, 01 de noviembre de 2026
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Cuando el adversario se convierte en enemigo
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Cuando el adversario se convierte en enemigo

Vivimos unos tiempos en los que el discurso político va perdiendo de forma alarmante y progresiva sus vínculos con la realidad social, incluso me atrevería a decir que también con la verdad, para ir concentrándose en la descalificación del adversario, la manipulación de los hechos y los intentos de construir escenarios que apenas comparten espacios por lo que resulta imposible el dialogo, el entendimiento y mucho menos el acuerdo. La mentira, ya de forma descarada, se ha convertido en un arma de guerra poderosa y forma parte tanto de la estrategia como de la táctica diaria de los grupos que pugnan por alcanzar el poder.

El problema es que el adversario, término que viene del latín y significa “el que está enfrente”, es decir el que está en el lado opuesto, se convierte en el enemigo, que también proviene del latín y significa literalmente “el que no es amigo”. Pero alguien que está frente a otro no tiene necesariamente que ser un “no amigo”, ya que mientras “adversario” hace referencia a un lugar en el espacio (enfrente), enemigo se refiere a una relación entre ambos de enemistad. Mientras el adversario se percibe como un obstáculo para lograr un fin, al enemigo se le percibe como una amenaza y por eso con el adversario se compite mientras que al enemigo se le destruye.

Y es en este momento cobran fuerza las palabras de la filósofa e historiadora alemana Hannah Arendt: Hay un momento crítico en la política cuando el adversario político deja de ser considerado un rival legítimo y pasa a ser presentado como una amenaza para el propio sistema. Y en ese punto estamos.

En la sociedad actual la polarización política ha dejado de ser una discrepancia ideológica, para convertirse en un profundo desgarro que afecta a la convivencia y cuando además se pierde la credibilidad en el sistema y en sus instituciones se pone en grave riesgo la democracia generándose el caldo de cultivo apropiado para el surgimiento de regímenes autoritarios y dictaduras.

Si los ciudadanos dejan de creer en todo esto, cuando no pueden confiar en disponer de una información veraz, cuando cualquier tipo de crítica de un adversario, se termina considerando la agresión de un enemigo, las democracias se vuelven enormemente vulnerables.

El poder político intenta cambiar el cómo percibimos los hechos, descontextualizando datos, repitiendo bulos y falsedades, ocultando información, no es necesario que los ciudadanos crean lo que les dicen basta con sembrar la duda. La mentira se utiliza como arma de destrucción masiva para demoler al enemigo ya que se considera indigno de participar en la vida política, un okupa del poder. Pero si no podemos distinguir entre lo verdadero y lo falso ¿cómo vamos a distinguir el bien y el mal? ¿Cómo podemos ser libres para decidir?

En mi opinión la única forma que combatir todo esto (permítanme utilizar el término bélico) es fomentando el pensamiento crítico y eso empieza por la educación a edades muy tempranas. Sólo así será posible que las futuras generaciones sepan formulas las preguntas correctas, distinguir los argumentos válidos de las falacias y las mentiras, saber identificar intentos de manipulación, poder contrastar las fuentes de la información que reciben y así actuar en consecuencia.

No corren buenos tiempos para todo esto y los peligros de que vaya a peor están a la vista de todo aquel que se tome la molestia de observar, no sólo de mirar, de escuchar y no sólo de oír, de informarse y no sólo leer titulares y retuitearlos. Ejercer nuestros derechos ciudadanos exige un esfuerzo por nuestra parte, no es fácil, pero es posible.

En estos tiempos de polarización política y social defender la verdad es, además de una responsabilidad de todos con independencia de lo que pensemos. una acción revolucionaria.

La ya mencionada filósofa e historiadora alemana defendía que la verdad y la política ''nunca se llevaron bien'' y que la veracidad no se cuenta entre las virtudes ''propiamente políticas''. Pues queda dicho.

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