El campanero de Calzada de Valdunciel repasa desde la torre de campanas de la Catedral Nueva más de tres décadas de oficio bajo el lema "Echando las campanas al vuelo por el cielo de Salamanca".
Tomás Castañeda, campanero natural del municipio salmantino de Calzada de Valdunciel, mantiene vivo el oficio del toque manual desde espacios como la torre de la Catedral Nueva de Salamanca, donde ha sido entrevistado por SALAMANCArtv AL DÍA para repasar su trayectoria. Ataviado con un polo que lleva impreso el lema "Echando las campanas al vuelo por el cielo de Salamanca", explica cómo aprendió esta técnica desde su infancia hasta lograr hacer sonar los bronces en citas señaladas del calendario patrimonial.
La vinculación de Tomás Castañeda con el arte sonoro de los campanarios se remonta a su niñez en su localidad natal. Según relata el propio protagonista desde lo alto de la seo salmantina, su primer contacto con este instrumento se produjo cuando tenía ocho años y ayudaba como monaguillo en los oficios religiosos de su parroquia.
"El primer recuerdo que tengo de tocar las campanas es cuando tenía ocho años, cuando era monaguillo en mi pueblo y subía a tocar a misa; entonces casi no llegaba a la campana", manifiesta Castañeda al rememorar aquellos inicios en los que debía estirarse para alcanzar el bronce.
En aquel templo parroquial de Calzada de Valdunciel, la tutela del sacristán resultó determinante para asimilar las bases del toque tradicional. "Tocaba todos los domingos el sacristán, pero siempre me dejaba tocar un poquito a mí, y poquito a poco fui aprendiendo", detalla el campanero sobre sus primeros ensayos semanales.

El dominio del repique manual de campanas exige una constancia prolongada que no permite atajos en el aprendizaje. Tomás Castañeda subraya que la imposibilidad de practicar durante los días laborables ralentiza de forma notable el desarrollo técnico de cualquier aprendiz, ya que los toques quedan restringidos a las celebraciones puntuales del fin de semana. "Esto es muy lento de aprender porque solo se toca durante unos minutos a la semana; entonces no puedes practicar, solo puedes tocar unos minutos el domingo", precisa para explicar la pausa obligada que impone este oficio tradicional.
Por este motivo, adquirir la destreza completa le requirió décadas de dedicación continuada hasta igualar la técnica de su maestro. "Empecé a los ocho años y hasta los casi 40 años no llegué a repicar como repicaba el antiguo sacristán", reconoce el salmantino.
A juicio de Castañeda, la interiorización de los ritmos y la soltura en los movimientos solo se consolidan tras un periodo muy extenso de práctica. "Al principio se te hace muy difícil, pero poquito a poco ya le coges el truco a las campanas", afirma.
Con el paso de los años, la actividad de este campanero salmantino ha trascendido los límites de su municipio natal para formar parte de diversas celebraciones institucionales y encuentros culturales. Su presencia es habitual en la capital salmantina, donde realiza todos los años el tradicional repique en la Plaza Mayor de Salamanca cada 8 de septiembre, inmediatamente después de la lectura del pregón de las ferias y fiestas.
Más allá de la provincia charra, Castañeda también ha intervenido haciendo sonar los bronces de la Catedral de Astorga y participa de forma asidua en las reuniones que organiza la Asociación de Campaneros de Zamora, una entidad que agrupa a más de 100 campaneros. Dentro de esta actividad divulgativa, la semana previa a esta entrevista ha asistido a una concentración celebrada en la localidad zamorana de Cibanal de Sayago.

Pese a su recorrido por diferentes espadañas y torres, el cuerpo de campanas de la Catedral Nueva de Salamanca ocupa el lugar más destacado en su trayectoria personal. "Este es, yo creo, el sitio más emblemático donde he repicado", sostiene Castañeda desde el propio campanario catedralicio.
A lo largo de su trayectoria, Tomás Castañeda ha subido a repicar las campanas de la seo salmantina en cuatro fechas documentadas de especial relevancia histórica, cultural y litúrgica:
Durante la entrevista, el propio Castañeda ha rememorado especialmente el hito europeo en el que sonaron de forma simultánea los templos comunitarios. "Se tocó a las 12:00 horas del mediodía en todos los campanarios de Europa, y yo tuve el privilegio de tocar aquí en la catedral", recuerda con satisfacción sobre aquella jornada vinculada a la protección patrimonial del toque manual.
Más allá del valor simbólico del edificio, la torre de la Catedral Nueva impone importantes dificultades técnicas y físicas para la ejecución del toque manual. Las dimensiones de los bronces y la disposición arquitectónica del espacio obligan a realizar un notable esfuerzo corporal. "Hay que decir que es donde peor se repica: están las campanas altísimas, hay que subirse a una escalera, las campanas son grandísimas (las más grandes que he repicado) y, claro, cuesta mucho tirar de los badajos", explica Tomás Castañeda al describir las condiciones de trabajo en el recinto.
Sin embargo, la complejidad física que supone mover estos badajos de gran tonelaje encuentra su compensación en la proyección acústica que alcanza el sonido sobre todo el casco urbano. "Solo saber que estás repicando y que están oyendo el repique miles de personas en toda la ciudad, porque esto se oye en toda la ciudad, pues ese es un orgullo, claro", concluye el campanero salmantino.