar y actuaciones musicales hasta la madrugada, mientras Las Canteras mantiene sus actividades de Halloween pese a no haber alcanzado un acuerdo con el sector hostelero

Las fiestas de los barrios de Ciudad Rodrigo han ido ganando protagonismo con el paso de los años. Lo que en otro tiempo eran pequeñas verbenas, reuniones vecinales y barras de bar instaladas puntualmente con motivo de las celebraciones tradicionales, se ha transformado en algunos casos en acontecimientos de mayor envergadura, con orquestas de primer nivel, disyóqueis capeas y actividades capaces de congregar a un público numeroso. Una tendencia al alza que, además, comienza a extenderse a las pedanías y que ha abierto un debate sobre los límites entre la dinamización de la vida vecinal y la actividad económica de la hostelería profesional.

El fenómeno no es nuevo, pero sí parece haber adquirido una dimensión diferente. Las fiestas populares han evolucionado al compás de los tiempos, las modas y las posibilidades técnicas, hasta convertirse en ocasiones en auténticas macrocelebraciones que muchos municipios de la comarca mirobrigense desearían para sus propios programas festivos. Vaquillas, orquestas, barras de bar y sesiones musicales que se prolongan hasta altas horas de la madrugada forman parte de una oferta de ocio que despierta el interés de vecinos y visitantes.

Detrás de esta evolución existe también una cuestión económica. Las asociaciones vecinales cuentan con el apoyo del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, que contempla ayudas anuales de hasta 1.600 euros, sujetas a la correspondiente justificación de gastos. Una cantidad que, según se desprende de la dimensión que han adquirido algunas celebraciones, resulta insuficiente para sufragar programas festivos cada vez más ambiciosos. La instalación de barras de bar y la organización de espectáculos musicales se han convertido así en una de las principales fórmulas para obtener recursos con los que financiar estas actividades.

Es precisamente en este punto donde la Asociación de Hostelería de Ciudad Rodrigo sitúa sus objeciones. Su presidente, Francisco Carpio, ha mantenido recientemente una reunión con el alcalde mirobrigense, Marcos Iglesias, y la delegada de Servicios y Políticas Sociales, Joana Veloso, para trasladarles la preocupación del sector ante una práctica que, a su juicio, puede generar situaciones de desigualdad y perjudicar los intereses comerciales de los establecimientos hosteleros.

La Asociación no cuestiona el derecho de los barrios a celebrar sus fiestas ni la importancia de que las asociaciones vecinales mantengan viva la convivencia. Su preocupación se centra en las condiciones en las que se desarrollan determinadas actividades y en la necesidad de que existan criterios comunes que permitan compatibilizar las iniciativas populares con los negocios que mantienen abierta su actividad durante todo el año.

Diferentes reglas para una misma actividad

Francisco Carpio considera que existe una diferencia difícil de justificar entre las exigencias que debe cumplir un establecimiento hostelero y las que, según denuncia, se aplican a algunas barras instaladas durante las fiestas vecinales.

El presidente de los hosteleros recuerda que los bares y restaurantes encuentran importantes restricciones a la hora de organizar actuaciones musicales en sus terrazas. Según explica, la instalación de una simple radio en el exterior puede encontrar impedimentos y, cuando se solicita autorización para una actuación musical, esta puede quedar limitada hasta las diez de la noche. A ello se suman los trámites administrativos, el pago de las correspondientes tasas, las obligaciones relacionadas con el uso de las terrazas, el control del ruido y las exigencias sanitarias y laborales.

Frente a estas obligaciones, denuncia que algunas barras de fiestas vecinales pueden ofrecer sesiones de DJs hasta las cuatro de la madrugada sin que, a su entender, exista un control del ruido equivalente al que soportan los establecimientos profesionales.

La cuestión, por tanto, no se limita a la celebración de una fiesta o a la instalación puntual de una barra. El debate afecta a las condiciones en las que se presta un servicio de hostelería, al horario de las actividades musicales y a la aplicación de las normas que regulan el desarrollo de este tipo de eventos.

Desde la perspectiva del sector, la existencia de requisitos diferentes puede acabar colocando a los negocios tradicionales en una posición desfavorable frente a iniciativas que, aunque tengan una finalidad vecinal y carezcan de ánimo de lucro particular, ofrecen servicios similares y compiten por el mismo público.

Una competencia que se prolonga más allá del verano

La preocupación de la Asociación de Hostelería no se circunscribe exclusivamente a las fiestas patronales de los barrios durante el verano. Según advierte Carpio, la tendencia comienza a extenderse a otras fechas señaladas del calendario, como la Navidad o Halloween, multiplicando las ocasiones en las que se organizan actividades con barras y espectáculos musicales.

Esta ampliación del calendario festivo es uno de los aspectos que más inquietud suscita entre los profesionales del sector. Mientras los establecimientos hosteleros afrontan durante los doce meses del año los gastos de personal, alquileres, suministros, impuestos y tasas, además de las obligaciones derivadas de la actividad y de la ocupación de terrazas, determinadas iniciativas vecinales pueden concentrar una oferta de ocio extraordinaria en fines de semana y fechas estratégicas, especialmente durante la temporada estival.

