Lunes, 26 de octubre de 2026
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La primera en….el Frente
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La primera en….el Frente

Amigo lector, no; no hay ninguna errata en el título de esta reflexión. Se trata de poner de manifiesto la costumbre que tiene la izquierda cuando quiere bautizar cualquier movimiento político de última hora. Algo tiene el término “frente” que le atrae cada vez que necesita organizarse en grupo y tratar de vencer a la derecha. El asunto viene de lejos. Con la llegada de la II República, hubo nueva Constitución que reconocía el divorcio, el matrimonio civil, el voto de las mujeres, la aconfesionalidad del Estado y su separación de la Iglesia, prohibición de la enseñanza a las órdenes religiosas y la disolución de los jesuitas. Un anticlericalismo que ya dejaba claro su odio a la Iglesia y que ocasionó la primera de las muchas crisis que adornaron a todos los sucesivos gobiernos. En medio de este ambiente, en las elecciones de 1933 triunfó la derecha.

La izquierda nunca ha aceptado la derrota y ese nuevo giro a la derecha dio lugar a la Revolución de Asturias de 1934, capitaneada por republicanos de izquierda -también hay republicanos de derechas-, socialistas y comunistas. Acabó muy mal para los insurrectos y miles de ellos terminaron en la cárcel. Cuando la CEDA reclamó su derecho a entrar en el gobierno, el PSOE declaró abierta la revolución, ipso facto. Nadie se extrañó entonces porque aquel PSOE se parecía a éste como dos gotas de agua. En España ya no hay izquierdas, el partido de Sánchez es extrema izquierda y el socialismo que pueda quedar a su derecha es testimonial y ridiculizado por el nuevo sanchismo. Este socialismo es carterista – no me refiero a la cartera de los ministros, hablo de un sistema ladrón. Ya han sobrepasado al comunismo, que confina los bienes para el Estado; el sanchismo lo hace para distribuirlo entre sus allegados.

Por esa razón, el descalabro sufrido en Asturias forzó las elecciones del 36 en las que la izquierda recuperó el poder. Un poder ejercido con tal grado de radicalización y clima de violencia llevados a extremos que nos recuerdan las formas que tanto condenamos en las sangrientas dictaduras de la actualidad. Como método de opresión y despotismo, aparece por primera vez el vocablo: Frente; palabra que tiene una clara connotación bélica -frentes de batalla-, que se ha adoptado para denominar las agrupaciones de partidos políticos u organizaciones guerrilleras y terroristas. Así nació el tristemente famoso Frente Popular.

Estamos viendo el posicionamiento de una verdadera ensalada de frentes: Frente Amplio, Frente Sindical, Frente Estudiantil, Sindicato/Frente de Inquilinas/os/es, Frente para Impedir la alianza PP-VOX, Nuevo Frente Terrorista- que ya creíamos olvidado- y lo más bochornoso, Frente para el ataque a FCSE, el Saqueo – existen profesionales del pillaje para montarse sus propias rebajas del 100 %- y Destrozo de Mobiliario Público.

Demos un salto en nuestra historia hasta 2026. El cúmulo de ridículos, patinazos y asaltos a las leyes han culminado con la derrota de Sánchez en el Congreso. Todas las encuestas independientes pronostican una caída importante en el voto estimado del PSOE. Es algo admitido por todos -incluido Sánchez. Habrá elecciones, pero serán de la forma que elija el gobierno. Todos los intentos de alterar el censo electoral están siendo frenados por los tribunales, motivo que no le impide a Sánchez apremiar a sus colaboradores para que remuevan los posibles huecos por donde se pueda colar una herramienta que permita sacar adelante alguno de sus apaños. Ahí tenemos a los ministros Albares y Bolaños -constituyen el Frente de Ministros Domesticados- oyendo llover al ser requeridos por el Tribunal Supremo para que entreguen la lista de los 163.000 “nietos de San Luis”. No olvidemos que uno es de Justicia y el otro de Asuntos Exteriores. Si fuera el gobierno quién se lo pidiera a otro juez, y éste se negara, ya estaría en la hoguera. Sánchez se juega mucho en el envite. De momento, está obsequiando cada día nuevos aguinaldos -con pólvora ajena- para tratar de atraer el voto de esos colectivos cuya única doctrina se asienta en la comodidad, la ausencia de esfuerzo y vivir a costa de los demás. A los que sí tienen criterio propio, procura concederlos aquello que les ha sido negado por no ajustarse a la legalidad. Son los mismos que ven peligrar sus actuales privilegios, ya sean de carácter político, económico o penitenciario. Se trata de mescolanzas -algunas muy difíciles de tragar- que ven venir la debacle y la pérdida de esa nómina que pagamos los demás. Como el sanchismo huye despavorido de todo lo que huela a Iglesia -pero sólo de la Católica- no oyó el evangelio de ayer: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Su particular credo es más prosaico: “Dad al amo todo lo que él os pida, para repartirlo entre los suyos, y a vosotros …que os vayan dando”.

Como en el 36, ya no se espera al recuento de votos, hay que incendiar la calle antes de las elecciones. Quién sabe; tal vez, si se obra con astucia, hasta se pueden suspender las elecciones. En el 36 no importó recurrir al asesinato de civiles, la quema de iglesias, la proliferación de las checas y el libre albedrío. Ahora, no se trata de ser aguafiestas, pero viendo la crueldad que se emplea para reivindicar mejoras -por ejemplo, en la educación, la sanidad, la vivienda-, dirigidas no al verdadero responsable, que es el Gobierno, sino a Autonomías y Ayuntamientos, cuidadosa y exclusivamente escogidos entre los gobernados por la oposición, hace pensar que, si este fanatismo de guerrilla urbana se emplea antes de saber el resultado de las elecciones, podemos esperar desórdenes mucho más graves por parte de quienes no admiten una derrota, ni creen en la verdadera democracia. Llaman fascista a cualquier partido democrático de la oposición que se presente a las elecciones, cuando, el verdaderamente fascista es quien no respeta la democracia , ataca a la libertad de expresión y se declara partidario de la violencia, que es lo que precisamente está predicando esta izquierda.

Los hados han querido que coincidan en el tiempo la estridente vuelta a clase, la convocatoria de elecciones, la “toma” de la Puerta del Sol y la aparición de la llamada “Marea Verde”. Este es el comienzo de una dura batalla durante la campaña electoral que se ve animada por las noticias que nos llegan de las organizaciones de extrema izquierda de varias naciones de la UE. Ignoro de qué forma se tratará el tema en esos países, pero creo no equivocarme si aseguro que, en el nuestro, esa verdadera guerrilla urbana lo va a tener mucho más fácil. Si los votantes somos capaces de cambiar el color del gobierno, bueno será que vayan tomando nota de lo que no deben hacer, pero también de lo que no deben consentir.

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