Franco Zeffirelli sigue presente en los recuerdos de Plácido Domingo, quien ha rememorado en varias ocasiones la relación artística que mantuvo con el director italiano durante décadas de trabajo compartido en el teatro y en el cine. En sus palabras aparece el rigor de Zeffirelli, un encuentro compartido en Roma y el lugar que atribuye a producciones como Traviata y Turandot dentro del legado operístico.
Décadas de ensayos teatrales y rodajes cinematográficos sostienen el vínculo que Plácido Domingo describe al hablar de Franco Zeffirelli, con quien trabajó, según sus propias palabras, "una vida". El artista recuerda al director como una figura de carácter exigente aunque profundamente genial, para quien nada ocurría por casualidad sobre el escenario, y remarca que la exigencia nunca opacó la calidez de la relación personal que mantuvieron a lo largo de los años.
La gratitud hacia Zeffirelli aparece como un hilo constante en el relato de Domingo, quien reconoce haber aprendido de él aspectos esenciales de su oficio como intérprete. La influencia de Zeffirelli, según explica, abarcaba mucho más que las indicaciones técnicas propias de un director e incluía una manera particular de entender el teatro, en la que cada detalle formaba parte de un mismo propósito artístico.
Plácido Domingo enmarca la colaboración dentro de una amistad que trascendió lo profesional, construida a partir de encuentros en teatros de distintos países y de temporadas completas dedicadas a montar juntos algunas de las producciones que hoy recuerda con mayor cariño. La cercanía entre ambos, sostiene, explicaba en buena parte la manera en que entendían el trabajo escénico, siempre orientado hacia un mismo resultado artístico.
El cantante atribuye a Zeffirelli buena parte de su propio aprendizaje artístico y lo describe como un perfeccionista tremendo que, pese a la exigencia constante, sabía valorar a cada intérprete de manera individual. La sintonía entre ambos nacía, según explica, de la relación que el propio director mantenía con los compositores, a quienes respetaba con una fidelidad que marcaba después todo el trabajo escénico.
El artista subraya que Franco Zeffirelli exaltaba el trabajo de los intérpretes sin renunciar nunca a la coherencia con la partitura ni con el libreto, incluso cuando su puesta en escena resultaba transgresora. Domingo define la combinación como una explosión de belleza que nunca se agotaba en sí misma, sostenida por un sentido del teatro que califica de extraordinario.
Una audiencia con el papa Francisco marcó, según el propio Plácido Domingo, el inicio de uno de sus últimos encuentros con el director en Roma. Después de la audiencia, Zeffirelli los invitó a comer a su casa, cita que calificó de inolvidable e incluyó una visita a una veranda repleta de fotografías y recuerdos acumulados a lo largo de los años. De la misma etapa surge una anécdota que vincula la atención de Zeffirelli por los detalles estéticos, era un perfeccionista tanto dentro como fuera del escenario.
La faceta de Zeffirelli como dibujante también aparece en el recuerdo de Domingo, quien asegura que sus bocetos funcionaban como auténticos cuadros. Al imaginar un retrato del director con apenas dos pinceladas, el artista elige el azul de sus ojos y del tercer acto de Turandot, junto al rojo de la pasión que Zeffirelli buscaba transmitir en la escena en la que Violetta descubre el amor en Traviata, dos referencias que, según explica, resumen mejor que ninguna otra la sensibilidad del director.
Sobre el conjunto de la obra de Zeffirelli, Plácido Domingo sostiene que varias producciones deberían considerarse patrimonio de la humanidad, y afirma que no existe una Turandot que iguale a la suya ni una manera de pensar en Traviata sin que la mente regrese a su versión. El artista resume su recuerdo del director como un homenaje a un genio del arte de origen florentino que, en sus palabras, hace inmortal la ópera.
El 16 de febrero de 2026, Plácido Domingo fue distinguido con la primera edición del Premio Franco Zeffirelli en el Palazzo Vecchio de Florencia, compartiendo galardón con el actor Robert Powell. La entrega corrió a cargo de la alcaldesa Sara Funaro, y la velada incluyó una actuación del tenor junto a la mezzosoprano Cecilia Bartoli. Tras recibir el premio, Domingo dedicó un mensaje de agradecimiento en el que evocó la figura del director con quien compartió décadas de trabajo y amistad.