Afincado en la capital salmantina desde los 15 años, el joven aragonés analiza su evolución profesional y personal antes de doctorarse en su tierra natal de manos de Morante de la Puebla y Diego Urdiales.
Bajo la imponente silueta del Puente Romano de Salamanca, con las aguas del río Tormes como testigo silencioso y la luz dorada del otoño acariciando las piedras centenarias, Iker Fernández 'El Mene' se muestra reflexivo y sereno ante el compromiso que cambiará su vida. Llegado a tierras charras con apenas 15 años para ingresar en la Escuela de Tauromaquia de Salamanca, el joven espada aragonés ha forjado en este rincón monumental un concepto artístico y una madurez interior que le han servido para ganarse el respeto y el cariño de una afición que ya lo considera un salmantino más.
Este escenario de introspección dará paso el próximo sábado 17 de octubre al doctorado en la plaza de toros de la Misericordia de Zaragoza. En una cita con su propia historia, 'El Mene' tomará la alternativa en un cartel de máxima categoría, que contará con Morante de la Puebla como padrino y Diego Urdiales como testigo.
Pregunta: Echando la vista atrás, ¿qué queda en estos momentos de aquel niño de Zaragoza que un día soñó con ser torero?
Respuesta: Bueno, yo creo que siempre voy a ser ese niño que ha perseguido sus sueños. Esta es la profesión más bonita pero también la más dura. Estoy muy satisfecho del camino que estoy llevando y, cueste lo que cueste, seguiremos adelante.
P: ¿Por qué eligió Salamanca para ser torero?
R: Salamanca ha sido, es y será tierra de toros y toreros de toda la vida. Y, por supuesto, por su escuela taurina, que aporta una formación y unos valores que, para mí, la convierten en la mejor. Fue una decisión muy acertada. Le debo todo. Y aprovecho para darle las gracias de todo corazón.

P: ¿Fue dura esa etapa en la escuela para un chaval que venía de fuera, solo y sin sus padres a una ciudad nueva?
R: La familia siempre se nota, y más en una profesión tan complicada y dura como esta. Sin ellos, todo se resiente un poco más. Por suerte, mis padres se vinieron a vivir aquí dos años y medio después, lo que supuso una motivación muy grande al sentir que estaba de verdad en casa, arropado por los míos. Se hace duro al principio, pero te metes en el sueño de ese niño del que hablábamos y luchas por conseguirlo. Y aquí estamos.
P: Comentaba que Salamanca se lo ha dado todo a nivel profesional y personal.
R: Sí, he hecho muchas amistades y he tenido muy buenos compañeros. Eso te da una seguridad muy importante para vivir y socializar.
P: Tras su debut en el Carnaval del Toro de 2024, su eclosión llegó tras un parón.
R: Exacto. Debuté en Ciudad Rodrigo en febrero y luego hubo un parón en el que no toreé hasta agosto, cuando lo hice en Calatayud, mi pueblo. Después apareció el Circuito de Novilladas de Castilla y León, donde corté dos orejas en la primera fase, cuatro en la segunda y logré ganar la final. A eso se sumaron los triunfos en el prestigioso certamen del Alfarero de Oro de Villaseca y la Vid de Oro de Arganda del Rey. Gracias a estos tres certámenes, la temporada pasada pude quedar el primero del escalafón de novilleros. Estar ahí posicionado hoy en día es muy difícil porque hay muchos intereses y todo está muy complicado. Para mí fue un auténtico privilegio.
P: ¿Cómo se asume esa presión? No debe de ser fácil pasar de estar prácticamente parado a verse en todas las ferias.
R: Es difícil de asimilar un cambio tan repentino y grande. Pisar todas las ferias siendo un chaval tan nuevo, que apenas había toreado doce novilladas, es un arma de doble filo. Vas a todos los sitios, pero a lo mejor no vas con la preparación necesaria para ciertas plazas de máxima responsabilidad.

