En este colegio, aprender forma parte de algo más amplio: ayudar a los alumnos a descubrir quiénes son y qué tipo de personas quieren llegar a ser
¿Qué significa educar hoy? En Maristas Champagnat de Salamanca creen que la respuesta no cabe únicamente en un libro, en una asignatura o en un aula. Educar también es acompañar, escuchar, abrir preguntas, aprender a convivir, descubrir lo que cada uno puede aportar y ofrecer oportunidades para crecer.
En este colegio, aprender forma parte de algo más amplio: ayudar a los alumnos a descubrir quiénes son y qué tipo de personas quieren llegar a ser. Por eso buscamos que cada día sea una oportunidad para aprender, pero también para jugar, preguntar, sorprenderse, sentirse escuchados y encontrar su propio camino.
Esa mirada se concreta en distintas experiencias que forman parte de su manera de entender la educación. Algunas tienen que ver con el deporte; otras, con su identidad Marista y cristiana. Todas comparten una misma idea: poner a la persona en el centro.
En el deporte hay esfuerzo, compañerismo, disciplina, superación y aprendizaje. Por eso ocupa un lugar importante dentro del proyecto educativo. Cada entrenamiento y cada partido pueden convertirse también en una pequeña lección para la vida: aprender a trabajar en equipo, respetar al contrario, gestionar la frustración, celebrar los logros de los demás y descubrir que, en ocasiones, el verdadero aprendizaje está en volver a intentarlo.
El objetivo es que los alumnos disfruten haciendo deporte, pero también que descubran todo lo que ocurre mientras lo practican. Porque educar en el deporte es educar también en la relación con los demás, en el esfuerzo y en la capacidad de seguir adelante cuando las cosas no salen como esperábamos.
¿Y si escuchar una historia de la Biblia pudiera convertirse en una experiencia que niños y adolescentes recuerden, sientan y hagan suya?
Esa es una de las propuestas de Godly Play, una manera diferente de acercarse a la Biblia desde la experiencia y la narración. A través de historias, materiales, símbolos y un espacio preparado para favorecer la escucha y la reflexión, los alumnos no reciben simplemente una explicación. Se les invita a observar, imaginar, hacerse preguntas y encontrar sus propias respuestas.
De esta forma, la educación religiosa se convierte también en un espacio para detenerse, escuchar y preguntarse. Una experiencia viva, creativa y significativa que forma parte de nuestra identidad Marista y cristiana.
Pero si hay algo que atraviesa nuestra manera de entender la educación es la cercanía.
Estar cerca significa conocer a los alumnos, saber cómo están, escuchar lo que necesitan y detectar cuándo necesitan ayuda. Significa celebrar sus avances y acompañarlos cuando algo no sale como esperaban. Y, sobre todo, significa entender que no todos aprenden de la misma manera ni necesitan lo mismo en cada momento.
Cada niño necesita sentirse visto, escuchado y valorado. Por eso quieren acompañar procesos, generar confianza y ayudar a cada alumno a descubrir sus capacidades. A veces, una conversación en el momento adecuado puede abrir una puerta que ninguna explicación habría conseguido abrir.
El deporte, la experiencia de la fe y la cercanía son caminos diferentes, pero conducen a un mismo lugar: una educación que mira al alumno en su totalidad.
Porque quieren que sus alumnos salgan del colegio sabiendo muchas cosas, sí. Pero también quieren que sepan quiénes son, qué pueden aportar, cómo relacionarse con los demás y cómo enfrentarse a los retos que encontrarán a lo largo de la vida.
Para eso hace falta algo más que libros y aulas. Hace falta un colegio que esté vivo. Un colegio en el que ocurran cosas, en el que haya espacio para aprender y también para hacerse preguntas, para equivocarse, volver a intentarlo, sentirse acompañado y descubrir nuevas posibilidades.
