Más de 7.000 participantes se dieron cita el pasado curso en una iniciativa municipal que regresa en 2026/2027 con nuevas temporadas de competición, actividades de iniciación y propuestas para que los escolares descubran el deporte desde edades tempranas
Hay días en los que la alarma suena antes de lo habitual. La mochila está preparada desde la noche anterior, la camiseta del colegio espera encima de una silla y las zapatillas deportivas aparecen junto a la puerta. Al otro lado espera un pabellón, una pista de atletismo o un campo de fútbol sala. Para algunos será un partido más. Para otros, el primero.
El deporte escolar volverá a formar parte de la rutina de miles de familias salmantinas durante el curso 2026/2027 después de que la Comisión de Educación, Cultura, Deportes y Juventud haya aprobado una nueva edición del Programa de Juegos Escolares. La iniciativa se ha convertido en una de las principales apuestas del Ayuntamiento de Salamanca para fomentar la actividad física entre los más jóvenes y lo hace con una filosofía que va mucho más allá del resultado de un partido: acercar el deporte a los escolares, facilitar que conozcan diferentes modalidades y utilizar la competición como una herramienta más dentro de su formación.
El pasado curso dejó una cifra significativa: 7.012 participantes, de los que 6.040 fueron escolares, tomaron parte en las diferentes actividades y modalidades ofertadas. Detrás de ese número hay miles de historias diferentes. Niños que llevan años entrenando, otros que acaban de empezar, escolares que encuentran en el deporte su actividad favorita y otros que simplemente quieren pasar un buen rato con sus compañeros. “Para ellos parece que es simplemente jugar, pero nosotros vemos que también están aprendiendo muchas cosas. Aprenden a ganar, a perder, a esperar su turno y a estar con otros niños”, explica Marta, madre de un alumno participante en atletismo. Es precisamente ahí donde los Juegos Escolares pretenden marcar diferencias. La competición existe, pero no constituye el único objetivo.
El programa 2026/2027 se estructura en cinco grandes propuestas: competitivo, participativo, iniciación deportiva, promoción y juego limpio. Cada una pretende acercar la actividad física desde una perspectiva diferente, entendiendo que no todos los niños tienen las mismas capacidades, intereses o experiencia. “Hay niños que llegan queriendo ganar todos los partidos y otros que al principio tienen hasta vergüenza de jugar. Después de unas semanas notas cómo van cambiando”, señala Noelia, trabajadora de un centro escolar.
El programa competitivo, que reúne las principales ligas de deportes colectivos, comenzará el próximo 8 de noviembre. Baloncesto, fútbol sala, balonmano y voleibol volverán a ocupar una parte importante de la programación durante los próximos meses. Los equipos de los diferentes centros educativos se enfrentarán entre sí y convertirán los fines de semana en una sucesión de partidos, desplazamientos y encuentros entre compañeros.
“Lo que más me gusta es jugar con mis amigos. Cuando perdemos nos enfadamos un poco, claro, pero luego estamos juntos igual”, cuenta Pablo, de 11 años. Para muchos escolares, el partido supone además una motivación adicional durante la semana. “Los viernes ya está preguntando a qué hora tenemos que salir el sábado. Antes le costaba mucho madrugar y ahora es el primero que se levanta”, cuenta su madre.
Las categorías convocadas serán benjamín, alevín, infantil, cadete y juvenil, mientras que en baloncesto y fútbol sala se ampliará la convocatoria con la categoría prebenjamín. La presencia de los más pequeños permite adelantar todavía más el contacto con la actividad deportiva organizada, aunque a esas edades el resultado suele quedar en un segundo plano. Aprender las reglas, relacionarse con los compañeros, adquirir hábitos y disfrutar son objetivos igualmente importantes.
Pero los Juegos Escolares no se reducen a las ligas. Los deportes individuales también tendrán protagonismo durante el curso. Atletismo, tenis, duatlón y otras disciplinas se irán convocando progresivamente, con sistemas de inscripción específicos en función de cada actividad. La variedad permite que los escolares puedan probar modalidades que quizá nunca habían practicado.
“Yo empecé jugando al fútbol, pero probé judo porque una amiga se apuntó y ahora me gusta más que nada”, explica Lucía, de 10 años. Es precisamente uno de los objetivos del programa: que los niños tengan oportunidades para descubrir qué deporte les gusta. No todos van a convertirse en deportistas federados ni es necesario que mantengan durante años la misma disciplina. Para muchos, encontrar una actividad física que disfruten y que incorporen a su rutina ya supone una parte importante del objetivo.
Los Juegos Escolares tienen además un importante componente educativo. Los participantes deberán estar escolarizados en un centro educativo de Salamanca, convirtiendo a colegios e institutos en una pieza fundamental de todo el programa. Cada entidad participante tendrá que designar un coordinador o director deportivo, que será el máximo responsable de la participación de su centro. Detrás de cada equipo hay, por tanto, mucho más trabajo del que se ve cuando comienza un partido. Inscripciones, horarios, equipos, comunicación con las familias, desplazamientos y coordinación de las diferentes actividades forman parte de una organización que comienza mucho antes de que el árbitro haga sonar su silbato. “Al final acabas conociendo a muchas familias. Hay padres que te preguntan por el partido del sábado siguiente incluso antes de que hayas terminado de organizarlo”, comenta, de nuevo, Noelia. En las gradas se viven los partidos de una manera particular. Hay nervios cuando el marcador está igualado, aplausos después de una buena jugada y también alguna protesta ocasional ante una decisión arbitral. Pero la escena suele terminar de la misma manera: los niños salen de la pista y se marchan juntos. A veces celebrando una victoria. Otras intentando olvidar una derrota.
El programa incluye además un apartado específico de juego limpio, una cuestión especialmente importante cuando se habla de deporte en edades escolares. Una competición sirve para mucho más que determinar quién ha marcado más goles o quién ha conseguido más puntos. Sirve para aprender a respetar al rival, aceptar las decisiones arbitrales, ayudar a un compañero y entender que no siempre se puede ganar.
“Lo más difícil fue explicarle que perder no significaba que lo hubiera hecho mal. Hay días que el otro equipo juega mejor y ya está”, cuenta María, madre de dos mellizas escolares. Con el paso del tiempo, esa perspectiva suele cambiar. Los niños empiezan preocupándose por el resultado y poco a poco descubren otras cosas: jugar con sus amigos, mejorar una jugada, marcar su primer gol, conseguir completar una carrera o simplemente sentirse parte de un equipo.
El Ayuntamiento de Salamanca volverá así a poner en marcha durante este curso un programa que tiene como principal objetivo extender la práctica deportiva entre los escolares. Los 7.012 participantes del pasado curso son el punto de partida de una nueva edición que arrancará el 8 de noviembre con las ligas de deportes colectivos y que irá incorporando durante los meses siguientes las diferentes actividades y competiciones individuales.
Volverán los pabellones llenos de niños con camisetas demasiado grandes, zapatillas nuevas, nervios antes de competir y padres pendientes de cada jugada. Habrá quienes descubran un deporte que acabarán practicando durante muchos años, quienes cambien varias veces de disciplina y quienes simplemente disfruten de unas horas jugando con sus compañeros. Quizá dentro de diez años alguno recuerde el resultado de un partido concreto. Probablemente otros no sepan ni contra quién jugaron. Pero sí recordarán a sus compañeros, las conversaciones después de los partidos, las celebraciones y aquellas mañanas en las que el deporte se convirtió en una parte más de su infancia. Porque esa es la otra competición que se juega en Salamanca cada fin de semana: conseguir que los más pequeños descubran que hacer deporte también puede ser una forma de crecer.