El monasterio de la Anunciación de Alba de Tormes conserva una destacada maquinaria relojera del siglo XVI vinculada a sus orígenes. La pieza señaló con nueve campanadas el fallecimiento de Santa Teresa de Jesús en la noche del 4 de octubre de 1582.
Entre el patrimonio histórico y espiritual que custodia el monasterio de la Anunciación de Nuestra Señora del Carmen de las Madres Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes destaca una pieza singular: el antiguo reloj que marcó con sus nueve campanadas la muerte de Santa Teresa de Jesús. La tradición conservada en la comunidad vincula de forma directa este mecanismo al fallecimiento de la mística abulense.
La maquinaria data del siglo XVI y está ligada a los primeros años de la fundación del convento albense, establecida en 1571. Constituye uno de los mecanismos relojeros antiguos más interesantes conservados en Castilla y León, además de situarse entre los ejemplos históricos mejor preservados de España.
El reloj se ubica en la clausura del monasterio, concretamente en la escalera principal de la planta alta, donde organizó los horarios conventuales durante siglos. De dimensiones relativamente reducidas, conserva la mayor parte de sus mecanismos originales y responde a la tipología tradicional de los relojes más antiguos, sin haber sufrido transformaciones relevantes con el paso del tiempo.
La singularidad de la pieza reside en la preservación de sus elementos originales tras varios siglos de historia:
La parte inferior de este mueble aún puede contemplarse en el antiguo espacio de la despensa y tinajero de la época de Santa Teresa.
El acontecimiento central vinculado al reloj sucedió en la noche del jueves 4 de octubre de 1582, festividad de San Francisco de Asís. Santa Teresa se encontraba en Alba de Tormes enferma de gravedad tras llegar al convento pocos días antes, y falleció en una celda de la comunidad.
En el momento de su muerte, aproximadamente a las nueve de la noche, el mecanismo hizo sonar nueve campanadas. Desde entonces, la comunidad albense rememora anualmente ese instante haciendo tañer de nuevo las campanadas para mantener viva la memoria de la Santa.
La noche del fallecimiento de Santa Teresa coincidió con la entrada en vigor de la reforma del calendario decretada por el papa Gregorio XIII para corregir el desfase del calendario juliano:
A las diez de la mañana de aquel 15 de octubre de 1582 tuvieron lugar las exequias teresianas en la iglesia del monasterio de Alba de Tormes, recién concluida. Junto al sepulcro de la reformadora carmelita se conserva hoy esta pieza que atestiguó el final de sus días.