Estamos en un momento de auténtica histeria colectiva por “culpa” de la IA. El pánico se filtró (como el agua en las grietas) en las sociedades del orbe, metiendo “pánico” incluso en los gobiernos. Y no es para menos, porque es una herramienta tecnológica de gran poder. Pero lo que sostengo junto con otros colegas en el ámbito del liderazgo, es que la inteligencia artificial no puede reemplazar a tu cerebro. Insisto: es una herramienta de procesamiento de datos formidable, pero incapaz de reemplazar a tu inteligencia.
Si bien tiene la capacidad de simular razonamiento, creatividad y lenguaje de manera eficiente, si vamos al meollo de la razón de ser de la IA, se puede observar que su forma de llevar a cabo sus procesos es una operatoria que nada tiene que ver con el proceso cognitivo humano. Por ello, algunos hablan de que es un espejo, que incluso es un gran amplificador de la mente, pero nunca podrá sustituirla.
Al procesar patrones que ya están en su cerebro electrónico, puede hacer cosas a una velocidad impensable para la acción humana, pero qué es lo que le falta: consciencia y una cosa sagrada para las personas como es las experiencias de vida que ya conforman nuestro pasado y que nos aleccionan sobre cómo encarar nuestro futuro. Pero, además, la IA está en clara desventaja (a pesar de su velocidad de acción) respecto a tu cerebro, porque tú, yo … todos nosotros y nosotras sentimos gracias a que contamos con conciencia, emociones, dolor, alegría y memoria corporal. ¡La IA no puede sentir ni dolor ni alegría!
¿Es importante que la IA carezca de esta ventaja de la experiencia vivida?
Por supuesto que lo es, ya que si bien es rápida y casi siempre se aproxima a una respuesta bastante próxima a la realidad que una persona u organización (también gobierno) están buscando, no tiene la menor idea de lo que significa sufrir, perder algo o aspirar a un propósito. Su "conocimiento" es la sumatoria de un proceso de acumulación de patrones que operan de manera estadística, lejos de la experiencia que una persona tiene sobre cualquiera de los aspectos que haya buscado.
La IA actúa gracias a un estímulo externo o a una programación previa, cuando tu hemisferio izquierdo y derecho son esencialmente proactivos y trabajan de manera autónoma, porque sienten la necesidad de adaptarse al entorno, plantearse cómo van a ser los objetivos a medio y largo plazo, así como facilitar que tú como persona sea capaz de automotivarte y encontrar tu sentido de propósito. Porque tu elección sobre lo que deseas, las prioridades que estableces para, por ejemplo, tus próximos dos años, en cambio la IA solo calcula qué palabras o datos son estadísticamente probables de encadenar a continuación, ya que es capaz de predecir la siguiente palabra o el siguiente paso basándose en probabilidades matemáticas extraídas de grandes cantidades de datos que están guardados en su gran memoria colectiva. Pero cuando surge algún “cisne negro” o, ocurre un algún tipo de cambio económico, social o político manera radical y sin precedentes, la IA tiende cometer errores y hacer una lectura de una realidad que no es tal porque extrapola patrones antiguos.
Tú eres persona y comprendes la causalidad debido a que posees flexibilidad conceptual, intuición sistémica y la capacidad de saltar de una circunstancia a otra gracias a que puedes interconectar todo el bagaje de ideas y experiencias que están alojadas en tu “disco duro mental” por más abstractas que sean. Entonces, al compararlas (un chequeo que haces casi inconsciente) con la realidad cotidiana, con lo que es y puede ser, no te dejas engañar por aproximaciones derivadas de meras correlaciones de texto.
Los ámbitos que pertenecen a la ética y la moral
Cualquier decisión humana que lleve a implementar una acción, como, por ejemplo, una medida de gobierno para el mercado de trabajo, tiene dos componentes claros que la nutre: el técnico, que se basa en la investigación sobre las necesidades de adecuación del mercado, especialmente en determinados sectores, para poder establecer una estrategia de implementación de la medida, siempre buscando el beneficio del conjunto social; el segundo y quizás el más importante para la acción política, es el juicio ético, asunción de responsabilidades y ponderación de esos principios y valores esenciales del estado de derecho, como son la justicia, la equidad y especialmente, que las familias y cualquier persona deben ser el centro de actuación. La dignidad humana es prioritaria en la acción de cualquier gobierno. Por tanto, la IA puede simular un discurso ético apelando a “hermosas palabras” porque cuenta con miles de ellos, pero no está en el rodeo, dicho coloquialmente, “no se moja los pies” ni asume cualquier consecuencia negativa de la aplicación de una norma ya que como es una máquina, no tiene sentimiento de culpa ni arrepentimiento. La llamada “brújula moral” así como el tremendo valor intangible de la intuición humana son insustituibles. Las personas son importantes y nos importan. No da lo mismo cualquier resultado.
¿Se justifica el miedo actual que se ha enquistado en las sociedades y gobiernos?
Cuando un comentario lo hace una persona que conoce de oídas lo que es la IA, no es para preocuparse. Pero cuando el que en una intervención pública sea Sam Altman (CEO de OpenAI) en su intervención en una Cumbre de la ONU y el evento Dreamforce, advirtiendo que uno de los mayores peligros era perder el control del futuro ante sistemas hiperautónomos, hay que encender las luces rojas. Él afirmaba que “el mundo hace bien en tener miedo de la IA” y que la preocupación social ante esta tecnología es completamente comprensible. Que no se podían dejar de considerar los riesgos que la IA traía aparejada a la sociedad, las organizaciones y los gobiernos, si no se tomaba con la seriedad que requiere las futuras generaciones de modelos de IA. Porque una cosa es lo que se ve de la IA y otra muy diferente son aquellas “amenazas invisibles” como son ignorar los riesgos de ciberseguridad cuando la IA logre detectar fallos desconocidos en redes e infraestructuras críticas que la mente humana aún no ha descubierto.
Aunque un elemento que a Altman le preocupa (a mí también desde la óptica que el liderazgo debe tener en esta materia) es la posible y abusiva concentración de poder tecnológico, ya que, si unas pocas empresas o un único país dominan la tecnología de IA más avanzada, las consecuencias para la toma de decisiones globales y la autonomía de los ciudadanos podrían ser destructivas. Y esto sí que es materia de liderazgo efectivo del ámbito político en el máximo nivel.
También coincido con Altman que la IA tiene que “diseñarse para expandir la capacidad y libertad del individuo en lugar de crear personas dependientes de las máquinas”.
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