Alejandra Nieto cambió su trabajo en zoológicos de Madrid para fundar en 2013 El Obrador de Momo en Montemayor del Río. En este municipio salmantino diseña piezas exclusivas de cerámica artesanal para particulares y reconocidos restaurantes con estrella Michelin.
El proyecto artesanal El Obrador de Momo elabora desde la provincia salmantina vajillas exclusivas destinadas a restaurantes de alta gastronomía y clientes particulares. Su creadora, Alejandra Nieto, conmemora este jueves 15 de octubre el Día Internacional de la Mujer Rural consolidada en la localidad de sus raíces familiares tras dejar atrás su vida en la capital de España.
La trayectoria de esta emprendedora en el corazón de la sierra salmantina comenzó en el año 2013, cuando decidió cambiar el ritmo urbano por la tranquilidad de Montemayor del Río. Antes de este giro vital, su rutina laboral transcurría en un ámbito muy distinto: "Soy de Madrid, y yo me dedicaba a trabajar en zoológicos con animales salvajes", recuerda la artesana sobre su etapa previa a instalarse en el medio rural.
El vínculo con este municipio salmantino procede de sus propias raíces familiares, ya que tanto su madre como los padres de su pareja descienden de la localidad. Debido a la emigración que se produjo en las décadas de los 60 y 70 desde este punto de la comarca hacia Suecia, el municipio cuenta con una amplia colonia sueca, país en el que nació y se crió su compañero sentimental.
El proyecto de vida en común cobró forma cuando él, dedicado al sector de la exportación, decidió dejar Estocolmo y contactar con Nieto para regresar a los orígenes que ambos compartían desde niños. "Me recoge en Madrid y dice: 'Venga, vamos a emprender en el medio rural y vamos a empezar'", relata sobre el momento en que llegó al pueblo, inicialmente sin empleo debido a la imposibilidad de continuar allí con su profesión en zoológicos.
La disponibilidad de tiempo en su nuevo destino le permitió retomar su vocación por la pintura y las artes plásticas, una afición que mantenía desde pequeña. Tras formarse en cerámica, optó por unir ambas disciplinas para pintar sus propios platos y tazas, instalando un primer taller en su domicilio particular con cierta incertidumbre sobre la acogida que tendrían sus diseños.
El centro de operaciones actual abrió sus puertas en el año 2019 gracias al incremento constante de encargos y al respaldo de la asociación comarcal ADRISS (Asociación para el Desarrollo Rural Integral de las Sierras de Salamanca). Los primeros pedidos de familiares y amigos dieron paso a una demanda creciente a través de las redes sociales, vía por la que esta entidad de las sierras de Salamanca contactó con la creadora para ofrecerle asesoramiento y apoyo.
Este impulso se tradujo en la adquisición de una vivienda antigua en el núcleo urbano que había funcionado en el pasado como taller de cestería. El inmueble se divide en dos alturas: la planta superior alberga la zona de producción cerámica, mientras que la planta baja acoge una tienda física con exposición abierta al público.

A pesar de que la localidad no registra un turismo masivo en comparación con otros puntos de la provincia, la artesana tuvo claro desde el principio que su negocio debía ubicarse en este enclave. "Podía a lo mejor haber abierto el taller y la tienda en otro sitio con más turismo, pero para mí Montemayor se lo merece todo", afirma Alejandra Nieto, quien destaca que el obrador arrancó prácticamente con lista de espera desde su inauguración.
El trabajo de esta ceramista ha logrado que el nombre del municipio viaje hasta las mesas de restaurantes con estrella Michelin, para los cuales diseña y fabrica sus soportes culinarios. Su interés por la alimentación y la gastronomía la llevó desde el inicio a buscar colaboraciones directas con chefs profesionales para desarrollar proyectos conjuntos.
El proceso de creación y las características de sus obras se dividen en diferentes líneas de trabajo y compromisos ambientales:
La comercialización de estas piezas exclusivas, cuyo valor puede rondar los 100 euros por plato en determinados diseños, se gestiona mayoritariamente a través de la venta online, complementada con la atención presencial en su tienda expositora.
Los propios habitantes de la localidad se han convertido en algunos de sus mejores clientes, superando el escepticismo inicial que generó la apertura de un negocio de estas características. En un pueblo sin apenas comercio, donde la artesanía histórica se vincula a la cestería de castaño, los vecinos pensaban en un primer momento que la tienda se dedicaría a la venta de recuerdos turísticos económicos, como imanes del castillo.
"Me decía la gente: 'Uf, bonita, es que eso no va a funcionar aquí'", recuerda entre risas sobre las advertencias vecinales ante la falta de tránsito comercial. Sin embargo, su apuesta por las vajillas especiales de calidad terminó convenciendo a la población local, incluso a la de mayor edad, que acude de forma asidua al taller para encargar regalos de celebraciones familiares o piezas para vestir sus propias mesas.
Esta integración con el entorno y la cultura provincial se refleja directamente en varias de las colecciones y trabajos que salen de su horno:

Cumplidos los 13 años de residencia en la provincia de Salamanca, el balance personal y profesional de la ceramista confirma el arraigo definitivo de la pareja en la comarca. El cambio de la gran ciudad por un entorno natural le permite desplazarse a diario en bicicleta hasta su puesto de trabajo y disfrutar de una rutina marcada por el silencio. "Es respirar, es tranquilidad, y eso Madrid no me lo ha dado nunca", asegura Alejandra, quien confiesa que en sus visitas familiares a la capital evita permanecer más de dos días seguidos.
Más allá del paisaje, la emprendedora valora la solidaridad comunitaria y el cuidado mutuo que experimentó especialmente a raíz de la pandemia. Frente al individualismo urbano, destaca la preocupación constante de los habitantes del pueblo por el bienestar de sus convecinos y el respeto hacia las personas mayores.
Esta red de apoyo se traduce en un intercambio cotidiano en la puerta de su propio taller. Mientras ella asiste con frecuencia a los vecinos en trámites de papeleo y gestiones de ordenador, ellos responden con muestras de afecto y productos de sus cosechas. "Aparece un vecino con un bizcocho que te ha hecho, o ahora en la época del huerto todos los días abres la puerta y te han traído dos tomates o dos pimientos; vivir como vivimos nosotros es una maravilla", concluye la artesana.