Carpio considera que esta situación puede ocasionar un perjuicio económico al tejido hostelero local y cuestiona que el Ayuntamiento pueda terminar amparando, de manera directa o indirecta, actividades que compiten con negocios sometidos a obligaciones permanentes.

El problema adquiere especial relevancia en una ciudad como Ciudad Rodrigo, donde la hostelería forma parte de la estructura económica y comercial, contribuye a la generación de empleo y mantiene una actividad que no se limita a las grandes celebraciones del calendario festivo.

Desde esta perspectiva, los hosteleros reclaman que el debate se aborde con criterios generales y no únicamente cuando surge una controversia concreta. La intención, según defienden, es que se establezcan unas condiciones claras para todos los implicados y que la organización de fiestas populares no derive en una competencia que consideran desigual.

Las Canteras mantiene sus actividades de Halloween

La controversia ha adquirido actualidad con motivo de las actividades que la Asociación de Vecinos Las Canteras prepara para el próximo 31 de octubre. El colectivo ha confirmado que seguirá adelante con las propuestas «El Misterio de la Luna de Halloween» y «El Túnel del Terror», pese a no haber alcanzado un acuerdo con la Asociación de Hostelería de Ciudad Rodrigo.

La asociación vecinal hizo pública su decisión después de una semana marcada, según relata en un comunicado, por la incertidumbre y las dificultades para encontrar una salida consensuada. El colectivo asegura haber intentado alcanzar un entendimiento en hasta tres ocasiones, explorando diferentes horarios y alternativas, sin que las conversaciones hayan permitido cerrar un acuerdo.

En su comunicado, Las Canteras sostiene que las actividades pretenden ofrecer una alternativa de ocio a los vecinos y recaudar fondos para sufragar los gastos de la decoración navideña del barrio. La entidad trabaja en recuperar la actividad vecinal después de un parón de casi seis años, con la intención de fomentar la convivencia y devolver el dinamismo a la zona.

La asociación defiende que no persigue ningún beneficio particular ni pretende perjudicar al sector hostelero, sino reinvertir los recursos obtenidos en iniciativas destinadas a mejorar el barrio. Desde esta posición, considera que las actividades empresariales y las propuestas impulsadas por el asociacionismo vecinal pueden convivir sin que unas deban renunciar necesariamente a su celebración en favor de otras.

Las dos propuestas previstas para Halloween tienen destinatarios diferentes. «El Misterio de la Luna de Halloween» está dirigido al público infantil, mientras que «El Túnel del Terror» se orienta a jóvenes y adultos. Según explica la entidad, ha presentado ante el Ayuntamiento las memorias descriptivas y la documentación requerida para tramitar los permisos necesarios.

Las Canteras también agradece al Consistorio las gestiones y reuniones mantenidas para intentar compatibilizar las distintas propuestas, así como las muestras de apoyo recibidas por parte de los vecinos. Con todo ello, la asociación mantiene su convocatoria para la noche del 31 de octubre.

El reto de encontrar un punto de encuentro

El desencuentro entre hosteleros y vecinos pone sobre la mesa una cuestión que trasciende las actividades de Halloween. Ciudad Rodrigo cuenta con un tejido asociativo que contribuye a mantener vivas las relaciones vecinales y a dinamizar los barrios, pero también con establecimientos hosteleros que deben responder a obligaciones económicas, fiscales, laborales y administrativas durante todo el año.

Ambas realidades forman parte de la vida de la ciudad y, precisamente por ello, el conflicto exige algo más que una discusión puntual sobre una barra de bar o un espectáculo musical. La cuestión de fondo es cómo compatibilizar el legítimo interés de las asociaciones por organizar actividades y obtener recursos para sus barrios con el derecho de los profesionales a desarrollar su negocio en unas condiciones que consideren equitativas.

Francisco Carpio insiste en que la Asociación de Hostelería no está en contra de las fiestas de los barrios ni de las pedanías. Su planteamiento pasa por alcanzar un acuerdo entre las asociaciones vecinales y el Ayuntamiento que permita establecer criterios compartidos y evitar perjuicios entre unos colectivos y otros.

La demanda del sector hostelero apunta, por tanto, a la necesidad de ordenar una realidad que ha crecido al calor del éxito de las celebraciones populares. La proliferación de eventos, la ampliación de sus horarios y su extensión a nuevas fechas del calendario hacen cada vez más necesario aclarar qué condiciones deben cumplir las barras, qué autorizaciones requieren las actuaciones musicales y cómo se garantiza el respeto a las normas aplicables.

El desafío municipal consiste en encontrar ese equilibrio sin desnaturalizar las fiestas vecinales ni ignorar las inquietudes de quienes mantienen sus negocios abiertos durante todo el año. La convivencia entre el asociacionismo y la hostelería no debería plantearse como una competición en la que unos ganen a costa de otros, sino como una oportunidad para ordenar las actividades, aportar seguridad jurídica y preservar tanto la vitalidad de los barrios como la salud económica del comercio local.