En mi caso concreto, sin ser periodista, tertuliano ni politólogo, y para cumplir con mi voluntario compromiso semanal desde estas páginas siendo un humilde aficionado, debo valerme de la feliz idea que pueda surgir en un momento determinado y redactar el artículo de costumbre. Así debería haber sucedido esta semana. La desgracia ha hecho que deba referirme al trágico accidente ferroviario en Urda. Vaya por delante mi primera obligación de pedir por el eterno descanso de quienes han fallecido, desear el restablecimiento de los heridos y ofrecer un fuerte abrazo a los familiares afectados. Con accidentes tan seguidos, y con tantas víctimas, cada vez habrá más gente afec-tada. Cualquiera de nosotros, o de nuestros allegados, podía haber estado en la Dana de Valencia, en Adamuz o en Urda.
Hay accidentes causados por la naturaleza que, en muchos casos -por desgracia, no en todos- no pueden ser previstos, o no existen medios para contrarrestarlos. Desafortunadamente, los tres casos que se citan podían haberse evitado, o atenuado sus consecuencias. En situaciones como éstas, sólo existe una verdad incuestionable: los únicos inocentes son las víctimas. Usarlas como arma arrojadiza es rastrero e indigno. Dejémoslas en paz, pero, como último homenaje a su sacrificio innecesario, debemos saber a quién se debe cargar con la responsabilidad de haber contribuido a este mar-tirio.
Cuando he repetido desde estás páginas que este gobierno, especialmente su presi-dente, es un acreditado gafe, lo hago con conocimiento de causa. Tiene en su haber mejor dicho, en su deber COVID,DANA, apagón, incendios, volcán de La Palma, Adamuz, invasión de Ceuta, Urda, amén de múltiples fiascos en ámbitos sociales y económicos. Son demasiadas páginas negras y demasiados muertos y, lo que es más sangrante, sin haber sido aún subsanadas sus causas ni remediados tantos damnificados. Siguiendo la estela de su particular progresismo, no ha cumplido ni una de las promesas ofrecidas in situ. Ya no puede visitar las zonas afectadas sin llevar convenientemente protegidos flancos, vanguardia y retaguardia.
La plaga de calamidades que ha traído consigo este gobierno ha ido minando los cimientos del edificio construido a la sombra de nuestra democracia hasta llegar a índices tan bajos como para transformar nuestra condición de potencia económica emergente en incipiente república bananera. No existen decretos, métodos y decisiones políticas que no hayan sido perjudiciales para el bienestar común ni para nuestras relaciones exteriores. En todas las clasificaciones nos encontramos en clara posición de descenso. Sí, ya sé que para Sánchez y sus palmeros España va como una moto, pero se está quedando sin gasolina y el conductor va sin casco. Cuando no hay forma de negar lo evidente y hasta sus votantes reconocen los constantes embustes entra en funcionamiento la fórmula mágica, el bálsamo de Fierabrás: la culpa es de la derecha y la ultraderecha. Lo acabamos de ver en el accidente de Urda. Ahora resulta que la seguridad ha fallado porque los gobiernos del PP descuidaron el mantenimiento del sistema. Y lo triste es que aún quedan incautos que se lo creen.
Es como el conductor que lleva años sin pasar la ITV, se queda sin frenos, tiene un grave accidente y quiere demandar al fabricante. La única verdad que ha dicho el insolente Ponte ha sido declarar que el accidente se debe a un error humano. Le ha faltado añadir el adjetivo perseverante. Un sistema de seguridad que lleva funcionando 34 años, se montó para un servicio capaz de transportar inicialmente 22 millones de pasajeros y en la actualidad pasan de 50, ha dado demasiadas pruebas de estar completamente obsoleto. Teníamos ya la trágica prueba de Adamuz, el personal de Adif había avisado repetidamente que los ruidos y vaivenes de los vagones no anunciaban buenos presagios. Últimamente -yo soy testigo directo- raro es el día que no se producen paradas en medio del campo algunas de más de una hora- sin dar la más mínima explicación.
Es cierto que las causas del este accidente aún están en fase de investigación, pero ya hemos asistido a la fórmula de cargar la responsabilidad sobre alguien que no ostente ningún cargo político. Si es necesario, se filtran noticias debidamente “afeitadas” para que aparezca como primer culpable el “currito” de turno. La “gafancia” se ha vuelto contra Sánchez al dar paso a esta desgracia en los albores de la nueva campaña electoral. Sabiendo la verdadera causa del accidente, lo normal sería que el PSOE viera gravemente amenazadas sus posibilidades a la hora del recuento de vo-tos. Sin embargo, toros con tanto trapío como éste han sido despachados por el diestro de La Moncloa sin recibir ni un aviso. Su peón de confianza – el Chulo de Pucela- ha intentado hacer varios quites al maestro, de los que ha salido con cara de susto, el pelo revuelto, pero despreciando los pitos del tendido. Las malas lenguas aseguran que ha sugerido dejar la cuadrilla y que el jefe no ha aceptado su sacrificio. Pobre Puente. A pesar de su habilidad para mostrarse agresivo y faltón en las redes sociales, no se da cuenta de que Sánchez, cuando vea peligrar su poltrona, no dudará ni un segundo a la hora de darle los tres avisos y asegurar que nunca creyó en su incompetencia y mala catadura.
Hasta que el árbitro no pite el final de este encuentro electoral, no podremos ver el resultado del marcador. A la vista del mal partido realizado, todo hace suponer que lo perderá el de casa, pero entre el juego sucio y la ayuda arbitral puede saltar la sorpresa. En el primer caso, habría que encontrar un buen seleccionador, buscar otro sistema de juego y entrenarse a fondo. Si gana el de casa, España se irá al garete. Por si acaso, ¿dónde está el garete?
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