, 04 de octubre de 2026
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'Juan, el espíritu del amor' enamora en Monterrubio de la Armuña (FOTOS)
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TEATRO

'Juan, el espíritu del amor' enamora en Monterrubio de la Armuña (FOTOS)

Publicado 04/10/2026 11:08

La obra escrita y dirigida por Denis Rafter llevó hasta Monterrubio la vida y la poesía de San Juan de la Cruz

Desde lo alto del Viso, Monterrubio de Armuña parece otro. Los campos de La Armuña se extienden alrededor, aparecen las siluetas de otros municipios y el horizonte se abre mucho más allá de lo que podría imaginarse desde las calles del pueblo. La ermita de Nuestra Señora del Viso ocupa precisamente ese lugar privilegiado desde el que mirar permite comprender mejor el territorio.

Pero Monterrubio también puede contemplarse de otra manera: mirando hacia atrás.

La localidad que hoy supera los 1.300 habitantes fue durante muchos años un pequeño núcleo agrícola. Su iglesia de San Miguel Arcángel formaba parte de la vida de una población mucho más reducida y de un mundo rural en el que los ritmos de la tierra marcaban buena parte de la existencia cotidiana. Con el paso de las décadas, el municipio ha crecido y su realidad ha cambiado profundamente.

En esa iglesia, convertida ahora en escenario, “Juan, el espíritu del amor” ofreció una oportunidad para mirar también ese cambio desde otra perspectiva. La obra escrita y dirigida por Denis Rafter llevó hasta Monterrubio la vida y la poesía de San Juan de la Cruz, pero su representación permitió además descubrir cómo un espacio nacido para una comunidad pequeña puede seguir siendo un lugar de encuentro cuando la comunidad ha cambiado.

El montaje presta una atención especial a la visibilidad. Las iglesias no disponen de las condiciones de un teatro convencional, por lo que el escenario se instala delante de los primeros bancos y se construye con distintas alturas, tarimas y escaleras para que los espectadores puedan seguir la acción desde cualquier lugar. El conjunto, vestido con una tela verde musgo y acompañado por una iluminación led potente y uniforme, convierte el templo en un espacio escénico en el que cada gesto puede ser visto.

Puede parecer una cuestión puramente técnica, pero encierra una idea sencilla: nadie debería quedar fuera de la historia que está sucediendo delante de sus ojos.

Y esa idea tiene algo que ver con la propia evolución de Monterrubio. El crecimiento de un pueblo no consiste únicamente en sumar habitantes. También significa transformar espacios, ampliar horizontes y encontrar nuevas maneras de compartir aquello que pertenece a todos.

La ermita del Viso representa precisamente esa mirada abierta. Desde allí se contempla una comarca entera y se entiende que los pueblos nunca están aislados, sino relacionados por un mismo paisaje, unos mismos caminos y una historia compartida.

En San Miguel Arcángel, la mirada fue mucho más cercana. Allí los espectadores observaron los rostros de los actores, escucharon los versos de San Juan de la Cruz y siguieron una historia que continúa atravesando generaciones.

La representación, impulsada por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, la colaboración del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Salamanca, volvió así a convertir una iglesia en un lugar para reunirse alrededor de la cultura. Y quizá ese sea uno de los grandes valores de llevar el teatro hasta los municipios: permitir que espacios que han acompañado durante siglos la vida de sus vecinos sigan teniendo algo nuevo que ofrecer.

Monterrubio ha cambiado mucho. De pequeño pueblo agrícola ha pasado a convertirse en una localidad de más de 1.300 habitantes. Sin embargo, desde el Viso continúa existiendo el mismo horizonte.

Quizá crecer sea precisamente eso: cambiar sin perder la capacidad de mirar hacia el lugar del que venimos.

Y aquella tarde, en la iglesia de San Miguel, Monterrubio volvió a mirar. Esta vez no hacia los campos de La Armuña, sino hacia una historia escrita hace cuatro siglos que, de algún modo, todavía consigue mostrarnos algo de nosotros mismos.