La escritora y periodista cántabra presenta la tarde del viernes 2 de octubre su nueva novela en Letras Corsarias.
Hace muy poquito le regalé a la escritora Celia Corral un libro. Un libro que me había gustado mucho pero que se lo entregaba porque era de una autora santanderina –nuestra Celia, casi salmantina, es cántabra- y porque en ambas, el dominio de la novela breve es un regalo para el lector. Qué difícil es escribir una novela breve, y qué bien lo hace Marta San Miguel, periodista, poeta, cronista, narradora de un inusual discurso donde se mezclan la memoria, la delicada evocación y la fuerza de frases que son como aforismos y que quedan en el lector como ecos. “Antes del salto” su primera novela, me había parecido un auténtico acontecimiento y ahora “Última escala” me ratifica que estamos ante una voz nueva, de una profunda ligereza que suena como una pieza bien afinada.
Porque esta última obra de Marta San Miguel, de la que hablará el viernes dos de octubre en la cubierta de la librería Letras Corsarias a las siete y media de la tarde, es una recreación novelesca de la vida del pianista y compositor Enrique Granados. El autor de piezas que no se sometieron a la banalidad de “lo típico español” y que, afirma la autora, ahora está poco programado. Qué mal conocemos a nuestros compositores, habría que comentarlo con nuestra gran investigadora, divulgadora y profesora peñarandina Virginia Sánchez Rodríguez, quien desde Radio Nacional nos habla de la música de las autoras, todavía más olvidada que esos nombres nuestros del modernismo que han caído en el olvido pese a su genialidad. O con María Guerras, intérprete que no para de reivindicar a nuestro salmantino Allú. Hombres aferrados a un piano, sorteando dificultades, penurias e incomprensiones y, sin embargo, trabajando con denuedo en su música.
Marta San Miguel parte en su hermoso libro –porque los de Asteroide los son, libros hermosos, de pequeño tamaño, exquisitos en su factura- del trágico y novelesco final del músico que regresaba de su gira triunfal por Estados Unidos. Su vida de esfuerzo, de empeño desde joven en los cafés y de adulto como pedagogo incansable, se veía por fin reconocido con estas “Goyescas” convertidas en opera. Sin embargo, el ataque de un submarino alemán hizo que parte de los pasajeros cayeran al agua, entre ellos la esposa del músico quien, sin saber nadar, se lanzó a los brazos de una muerte que recibieron juntos. Semejante comienzo, historia que había conmovido a la autora en su adolescencia, inicia un paseo por una mixtura de géneros que sorprende al lector: memoria, biografía, crónica, reflexión sobre la música y la escritura y todo en breves capítulos que se cierran con la mirada personal de la autora que investiga al personaje y evoca su propia vida vinculada con la música.
Estamos en la época de la literatura del yo, pero es la presencia de la propia autora, de una delicadeza que no se impone la que disfrutamos. Un ejemplo muy hermoso, acude a documentarse al museo donde se guarda el piano de Granados, pone los dedos sobre las teclas y esa sensación es más fuerte que el hecho de haber pulsado la huella del maestro. Un maestro de vida modernista, de Paris de artista pobre, de Barcelona obsesionada con la música, de matrimonio feliz pero pleno de exigencia que convierte a Granados en un profesor a tiempo completo que tiene seis hijos y que no quiere prostituir su talento con obras “fáciles”.
Es la vida de Granados una novela, sí, pero lo esencial es cómo la cuenta la autora, cómo reflexiona sobre el legado de cualquier familia, como se acerca a la paradoja de que uno de sus hijos fuera nadador profesional cuando resulta que al padre le aterraba el agua. Ese mar donde muere el matrimonio en un gesto de puro romanticismo desesperado. Un mar que cierra la novela, novela, memoria, reflexión, ejercicio de documentación que sustenta cada palabra escrita por San Miguel. Una escala que no es solo musical, sino vital, una escala en clave de buena literatura y además, magníficamente publicada. ¿Cómo no sustraernos a la escucha? Y recordemos, Marta San Miguel llegará con su partitura preciosa a Salamanca, a Letras Corsarias, el hermoso viernes de otoño con aires modernistas.
Charo Alonso. Fotografía: Jorge Díez.