, 04 de octubre de 2026
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La primera tenía que ser así
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ALBA DE TORMES

La primera tenía que ser así

El CD Albense FS encontró en el derbi y arropado por una afición que convirtió La Alamedilla en casa su primera victoria de la temporada

Habían pasado solamente dos jornadas. No había motivos para hablar de urgencias, para pedir cabezas ni mucho menos para sacar conclusiones de una temporada que acababa de empezar, pero el CD Albense FS necesitaba una alegría. Después de dos derrotas, la primera llegó posiblemente de una de las formas más especiales: en un derbi, a 22 kilómetros exactos del Pabellón Municipal de Alba de Tormes y, paradójicamente, sintiéndose como en casa.

Porque explicar el 3-5 de La Alamedilla únicamente desde los goles dejaría fuera buena parte de lo que ocurrió ayer. Hubo cinco tantos albenses, alternativas en el marcador, expulsiones, sufrimiento hasta los últimos segundos y tres puntos. Pero hubo, sobre todo, ruido. Muchísimo ruido.

Vuvuzelas, bocinas, bombos, aplausos, cánticos. La afición albense se hizo escuchar desde mucho antes de que el partido estuviera decidido. Tanto, que por momentos comunicarse sobre la pista se convirtió en una tarea complicada. Una imagen durante la primera mitad resumió perfectamente el ambiente: tres jugadores del Salamanca se preparaban para ejecutar un córner junto a la zona ocupada por los seguidores visitantes y trataban de entenderse mediante gestos. Escucharse era prácticamente imposible.

Y eso que los nervios habían comenzado pronto. Garci abrió el marcador con un golazo cuando apenas se habían disputado tres minutos. Un 0-1 que, lejos de tranquilizar a quienes habían viajado desde Alba, pareció recordarles todo lo que quedaba por delante. El Salamanca empató y el partido volvió a empezar.

Entonces apareció quien menos se esperaba. Con el descanso prácticamente encima y el guardameta local lejos de su portería, Marcos recibió el balón y no dudó. Gol de portería a portería y estreno goleador para poner el 1-2. El Albense se marchaba por delante al vestuario y la grada visitante explotaba, aunque todavía con la sensación de que quedaba demasiado. Y quedaba.

La primera tenía que ser así | Imagen 1

El Salamanca empató nada más comenzar la segunda mitad, pero esta vez el golpe no silenció a los seguidores albenses. Ocurrió justamente lo contrario. El ruido aumentó y, con el Albense atacando ahora hacia la portería situada frente a su gente, llegaron unos minutos que cambiaron por completo la noche.

Juan hizo el 2-3. Pini marcó el 2-4. Y Juan volvió a aparecer para firmar el 2-5. Tres goles prácticamente consecutivos, en un margen poco superior a los 2 minutos y una grada que pasó de confiar en que podía ocurrir a convencerse de que estaba ocurriendo. La primera victoria estaba cada vez más cerca.

Pero un derbi difícilmente iba a conceder un final tranquilo.

Pini vio su segunda amarilla justo después del quinto tanto y tuvo que abandonar la pista. Se marchó acompañado por los ánimos de su gente y terminó siguiendo el partido desde una esquina de la grada junto a su afición. El Salamanca aprovechó la superioridad para colocar el 3-5 y devolver de golpe los nervios a La Alamedilla.

Poco después también fue expulsado Adrián, segundo entrenador del Albense, que terminó siguiendo los últimos minutos desde detrás del banquillo.

La primera tenía que ser así | Imagen 2

Sobre la pista tocaba resistir; fuera de ella, también.

Y ahí quedó otra de las imágenes de la noche. Pini, ya incapaz de ayudar a sus compañeros, arrodillado sobre la barandilla y siguiendo cada acción con la impotencia de quien quiere entrar de nuevo a la pista pero solo puede mirar. A unos pasos, una afición viviendo exactamente lo mismo.

Los segundos finales todavía guardaban una última dosis de sufrimiento. Con el Albense cargado de faltas, el Salamanca dispuso de un lanzamiento que podía reducir todavía más la diferencia. Carlos apareció bajo palos y detuvo el balón. Ya solo faltaba escuchar un último sonido.

Esta vez no fue un bombo, una vuvuzela ni un cántico. Fue la bocina.

Entonces sí. Los jugadores corrieron hacia la grada. Allí estaban los que habían pasado cuarenta minutos haciendo ruido, sufriendo y empujando cuando el marcador acompañaba y cuando parecía querer dejar de hacerlo. El 3-5 significaba los primeros tres puntos de la temporada, pero aquella carrera hacia la afición explicaba bastante mejor lo que acababa de ocurrir que cualquier clasificación o marcador.

Solo era la tercera jornada. Queda prácticamente toda la temporada por delante y una victoria no cambia por sí sola el camino de un equipo.

Pero si la primera tenía que llegar, estaba claro que tenía que ser así.