El templo parroquial de la localidad ha sido el escenario de la propuesta escrita y dirigida por Denis Rafter, 'Juan, el espíritu del amor'
Una representación teatral comienza mucho antes de que los espectadores tomen sus asientos. Antes de que los músicos preparen sus instrumentos y los intérpretes salgan al escenario, alguien debe imaginar que esa propuesta puede tener sentido en su localidad, buscar la manera de hacerla posible y confiar en las personas que llegarán a representarla. La cultura se construye de la misma forma: mediante una cadena de compromisos que, cuando funciona, apenas se ve, pero que es imprescindible.
La iglesia de San Andrés en Pedrosillo el Ralo recibió la representación de 'Juan, el espíritu del amor' durante el mes dedicado al santo que da nombre al templo. La llegada de la obra, escrita y dirigida por Denis Rafter, permitió que los vecinos compartieran una propuesta profesional de teatro, música y poesía en un lugar que forma parte de la vida de la localidad.
Después de más de cien funciones, el recorrido del montaje muestra una evidencia que merece atención: la continuidad de un proyecto cultural no depende solo de la calidad artística de la obra. También necesita una red de personas e instituciones que crean en el proyecto y que estén dispuestas a colaborar para llevarlo a cada destino. La Diputación puede impulsar una gira, una compañía puede asumir el trabajo artístico y un municipio puede acoger la propuesta, pero el encuentro solo ocurre cuando todas esas voluntades coinciden.
En esa relación hay algo más que una organización eficaz. Existe una confianza mutua. Los que programan deben confiar en que los artistas cumplirán con la responsabilidad que se les entrega; los que crean deben saber que su trabajo será recibido con interés y respeto; y los pueblos deben poder contar con que las iniciativas culturales que se les ofrecen están pensadas para sus vecinos, no como una actividad de paso, sino como una oportunidad real de participación.
La gira de 'Juan, el espíritu del amor', promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con el motivo del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, encuentra en esa colaboración una de sus razones de ser. En Pedrosillo el Ralo, el Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Salamanca han contribuido a hacer posible la representación en la iglesia de San Andrés, donde la obra volvió a acercar al público la figura y la poesía del místico carmelita.
La ovación con la que terminó la función fue el signo más visible de una experiencia compartida. El público reconoció el trabajo de Denis Rafter y del equipo artístico, pero el aplauso también cerró, de alguna forma, esa cadena de colaboración que había comenzado mucho antes de la representación.
Hay proyectos que se sostienen gracias a grandes infraestructuras y otros que avanzan porque muchas personas hacen bien su parte. Este montaje pertenece, en gran medida, a la segunda categoría. Después de cien funciones, sigue necesitando lo mismo que el primer día: que alguien abra la puerta y diga «aquí podéis representar». Puede parecer un gesto pequeño, pero en él empieza todo. Porque la cultura no solo se lleva a los pueblos; se hace posible con los pueblos.