El autor de la novela “El último Blue Lagoon” publica sus relatos con un fin solidario en la colección “El Brut de los corazones solidarios”.
Parece que a Roge Gómez le gustan los proyectos atrevidos y las editoriales sorprendentes. De ahí que su primera y exitosa novela apareciera en la Editorial Delirio, esa maravilla de Fabio de la Flor que nos trajo la desquiciada historia de un imitador de Elvis en pleno Campo Charro. Ahí es nada, en esos “Libros cuadrados como puños” de la colección Iria, Roge, agitador cultural, subdirector del PAN de Morille,escritor, amigo de sus amigos y siempre sorprendente, creó una especie de farsa enloquecida llena de personajes al límite que, ahora, con este otro libro, “Instalación”, un poco más rectangular, vuelven a golpear al lector en forma de relato que se queda tras la lectura como un trémolo incesante.
Este autor no deja a nadie indiferente y sus historias, en ocasiones incómodas, siempre originales, nos interpelan. Y más cuando nos asomamos a la portada, magníficamente pintada por el poeta y agitador cultural militante Luis Felipe Comendador, editor desde su proyecto SBQ de esta colección tan especial que es “El Brut de los corazones solidarios”. En resumidas cuentas, que no son solo cuentos, magníficos cuentos los de nuestro sorprendente Roge Gómez, sino que viniendo de la mano de SBQ hay solidaridad y apoyo de por medio. Los proyectos que han llevado comida, abrigo, juguetes y apoyo a los niños de los cerros de Trujillo, Perú, que nada tienen, ahora se centran en un empeño monumental, un empeño que nos necesita a nosotros, los privilegiados que contamos con una sanidad que a menudo criticamos. Una cuestión de vida o muerte en un país donde no existe la asistencia sanitaria sin pasar por caja. Y en ese empeño feroz arrima el hombro Roge Gómez como mejor sabe, poniendo sobre la mesa sus relatos para que la venta íntegra de este libro solidario sea para apoyar este proyecto de pura vida. Generoso empeño siempre el de Comendador, generosa respuesta del escritor.
Un escritor que no teme abordar los temas más candentes –su relato sobre la Franja es sencillamente magistral y doloroso- y que se sirve de su ya conocido estilo tremendista para abordar temas tan actuales como ciertos trabajos ridículos y glamourosos, o la sumisión a máquinas sabias como la Karen de Bob Esponja. La originalidad del autor no tiene medida y lo mismo pone a dos bobas a caminar por la sabana africana, que a los habitantes de un edificio a sufrir o a una inmigrante emputecida a marcharse con el primero que pilla. Los personajes de Roge están siempre al borde del abismo, en situaciones enloquecidas que dan el salto sorprendiendo al lector siempre fascinado por un uso del lenguaje magistral y extraño. Marca de la casa. Moderno de pueblo, como su Elvis Antonio de la novela. Lenguaje que golpea, que se atreve, que se balancea en una extraña normalidad que no lo es. Y que queda en ese no sé qué al que nos somete la narrativa de Roge Gómez. Ese trémolo extraño de sus historias raras, de sus personajes a medio camino del monólogo o el diálogo absurdo. De ahí que hasta los actores de Lombó Teatro hayan trabajado con uno de sus relatos, dramatizándolo.
En resumidas cuentas, que este libro, “Instalación”, no solo es para el otoño recién estrenado que parece verano, no, este libro es para leerlo, guardarlo y comprobar que Roge Gómez es uno de nuestros autores del panorama salmantino menos complaciente, más original, irreverente, espléndido en el uso del lenguaje y libérrimo en la imaginación desbordada. Y con una buena veta de crítica, acerva además. Y por si fuera poco, resulta que comprar este libro ayuda a un proyecto muy necesario, un proyecto de vida, de solidaridad, de apoyo, de cultura como arma cargada de futuro. Estamos de enhorabuena a pesar de todos los pesares con estos cuentos delirantes de un autor que los ha recopilado de publicaciones anteriores para arrimar el hombro. Ahora nos toca a nosotros asomarnos a su particular mirada generosa, comprar el libro, ayudar y disfrutarlo.

Charo Alonso. Fotografía: Carmen Borrego.