La provincia registra el menor crecimiento económico de la comunidad y agranda la brecha de ingresos por habitante -29.363 euros, un 10,2 % por debajo de la media nacional-
La provincia de Salamanca registra una notable desaceleración económica según los últimos datos de la Contabilidad Regional de España publicados por el Instituto Nacional de Estadística. El estancamiento de la actividad sitúa a la economía salmantina a la cola del crecimiento en Castilla y León, abriendo una brecha cada vez mayor con el resto del país.
Los datos confirman un preocupante frenazo en el desarrollo de la provincia. Mientras que el conjunto de España y de la comunidad autónoma mantienen un ritmo de crecimiento sostenido, Salamanca muestra síntomas de parálisis en sus principales indicadores macroeconómicos de riqueza y productividad por habitante.
Esta situación resulta especialmente llamativa al contrastarla con el comportamiento regional. Castilla y León registró en 2025 un crecimiento del 3,0 % en volumen de su Producto Interior Bruto (PIB), situándose como la tercera comunidad con mayor dinamismo de todo el país, empatada con La Rioja y solo por detrás de la Región de Murcia (3,8 %) y Extremadura (3,2 %).
Sin embargo, este impulso autonómico no se ha trasladado a la economía salmantina. La distancia que separa a los ciudadanos de la provincia de la riqueza media nacional se ha incrementado de forma notable en el último año, rompiendo la tendencia de recuperación de los ejercicios anteriores.
El indicador de riqueza por habitante refleja de forma clara esta tendencia de estancamiento. En 2025, el PIB per cápita de Salamanca se situó en 29.363 euros, lo que supone un incremento de apenas el 0,5 % respecto a los 29.204 euros registrados en el año 2024.
La cifra sitúa a Salamanca en la parte media-baja de la tabla autonómica, notablemente por debajo de la media de Castilla y León, que alcanza los 32.262 euros, y de la media de España, fijada en 34.237 euros. La distribución de la riqueza por habitante en 2025 en la región muestra las siguientes cifras:
Si se analiza la actividad económica global a precios corrientes, Salamanca alcanzó en 2024 un valor de 9.631.018 miles de euros, frente a los 9.559.041 miles de euros del año anterior. Esto representa una tasa de variación interanual de apenas el 0,8 %.
Este porcentaje coloca a Salamanca como la provincia con el menor crecimiento económico de toda Castilla y León en 2024, muy lejos de la media regional (5,5 %) y de la media nacional (6,8 %). La comparativa con el resto de las provincias de la comunidad autónoma muestra la siguiente evolución de su actividad económica en 2024:
El escaso dinamismo de la economía salmantina ha provocado que la provincia pierda posiciones relativas respecto al bienestar medio del país. El índice de convergencia (donde la media de España se establece en 100) ha sufrido un retroceso en el último año.
En 2024, la riqueza por habitante de Salamanca equivalía al 94,4 % de la media nacional. Sin embargo, en 2025 este índice ha caído hasta el 89,8 %. Esto significa que los salmantinos se sitúan ahora un 10,2 % por debajo de la media de los españoles, ensanchando una brecha que se había logrado recortar en los años precedentes.
La distancia es todavía mayor si se compara con la Unión Europea, cuya media de riqueza por habitante se sitúa en 41.700 euros. En España, solo la Comunidad de Madrid, con 47.220 euros, y el País Vasco, con 42.492 euros, logran superar el registro medio europeo, mientras que Salamanca se queda a una distancia de 12.337 euros por habitante de ese umbral.
La evolución de la población es un factor clave para entender el comportamiento de la riqueza por habitante. La trayectoria demográfica de la provincia muestra una progresiva recuperación tras la crisis sanitaria, pasando de los 328.700 habitantes registrados en 2020 a 326.200 en 2021, 326.700 en 2022, 327.300 en 2023, 328.000 en 2024 y, finalmente, alcanzando los 329.300 residentes en 2025.
Este incremento de residentes, equivalente a un 0,4 % en el último año, es un dato positivo desde el punto de vista social, pero ejerce una presión a la baja sobre la estadística de riqueza por habitante si no viene acompañado de un crecimiento económico robusto.
Al repartirse una producción económica prácticamente estancada entre un mayor número de ciudadanos censados, el resultado matemático es la congelación de la riqueza individual, lo que explica que el indicador apenas haya variado en el último ejercicio.