La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Carpio-Bernardo, un municipio salmantino de apenas 30 habitantes, acogió con gran éxito la representación de 'Juan, el espíritu del amor'.
Carpio-Bernardo, que cuenta con poco más de 30 habitantes censados, ha demostrado que la cultura no entiende de cifras. El templo parroquial ha abierto sus puertas para albergar una cita teatral muy especial que ha conmovido a los vecinos.
Los asistentes han podido disfrutar de la representación de "Juan, el espíritu del amor", una obra escrita y dirigida por el reconocido dramaturgo Denis Rafter. El montaje traslada al espectador la vida y la obra poética de San Juan de la Cruz de una forma íntima.
La representación se ha integrado dentro del programa de las fiestas patronales en honor a San Miguel Arcángel. La cita ha contado con la colaboración activa del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Salamanca.
El proyecto busca romper con la dinámica habitual que obliga a los habitantes del medio rural a desplazarse a los grandes núcleos urbanos. En esta ocasión, es la propia actividad artística la que viaja al encuentro de los ciudadanos en sus propios municipios.
Esta gira, impulsada por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, reivindica el valor de los pequeños municipios. La cercanía de Carpio-Bernardo con Alba de Tormes, situada a solo siete kilómetros, refuerza el sentido de la obra.
La villa ducal de Alba de Tormes custodia una parte esencial de la memoria histórica de San Juan de la Cruz. Por ello, la llegada de este montaje al pequeño municipio vecino adquiere una fuerte carga simbólica para toda la comarca.
El público que llenó los bancos de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se implicó de lleno en la experiencia. Durante una hora, los actores y los espectadores compartieron un espacio de comunión a través de la palabra.
El evento concluyó con una gran ovación final que resonó con fuerza entre los muros del templo. Los asistentes reconocieron de este modo la calidad de un precioso montaje teatral adaptado a la escala local.
La experiencia confirma que para que exista un hecho cultural solo se requiere un espacio dispuesto a acogerlo y una comunidad con voluntad de escuchar. El tamaño de la localidad no limita la grandeza de lo que se vive en ella.