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El discurso electoral y los bulos
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Desde la Code. Profesor de Derecho Penal de la Usal

El discurso electoral y los bulos

Publicado 10/10/2026 00:53

El lenguaje del discurso político en España lleva años sumido en cloacas sucias y malolientes. Qué lejos quedan aquéllos tiempos, sobre todo los de la transición política hasta bien entrada la década de los 90 del pasado siglo; época en la que un político resentido y con una ambición desmedida por el poder, José María Aznar, comenzó a utilizar el terrorismo de ETA como señuelo electoral, culpando al gobierno de turno -en ese momento el de Felipe González- de no gestionar adecuadamente la política antiterrorista, atacando despiadadamente -aupado por sus aduladores mediáticos como Luis M. Ansón ó Pedro J. Ramírez- al entonces presidente del Gobierno. Es más, después de ganar las elecciones generales de 1996, estos aduladores mediáticos reconocieron que tuvieron que exagerar en las descalificaciones y potenciar los bulos porque de otra manera “no hubieran podido acabar con el gobierno socialista”.

La derecha continuó con un comportamiento político parecido y cuando detectaban que alguna gestión realizada por el gobierno, cuando lo ostentaban, era duramente criticada por la opinión pública -como el apoyo del gobierno de Aznar a la guerra contra Irak- captaban la atención de sus electores transmitiendo a la opinión pública que iban a acabar con el terrorismo y las conductas delictivas más graves proponiendo un incremento desproporcionado de las penas previstas para estos delincuentes en el Código Penal. Es decir, populismo punitivo puro y duro. Es la vieja táctica de las formaciones políticas ultraconservadoras, que pretenden adoctrinar a los ciudadanos y convencerles de que son ellos los que únicamente pueden resolver el problema del delito, siempre con penas más elevadas y con “mano dura”. Buscan el voto de los ciudadanos transmitiéndoles miedo para que éstos prioricen la seguridad, siempre por encima del respeto a la libertad y a los derechos humanos. Es el típico mensaje de Hobbes, por el que los ciudadanos entregan la libertad al Estado a cambio de que éste les ofrezca seguridad. Es más, incluso en países como España, uno de los países con las tasas de criminalidad más bajas del mundo, los políticos de la derecha y la ultraderecha transmiten a los ciudadanos bulos sobre la seguridad ciudadana. Nos hacen creer que hay terroristas, homicidas, violadores y ladrones por todos los rincones y que ellos -los que atesoran la ultraderecha- son los únicos políticos que pueden acabar con esa inseguridad ciudadana y que saben hacerlo. Inoculan miedo a la población, engañándola, con el fin de captar su incondicional apoyo electoral.

La derecha es una auténtica maestra en estos manejos, en estas manipulaciones y engaños. Lo intentó hacer después de los gravísimos atentados yihadistas del 11-M, en Madrid, culpando a ETA inmediatamente porque sabían que si hubiera sido ETA les beneficiaba muchísimo electoralmente (recordemos que las elecciones generales, que ganó Zapatero, en 2004, se celebraron tan sólo 3 días más tarde de los criminales atentados). Sin embargo, la ciudadanía respondió con aplomo y sentido común, dándole el gobierno a Zapatero y no a M. Rajoy, castigando a éste, a Aznar y a todo su séquito por el burdo engaño, premeditado y doloso, a la población española.

Y el discurso político del PP en la actualidad sigue transitando por los mismos raíles de vergüenza, manipulación y engaño. En la actualidad el PP está poniendo en duda el buen trabajo que se realiza desde Correos en la gestión del voto por correo, sembrando dudas entre la población, al afirmar que el gobierno va a intentar manipular el voto por correo para ganar las elecciones generales. ¡Todo un despropósito!

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