P: Tras un 2025 que finaliza como líder del escalafón, llega otro parón. ¿Por qué?
R: Son muchos factores. La verdad es que en ciertas plazas de relevancia tenía que haber triunfado y no fui capaz de hacerlo. Eso te pasa factura en el toreo y en la vida en general. Cuando no estás preparado o capacitado, pasan estas cosas.
P: Sorprende su nivel de autocrítica.
R: Creo que hay que ser exigente con uno mismo. Las cosas, para bien o para mal, pasan por algo. Ha sido duro, pero me ha servido para aprender que esto no es un camino de rosas, sino de mucho sacrificio, lucha y altibajos.
P: De todas las plazas que pisó en su etapa de novillero, ¿cuál fue la que más le impactó?
R: Madrid, siempre Madrid. Las Ventas tiene un nivel de exigencia muy grande. Cuando vas rodado y preparado, la responsabilidad se lleva mejor, pero si vas poco toreado, poco preparado y poco mentalizado, te la juegas a carta cabal porque no sabes ni por dónde te viene el aire. Madrid quiere las cosas muy claras y todo muy rápido; no te esperan, o si lo hacen, tiene que pasar algo importante en el ruedo.
P: Imagino que, de las plazas que le han quedado pendientes en esta etapa, la que más le duele es Salamanca.
R: Aunque triunfé como novillero sin picadores en La Glorieta es una pena no haber podido torear con caballos en Salamanca, era una gran ilusión. Espero poder hacerlo pronto como matador de toros en su feria, que para mí es una de las más importantes y toreras del panorama.
P: Tras la temporada del año pasado, cuando partía como uno de los novilleros punteros para este 2026, se queda prácticamente en blanco, decide romper su apoderamiento y quedarse solo.
R: Es muy complicado tomar la decisión de quedarte solo, sabiendo lo que ello conlleva. Necesitaba buscar mi propio camino y cambiar de aires. Creo que me ha venido muy bien a nivel mental y anímico para volver a sentir lo que hago. El año pasado me sentía a veces como un pan sin sal, y este año he logrado recuperar mi versión, reconociéndome a mí mismo como persona y como torero.

P: ¿Quiénes han estado a su lado este año?
R: Me ha estado acompañando el maestro Juan Ramos, matador de toros de Zaragoza. Ha sido una persona clave para llamar a las empresas, conseguir las novilladas, el campo y los entrenamientos. Aporta esa sabiduría de los toreros antiguos. Le tengo un cariño enorme por cómo se ha volcado conmigo de manera totalmente desinteresada, defendiéndome a muerte en todos los sitios.
P: Al principio de la temporada el objetivo era tomar la alternativa lo antes posible, pero el proceso se retrasó. ¿Llegó a perder la ilusión de que se diera este año?
R: Sí, cuando llamas para la alternativa y te dicen que no puede ser, te vienes abajo porque no sabes cuándo llegará el momento. Además, nos pasó dos veces: primero llamamos a Valencia y no pudo ser, y luego iba a tomarla en San Jorge (Zaragoza) y finalmente no se dieron toros. Son dos golpes muy fuertes. Pero, gracias a Dios, ha llegado el día soñado.
P: Al ver su nombre anunciado junto a estos dos figurones del toreo, ¿qué se siente?
R: A veces es mejor no pensarlo mucho porque impone una gran responsabilidad y un respeto enorme hacia los maestros. Pero es mi día, tengo que afrontarlo con toda la ilusión del mundo y tengo claro que lo voy a disfrutar al máximo.
P: De alguna manera se cierra el círculo: aquel niño que salió de Zaragoza para buscarse la vida regresa a su tierra para convertirse en matador de toros.
R: Es muy bonito tener que marcharte de tu tierra para buscar oportunidades y labrarte un futuro, y ahora poder volver a Zaragoza para doctorarte. Han sido cinco o seis años de carrera en los que llegué a Salamanca sin nada y ahora regreso como matador de toros. Ahí se refleja el gran trabajo de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca, la técnica, el oficio y los valores que te transmiten. No es nada fácil tomar la alternativa en cinco años.

P: ¿Qué espera de esta nueva etapa que se abre como matador de toros?
R: Sé que va a ser muy duro, es otra guerra totalmente diferente. Mi sueño es poder compartir carteles y torear corridas bonitas con las máximas figuras del toreo.
P: Para terminar, aunque se doctora en Zaragoza, ¿Salamanca siempre será especial?
R: Desde luego. Ya se lo he dicho a mis padres: a mí de Salamanca es muy difícil que me muevan. Es una tierra en la que estoy muy a gusto, donde me siento torero y se respira una armonía taurina única. Hay muchos compañeros y, para mí, es el centro de la tauromaquia. Nací en Zaragoza y soy torero de allí, pero también me siento torero de Salamanca porque es la tierra que me lo ha dado todo taurinamente. Mi corazón está un poco dividido entre ambas tierras.

FOTOS: David Sañudo