El provincial de la Orden de los Carmelitas Descalzos en España centra su homilía en la vigencia del mensaje teresiano ante el activismo y la dispersión contemporáneos.
La villa de Alba de Tormes ha celebrado una nueva jornada de devoción carmelitana en torno a su patrona. Tras el recorrido procesional de la imagen de Santa Teresa y la reliquia del Santo Brazo por las calles de la localidad, la Basílica de la Anunciación ha acogido la misa correspondiente a la novena.
La eucaristía ha estado presidida por el padre Francisco Sánchez Oreja, provincial de la Orden de los Carmelitas Descalzos (OCD) de la Provincia de Santa Teresa de Jesús en España. Durante su homilía, el sacerdote ha abordado la vigencia del mensaje teresiano frente a los desafíos del ser humano contemporáneo.
El templo albense, que custodia el cuerpo y las reliquias de la mística abulense, ha servido de escenario para recordar que su trayectoria vital comenzó en Ávila, concluyó en tierras salmantinas y terminó transformando a la Iglesia universal. A lo largo de su predicación, el provincial carmelita ha desmitificado las visiones idealizadas de la religiosa y ha recordado que su camino espiritual incluyó dudas, dificultades y resistencias personales.
Sánchez Oreja ha subrayado durante su intervención que "Teresa no nació siendo Santa Teresa", incidiendo en que no vino al mundo con todas las respuestas claras ni con el corazón unificado desde el principio. Según ha manifestado el sacerdote, su santidad se forjó recorriendo "una historia real, con sus búsquedas, sus luchas, sus contradicciones y sus descubrimientos".
En este sentido, el predicador ha insistido en que la cercanía de la fundadora con los creyentes actuales radica en que no se dirige a ellos desde un plano inalcanzable. Teresa "no nos habla desde una humanidad ideal, sino desde una humanidad que tuvo que dejarse trabajar por Dios", ha reflexionado ante los fieles congregados en la basílica albense.
A partir del testimonio de la santa, el provincial ha analizado los ritmos de vida actuales, marcados por la exigencia permanente, la dispersión y la hiperactividad. El religioso ha advertido del peligro de reducir la vida cotidiana a un simple cumplimiento de tareas externas que descuide el sentido profundo de la existencia.
Según ha señalado Sánchez Oreja, la sociedad actual empuja a las personas "a estar disponibles para todo, a responder inmediatamente, a producir, a demostrar que podemos, a no quedarnos atrás". Esta dinámica dificulta el silencio y la escucha interior, lo que impide reconocer el cansancio acumulado y las propias debilidades.
Frente a esta dispersión, el sacerdote ha matizado que "el problema no es tener muchas cosas que hacer", sino que la dificultad comienza "cuando las ocupaciones terminan ocupándolo todo y el corazón se queda sin espacio".
Ante esta situación, la homilía ha planteado la necesidad de recuperar la interioridad, alejándola de concepciones narcisistas o de un repliegue evasivo frente a los problemas del mundo. La espiritualidad de Teresa de Jesús propone buscar un centro personal sosegado y sólido.
Ese movimiento interior busca enseñar a las personas a "aprender a vivir desde un centro que no esté dominado por el ruido ni la prisa ni por el miedo o la necesidad constante de aprobación", ha explicado el predicador. Asimismo, ha apuntado que el encuentro con Dios transforma la vida cotidiana sin limitarse a sumar prácticas religiosas, y que el amor divino no exige una perfección inicial, sino una apertura honesta para iniciar una renovación profunda.
Para concluir su intervención, el padre Sánchez Oreja ha recordado que la fundadora fue al mismo tiempo una mujer contemplativa y una trabajadora que afrontó los viajes, la incomprensión y las limitaciones de su época. El provincial ha recalcado que la madurez espiritual debe plasmarse en gestos de paciencia, cercanía y compasión, y que no consiste en la ausencia de adversidades cotidianas: "La prueba es que aprendamos a atravesarlas sin perder la capacidad de amar".