Martes, 03 de noviembre de 2026
Volver Salamanca RTV al Día
Viajeros, al tren
X

Viajeros, al tren

Publicado 03/11/2026 08:23

Vivimos cerca de las vías donde se posan las palomas y cruzan los gatos de la calle con cuidado, bordado de raíles y catenarias cuyos trayectos se oyen en el patio cuando el viento se siente ferroviario, en este barrio que trazaron los hombres del camino de hierro. Aquellos hombres de casa pequeña, humilde, de parroquia de local chiquito, de hijos a los que llevaban de excursión a Navalmorales en ese mismo tren que era gratuito para ellos. Niños acostumbrados al sonido de la vía, al hollín de antes, al padre ferroviario o maquinista, al cambio de la estación antes decimonónica, ahora convertida en un centro comercial, que nada es como antaño…

Yo era una niña fascinada por el tren, por la voz que recitaba una letanía de paradas. Y hubiera querido vivir en un pueblo donde se parara el tren, donde la vía partiera los campos con su raya de pelo, su miedo cuando llegaba la feroz fiera. Casitas blancas con topónimos en cerámica y azulejo, jardincillos diminutos y revisor con gorra, trenes junto al río, atravesando la Moraña, llegando a una Ávila de tejados de pizarra, parando en un Escorial bellísimo al que iba de cursos de verano antes de terminar en un Madrid de altas paredes de cristal, gente y gente, capital jubilosa que ahora nos agota con sus riadas plenas en esa alta velocidad que nos servía para ir a ver a mi hermana, el viaje con los niños de los que no había que separarse.

El tren es para mí una historia de amor con ventanillas hacia el campo, campo, campo los pinos que nos anuncian ese Valladolid de tesos, el norte y sus bordes de ríos y bosques. Paisaje del corazón en el cordón umbilical que nos une, Salamanca, León, Vitoria, Zaragoza… paisaje sin las vías que retiraron para que no tuviéramos la nostalgia de bajar al Estrecho en tren, tren atravesando Extremadura, el viaje desde allí a un Madrid incierto que era como una aventura vergonzante. Dentro del tren, llovía, nos quedábamos de pie o nos paraban cerca de Talavera a aguantar el calor o el frío de la espera. Trenes. Trenes que en Francia nos llevaban felices a una Normandía prodigiosa, trenes llegando a una Gerona que amamos entre casas de colores y escaleras que suben al cielo catedralicio. Trenes. Trenes que oigo desde el patio de la casa, yendo a pocos lugares, sí, porque estamos aquí, en el oeste que recibía antes a los inmigrantes de la maleta de cartón de Portugal, de la raya paupérrima, de un tiempo en el que los hombres y las mujeres se aprestaban a Suiza, a Francia, a Alemania, a buscar el pan nuestro de cada día que no nos lo da nadie. Como aquellos que llegan por las vías del mar, ese Estrecho de tren que descendía… dispuesto a unir, no a matar, dispuesto a recibir, no a separar. Viajeros, al tren.

Charo Alonso. Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.

La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.

Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.

La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.

En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.