El profesor de escritura creativa publica con Candaya un conjunto de cuentos sorprendentes
Dice otro gran autor de cuentos, el salmantino Rogelio Gómez que el autor debe sorprender, tocar al lector, molestarle incluso. Y esa sacudida del escritor al lector es más fácil en el relato, cada libro de cuentos tiene varias oportunidades de hacer salir a quien lo lee de su zona de confort. Y así lo hace el profesor de escritura creativa Kike Parra Veïnat ofreciéndonos ocho relatos en la editorial Candaya, que nos dejan tan patidifusos como los títulos de sus anteriores libros. Parra Veïnat es el autor de “Ninguna mujer ha pisado la luna”, “Me pillas en un mal momento”, “Ningún millón de ángeles cantando” o “Siempre pasan cosas”.
Parafraseando a este autor del que no tenía noticias, profesor de creación literaria, responsable del Aula de Literatura de la UPV y coordinador editorial en Ediciones Contrabando, siempre pasan cosas leyendo los libros que propone Candaya. La sorpresa en la lectura de escritores de discurso sorprendente y de increíbles propuestas está garantizada. Es una editorial valiente de nuevos nombres que iluminan libros increíbles. Y que apuesta, tanto por la novela, como por ese relato que parece que leemos menos. Un relato que, en la pluma de Kike Parra, es puro monólogo interior, así, sin subterfugios, recurriendo a la segunda persona cuando se tercia, poniendo las oraciones en fila, cerrándolas todas con un punto y aparte. Porque sí, porque lo vale, porque maneja el lenguaje magistralmente.
Busco información sobre este autor que me es desconocido y leo que practicaba el minimalismo de Carver. Pero que de repente, lo deja. Cierto, ahora su uso del lenguaje, sorprendente, es propio de una Lorrie Moore que se tiñe de oscuridades a la manera de Samanta Sweiblin. Y qué bien lo hace. Sus personajes son seres aparentemente cotidianos en plena crisis que dan un quiebro. Y lo cuentan, y cómo lo cuentan. Y esa crisis no es solo personal, está inserta en la social, económica, financiera, inmobiliaria que nos aqueja. Y ahí están los personajes del autor, dispuestos a no dejarse llevar por lo cotidiano y lo consabido, sino a rebelarse. A decir sin decir, hacer en un extraño quiebro que les hace casi monstruosos. Dejan a sus parejas, decepcionan a la madre, habitan un espacio casi claustrofóbico… y realizan en ocasiones actos de absoluta valentía que el lector tiene que rellenar tras la lectura. Magnífica la ucraniana, empático el hijo que acompaña al padre, repugnante el financiero… pero todos vivos, poderosos con la única fuerza del lenguaje. Un lenguaje que se sirve de todos los recursos: la anáfora del pronombre, la mayúscula, la excelente metáfora. Y mientras, el lector enganchado, dispuesto a seguir leyendo para saber cómo se las va a arreglar el personaje para salir de la maraña.
Es un escritor de fuste, Kike Parra. Un prosista hábil que sabe retorcer muy bien el género. Sus cuentos se leen como una novela y atrapan al lector, a menudo revolcado por su crudeza. Si hay que mostrar el sexo, se muestra con naturalidad, si hay que molestar, se molesta. Ya dijo en una entrevista que había que tocar lo que duele o escuece. Por eso no es literatura para paniaguados ni para quienes buscan soluciones intermedias. Por eso es literatura con mayúsculas y muy recomendable. No lo olviden: Kike Parra Veïnat, el autor de un libro de relatos sorprendente: “La vida fuera de casa”. Y quien se quiera quedar cómodamente calentito en la suya, él se lo pierde.
Charo Alonso. Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.