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Robleda cambia el pino de San Juan por el roble de los quintos del 61
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La comarca en fiestas | Tradición

Robleda cambia el pino de San Juan por el roble de los quintos del 61

Publicado 14/08/2026 22:36

Susto al retirar el pino de los quintos del 26, que en su caída alcanzó una vivienda sin causar daños personales

Durante estos días de ferragosto, las casas y calles de Robleda se encuentran especialmente concurridas tras la llegada de oriundos y forasteros que regresan a la localidad para disfrutar de unos días estivales de reposo después de un largo año de trabajo.

A simple vista pueden apreciarse las grandes casas de construcción típica francesa, con sus ventanas abiertas y sus jardines bien arreglados. Y al adentrarse por sus calles, bien podría parecer que uno se encuentra en cualquier localidad gala si escucha hablar a los neófitos y efímeros lugareños que ambientan las calles robledanas durante estos días.

Todo ello es consecuencia de la emigración masiva de buena parte de los habitantes de las gentes de "El Rebollar" durante las décadas de los años 50 y 60 hacia el país vecino, en busca de un buen jornal que paliara las necesidades de una comarca con escasos recursos económicos.

Consciente de esta circunstancia, el Ayuntamiento de Robleda programa durante estas fechas una serie de actividades muy similares a las que acompañan la festividad de San Juan a comienzos del verano, con el propósito de dar gusto y hacer mucho más acogedora la estancia de «sus hijos» durante su regreso estival.

La programación festiva comenzó el pasado día 10 de agosto y durante estos días se suceden actividades para todo tipo de gustos, edades y aficiones. Entre ellas destaca una de las tradiciones más emblemáticas y curiosas de esta zona: el cambio del pino de los quintos por el roble de quienes fueron quintos en el año 1961.

Si en San Juan son los quintos del año presente quienes colocan un imponente pino en la plaza, durante las fiestas de verano corresponde a los mayores tomar el relevo. En esta ocasión fueron los quintos del 61 quienes sustituyeron aquel pino por un gran roble que lucirá hasta bien entrado el otoño en la Plaza del Caño.

La hazaña está envuelta en toda una fiesta a la que acude buena parte de la localidad. A primera hora de la mañana, con la salida del sol, cerca de una docena de quintos de aquella generación, muchos de ellos obligados a emigrar a finales de los años 50, se personaron en el monte para elegir uno de los mejores robles, ya en tiempo de corta por haber alcanzado su edad y susceptible de ser aprovechado tanto para calentar los hogares durante el inminente y frío invierno como para servir de material en algún enser o incluso como viga para cualquier vivienda.

Mientras los mayores se encontraban en el monte, los más jóvenes procedían a retirar el enorme pino de unos 30 metros de altura que ellos mismos habían colocado en el mes de junio. La maniobra de retirada deparó un pequeño sobresalto cuando el árbol, durante su caída, alcanzó la fachada de una vivienda, deteriorando un canalón y la parra situada junto a la puerta.

El percance, afortunadamente, quedó únicamente en daños materiales y no hubo que lamentar daños personales, ya que en aquel momento nadie se encontraba en la ventana ni en la balconada de la vivienda.

Tras esta hazaña, con el leve percance incluido, la comitiva de antecesores llegó pasado el mediodía entre sones de charanga y cánticos tradicionales, acompañada por una gran afluencia de público que no quiso perderse uno de los momentos más singulares de las fiestas.

Ya con el roble en la Plaza del Caño, los cantes y bailes, junto al reparto de perrunillas y sangría, animaron el ambiente mientras se preparaba la maniobra definitiva. Finalmente, los quintos, ayudados por maquinaria adecuada para maniobrar con la madera, consiguieron colocar el majestuoso roble en su emplazamiento, completando así una tradición que vuelve a unir a distintas generaciones alrededor de una costumbre profundamente arraigada en Robleda.

Por unas horas, el pasado y el presente volvieron a darse la mano en la Plaza del Caño. Los jóvenes que hoy mantienen viva la tradición del pino de San Juan y aquellos que fueron quintos en 1961 compartieron protagonismo en una celebración que habla de la continuidad de las costumbres y, también, de los muchos caminos recorridos por los hijos de Robleda antes de regresar cada verano a su tierra.

La programación festiva continuará hasta el próximo 18 de agosto, prolongando unas jornadas en las que Robleda vuelve a recuperar el bullicio de sus hijos, de quienes regresan al lugar de origen y de cuantos encuentran en estas fiestas una ocasión para reencontrarse con la localidad y con sus propias raíces.